No soy muy amiga de los festejos impuestos, detesto el día de la madre, el del padre, el de los enamorados y todos los afines que se ubican en el calendario. No sé quién inventó el día del tío, el cuñado, el primo, la bisabuela, la vecina, el padrino, pero ahí están, acechando a la espera de un saludo que de mi parte, nunca llegará. Porque sencillamente, los odio.
La gran incógnita es quién los impuso, qué estaría pensando en ese momento y qué quería lograr con todo esto. ¿Un aplauso? Acaso, ¿una mala madre es buena madre y merece un regalo sólo porque es su día? Horrible. Pero la fecha que más urticaria me da de todo el año se acerca y sobre eso quiero hablar: el día del amigo.
El 20 de julio, los argentinos se despiertan con un chip distinto. Van sonrientes por la vida, saludan con un beso al portero y le dicen "buen día" al colectivero por primera vez en el año. Como si se tratase de una carrera imaginaria, repasan mentalmente la cantidad de "feliz día" que recibieron el año anterior y la meta, claramente, es superar la marca. Si el último julio recibieron 5 saludos, ahora desean recibir al menos 10.
Con esa premisa bajo la manga, hacen chistes, te ofrecen café en la oficina, te abren la puerta y te dan el asiento en el subte. ¿Sabés qué día es hoy, no?; Sí, miércoles. Entonces te ponen un calendario gigante arriba del escritorio con el 20 remarcado con fibra negra o te inundan el muro de Facebook con saludos cargosos, a ver si te "avivás" y les decís feliz día. Los odio, no te hablé en todo el año, no te voy a decir feliz día ni hoy ni nunca.
Este contexto se repite en todos lados. Antes sonaba el teléfono incesantemente, con personas que esperaban al menos escuchar un "igualmente". Ahora, el plomazo es Facebook. Gente desconocida te dice: "Amigaaaaaaaaaaaaa, feliz día" y vos te preguntás en qué momento te sentaste a charlar con esa persona, cuántas cosas importantes compartiste, como para que te grite amiga con tanto entusiasmo.
A la hora de las reuniones, arranca otro capítulo. Mensajes de texto desencotrados, chat, llamadas, recordatorios, restaurantes colapsados, nadie se pone de acuerdo sobre dónde comer y a qué hora juntarse. "Paso a saludar a Pilu, después a Monti y más tarde ceno con ustedes, ¿me esperan?"... Y la verdad que no, no quiero esperarte hasta las 23 para poder sentarme a comer un día de semana.
¿Por qué hay que ver a todos los amigos que tenemos el 20 de julio sí o sí, sino nos convertimos en malos amigos? Si cuando se peleó con el novio y me llamó llorando, yo estaba ahí para consolarla. ¿No era eso lo realmente importante, más que esta cena de mierda? Parece que no, tenía que estar presente sí o sí el 20 para el brindis (?), sino todo lo que se hizo los otros 364 días del año, fue en vano. Aunque el 21 ya se junten a despedazarte porque engordaste tres kilos, el 20 hay que estar con buena onda, bien arriba para festejar (?).
Este año planeo tan sólo agradecer cuando me digan feliz día personas que no considero mis amigas. No finjo más. Me siento una prostituta emocional mintiendo, impostando una sonrisa y un "Igualmente" creíble frente al espejo que seguro después no me sale en vivo. Este año, calculo que no me voy a juntar con nadie, me voy a quedar en mi casa y voy a mirar la novela como todas las noches. Y me voy a ir a dormir temprano, soñando con un mundo donde no existan ni el día del amigo ni el feliz día ni los igualmente. Ojalá sea posible.