miércoles, 21 de mayo de 2008

La grata recompensa de la espera

Ella sólo lloraba. De día y de noche, no importaban horarios ni fechas porque su angustia podía más que todo eso junto. Estaba triste y sabía perfectamente el motivo de tanto dolor, tenía en claro cuál era su carencia pero también entendía que no era fácil cambiar las cosas.

Nada, ni una palabra de aliento, ni los consejos de sus amigos ni los más dulces elogios masculinos podían devolverle la sonrisa. Un buen día decidió que nada la distraería de su búsqueda y sentenció que hasta que las cosas no fueran como ella las soñaba se alejaba de los besos y el sexo sin amor. Ya no pondría nada en juego, ni expectativas ni ilusiones, ya no se conformaría con menos que eso que tanto buscaba.

Así transcurrieron los meses, la terapia ayudó pero su determinación contribuyó más aún. Era otra, se sentía radiante y todos a su paso se lo confirmaban. Su seguridad fue en aumento, su malestar desapareció y ya no lloró más, por nada ni por nadie. Ya no tenía espinas clavadas en el corazón, como solía decir homenajeando a Calamaro mientras focalizaba en su objetivo.

Un buen día, en la circunstancia que menos lo esperaba, ocurrió el "milagro". Nunca creyó que era momento ni mucho menos que era el lugar, pero el destino tenía preparado para ella al hombre con el que siempre había soñado. Y ya nada fue igual.

Se sabe, el amor a una determinada edad no sabe de tiempos ideales, de espera ni de nada por el estilo. Así que ahora ella sólo disfruta porque confío y la vida le dio revancha. Festeja por este momento que el destino le está regalando. Sonríe por volver a amar con la misma (o quizás mayor) intensidad que en las viejas épocas; por permitirse proyectar sin contar los días desde aquel viernes de verano en que se conocieron en el lugar más insólito del mundo.

Allá va feliz, con una sonrisa gigante, con luz en la mirada y sin importarle el que dirán. Después de todo, la protagonista de esta historia de amor con la que fantaseó durante años, esta vez es ella misma.

(Dedicado a mi hermana de la vida… Brindo porque esta vez te haya tocado a vos y espero que me den pronto la felicidad de conocer a Emma, mi tan esperada sobrina)

5 comentarios:

Pablo Mc Fly dijo...

Esa si es una grata recompensa a todo el tiempo que se espera por algo que deberia estar siempre...
Pero bue... no se puede todo en la vida, y es por eso que no hay que desesperarse o tratar de simplemente vivir... cosa dificil si las hay... jejeje...

Gracias Capitana... ;)

Anónimo dijo...

Hubiese sido imposible llegar hasta acá sin tu apoyo incondicional, capitana! Tus consejos, tu paciencia con mis malos humores, tu sinceridad son esenciales para mí, para seguir adelante... Me abriste los ojos muchas veces y tu corazón muchas veces más...
Prefiero la frialdad sincera al amiguismo de cotillón!
El resto, ya lo sabés...

Paola dijo...

Sí lo sé y es recíproco!

Feliz cumple a mi ahijada de cuatro patas...

Ahora sólo espero por la otra, la que sólo tiene dos patitas! Y si Ernesto, me autoploclamo su madrina, tu amiga la negra tendrá que esperar al próximo!

Los quiero, me emociona, feliz por ustedes aunque ahora ya no te vea tanto. De a poco estoy dejando de ser egoísta y comprendo que mis amigas crecen y forman familias... Todo un tema, un mambo que ya desarrollaré en otra oportunidad!

Anónimo dijo...

Uff por favor! viste que no en vano tomo taaantos litros de agua?? de lo contrario a esta altura estaria deshidratada! Bellisima historia. Me emociona y moviliza muchisimo, no solo porque la hayas expuesto en tu blog de la mejor manera, sino tambien por lo que significa para mi que sea "Ella" (tu hermana del corazon) la protagonista de esta historia real. Feliz por los dos!
Al leerlo recuerdo cada uno de esos momentos, por eso me emociona aun mas... y doy gracias por haber vivido de cerca "La grata recompensa de la espera"
Brindo por esto y por lo que vendra...

Besos!
YO, tu bola de nieve

Anónimo dijo...

Cada tanto vuelvo a leer este texto, porque a veces me olvido lo que me costó llegar hasta acá.
Y hoy, que estoy un poco triste, necesito reafirmar una vez más que soy felíz, que estoy embarcada en el proyecto más importante de mi vida.
Hoy necesito recordar que ya no tengo motivos para llorar y sacarme de encima, de una vez por todas, la tristeza.
Que estoy rodeada de gente que me quiere, me apoya, me comprende y es felíz por mi. No son un millón, pero la calidad de esta gente, me hace sentir mejor que Roberto Carlos.
Gracias, Capi, por abrir este espacio donde, además de identificarnos con tus palabras, también podemos desahogarnos un poco.

Pelu