lunes, 21 de julio de 2008

Volveré y seré... PREMIADA

Después de varios días en cama, algunos bajones anímicos y mucho trabajo atrasado que me tiene muy ocupada, vuelvo a mi recorrida habitual de blog amigos y me encuentro en uno de ellos con una sorpresa: me han dado un premio. Algo nuevo e impensado para mi pero aquí estoy agradeciendo a los chicos de "Clavo que sobresale es víctima de un martillazo" http://clavoquesobresale.blogspot.com/ (un blog nuevo con el que me engancho a diario por la excelente elección de temas que tocan) por haberme elegido entre sus espacios preferidos y sobre todo, por las lindas palabras que me dedicaron.

Este es el premio:

Y esta es la dedicatoria:
"A Capitana del espacio, por sus historias, por no perder las esperanzas y creer que todo eso que parece perdido todavía puede volver".


Cuando abrí este blog, allá por noviembre de 2007 no esperaba cosechar lectores ni tenía demasiadas expectativas. No pertenecía a este mundo, no creía en la amistad virtual y mi únicas referencias eran Orsai de Hernán Casciari (que leo todas las semanas) y El León, de mi amigo y colega Octavio Tomas (que lamentablemente ha cerrado). Con Oti trabajábamos juntos en una revista de espectáculos y en esos tiempos, él me pedía que me sentara en su escritorio, leyera los excelentes relatos que subía a su blog y le diera mi opinión. Yo me reía y le decía: "no me engancho ni loca en esta boludez"... Acá estoy, llegué a abrir mi blog como él bien definió en un comentario "por un momento de desesperanza" y hoy me sorprendo con todo lo que generó en otros y sobre todo en mi misma. Recuperé mis ganas de escribir; me puedo autoanalizar a diario sin gastar un centavo; descargo mis miedos y dudas y comparto mis alegrías y tristezas . De yapa, "conocí" a un montón de gente muy copada que siempre está del otro lado para darme su apoyo y sus consejos. Objetivo superado!

Sé que la consigna es pasar este premio a diez personas pero la verdad que no me siento en condiciones de premiar a nadie. Se lo paso a todos los que me visitan a diario, a los que me roban una sonrisa con su comentario, a los que se preocupan por verme bien y a los que sin conocerme, se encariñaron conmigo y con mi espacio. El que quiere se lo puede llevar...

Ah... y aunque creo que el día del amigo es todo los días, y no sólo el 20 de julio, les deseo un muy feliz día (atrasado) para todos!

miércoles, 16 de julio de 2008

Mi gran confesión

Durante años conviví con una duda que me oprimía el pecho y no me dejaba vivir en paz: creía que era hija de desaparecidos. Estaba segura que cualquiera de esas abuelas con pañuelo blanco anudado a la cabeza que buscaban a sus nietos por televisión podía ser la mía. Cada vez que veía a alguna de ellas la miraba con atención y buscaba rasgos parecidos a los míos. Era una tarea inevitable.

La incertidumbre no venía porque si. Tengo un abuelo integrante de la Marina que siempre juró haberse retirado de sus funciones unos meses antes que las Juntas Militares efectuarán el Golpe de Estado de 1976 porque “sabía la que se venia”. En su casa Perón era mala palabra, Evita era una puta, los montoneros que aún quedaron vivos fueron un error de cálculo y merecían la guillotina y las familias de los desaparecidos (“Que seguro pasean por Europa”) no tendrían que tener derecho a quejarse por apañar a los asesinos de sus hijos. En ese contexto me crié yo, pero jamás pensé así ni creí del todo esa versión.

En mi familia no se hablaba de política, o sí, pero nadie discutía demasiado ni cuestionaba de más. Cuando fui creciendo el tema me interesó y me llevó a leer mucho sobre esa época. Para colmo, empecé a estudiar periodismo y en todas las materias se armaban debates casi diarios sobre el tema. Ahí, se me presentó otro panorama y comencé a ver a los organismos de Madres, Abuelas e HIJOS con otros ojos. Los de la reivindicación por sus familiares y la lucha. Y también con dudas. No había una sólo vez que se hablara del tema de la búsqueda de los nietos por televisión sin que yo llorara con desconsuelo. Lo mismo me pasaba si leía una noticia en los diarios. No podía entender el motivo de tanto llanto. Tampoco lo podía hablar con nadie. En esos momentos, no sabía en quien confiar, mis amigos estaban en otra, no podrían entenderme.

Tenía una sensación rara y una noche que no podía dormir tuve una revelación que me llevo a encontrar (por lo menos para mis suposiciones de ese momento) el motivo de tanto llanto y angustia: podía ser una de esas nietas que las abuelas buscaban y no lo sabía.

El resto es fácil de imaginar. En mi cabeza adolescente (y no tanto porque me duró bastante) uní todos los capítulos de mi vida de tal forma que el cuento cerraba perfecto. Miraba a todos con desconfianza y no había nada que me convenciera de lo contrario. Cada vez que paseaba con mi abuela y alguien decía que me parecía a ella, yo creía que era un cómplice de esa locura. Lo mismo y peor aún era cuando acompañaba a mi abuelo a cobrar su sueldo de retirado de Marina y algún ex compañero suyo me tocaba la cabeza y decía: “¡Pero, cómo creció esta nena!”.
¿Por qué, de dónde me conocían?.

El pico máximo de mis dudas llegó cuando un mediodía almorzaba en casa de mis abuelos y discutí con él por el tema Alfredo Astiz. Aquel “Ángel de la muerte”, capitán de fragata de la Armada, que se infiltró entre las madres, ganó su confianza y terminó pasando una lista detallada de todos sus pasos.

No importan las cosas que nos dijimos pero una frase quedó grabada en mi memoria: “Sos una zurda de mierda, si hubieras vivido en esa época seguro eras montonera, no sos de ésta familia” y se puso a llorar.

Y yo lloré más fuerte pero no tuve el valor para preguntar si realmente lo era. No tenía el carácter de ellos, no pensaba igual en ningún aspecto, muchas veces me sentí (y aún me siento) una isla dentro de una familia, con reglas propias completamente distintas al resto. Llegué a creer que mis abuelos me querían tanto para que nunca me diera cuenta de la verdad, no sé, fueron momentos horribles, ambiguos, de incertidumbre y mucho miedo… y lo viví solita, que a esa edad es un montón.

Luego, con el tiempo y las preguntas que sí me animé a ir haciendo de a poco me di cuenta que no. Qué sí pertenezco, que había magnificado situaciones, que las cosas tenían su explicación lógica, que mis hermanos se parecen a mi. Pero fueron años muy duros. Noches muy duras, mejor dicho.

Casi nadie sabe sobre este sentimiento. Puedo apuntar a mi ex novio y a dos o tres amigos como los únicos con los que lo hablé. Es un tema que me resultaba difícil de tocar y que sólo pude exteriorizar una vez que lo resolví.


Yo ya no vivo con esa incertidumbre, pero si vos dudas sobre tu identidad, naciste entre 1975 y 1980, y creés que sos hijo de desaparecidos, vencé el miedo y comunicate con las Abuelas al 0800-222-2285.
Aún falta encontrar más de 400 chicos. Sus familias biológicas los esperan con los brazos abiertos, mucho amor y sobre todo con la verdad.


(Muchos de mis amigos, familiares y conocidos se enterarán por este post de todo esto. Para mi, haberlo contado, es un peso menos en una mochila cada vez más liviana.... Y a vos, si aún lees el blog, gracias por habértelo bancado tantos años sólo. Nobleza obliga!)

domingo, 13 de julio de 2008

Vuelta a la infancia

Después de pasar una de las peores noches de mi vida, con 39 de fiebre, vómitos y un cuadro severo de bronquitis, todo en total soledad, aquí estoy en pie. Impresentable, pero aquí firme al teclado. Aprovecho que no estoy muy lúcida para escribir y tomo el desafío de la Gringuita.
Me pide que suba fotos de mi infancia, así que acá van. Espero que les gusten.
(Lindo desafío me pasaron para entrenerme un domingo de sol en el que estoy obligada a estar encerrada. Faltan fotos de mis viejos pero no tenía ninguna en la compu, tengo que escanear un par y las voy a subir. Paso por huérfana sino. También faltan de Bebu, mi gran amor, mi hermanito de 10 años pero que en esas épocas no estaba ni en los planes más remotos. Bueno, me vuelvo a mi nuevo hogar: la cama. Ya estoy cansada... subir fotos no es lo mío, me volví loca para agruparlas en este collage)



1980:
Esta es la prueba de que alguna vez tuve ojos azules. Acá está, incrédulos que cada vez que lo cuento se ríen en mi cara... Es cierto que me cambiaron a los dos años, cuando nadie cambia el color de los ojos pero eso no implica que no los haya tenido! Tenía sólo unos pocos meses y estaba en la casa de mis abuelos.




Marzo de 1981:
Mi primer cumpleaños. En la foto en brazos de mi abuela Kico y con mi abuelo Wilson como espectador. Como se darán cuenta, fui su primera nieta y por ese motivo merecí una especie de reinado o algo por el estilo...



1984:
Con mi hermano Matías y la bolita mostaza de mi papá en una quinta que visitábamos todos los fines de semana.
Yo tenía cuatro y él, uno.












Marzo de 1984:
Mi cuarto cumple, festejado en casa. Con mis cuatro abuelos (Carlos, Inés, Kico y Wilson) y con mi bisabuela de parte de mi mamá, la abuelita Rosa.
Yo salí horrible, parece que me hubiera tomado cuatro fernet! Jajajaaj




1985:
En Santa Fe, un pueblo que se llama Alcorta vive toda la familia de mis dos abuelos paternos, que nacieron allá. Esta foto es en el jardín de la casa de mi bisabuela, la abuelita Rosa (mis tres bisabuelas se llamaban igual).
Cómo la extraño, me acuerdo que cada vez que íbamos nos amasaba fideos; nos obligaba a tomar sopa y a la tarde nos premiaba con torta frita y chicharrones.







1986:
No sé si tenía seis o siete años, pero sé que amo esta foto. En esa época soñaba con ser modelo o vedette, así que cada vez que se prendía la cámara miraba fijo y le daba para adelante.
Está tomada en la plaza Félix Bernal, la de la estación, cerquita de casa.
¡Qué pinta nena!... Así de hermosa será Esmeralda, pero primero encontremos un papá para que la conciba Jajaja


1986:
Acto de fin de año del colegio en la Cámara de Comercio. Primer grado, mi gran presentación. Recuerdo que primero bailamos tango y después vino lo mejor: la nena se calzó las plumas y cumplió el sueño. Estaba tan nerviosa que aún recuerdo que me mordía los labios para bailar y apretaba los puños. Encima como era la más chiquita, me mandaron adelante de todo. Terrible, pero salí airosa...









1988:
Mar del Plata. Jugaba todo el día con arena y me metía al mar cien veces por día. Pensar que hoy sólo me refresco los brazos como las viejas en la orilla. Muy lindo verano. Me hice de muchas amiguitas con las que me mandé cartas por años.










1995/96:
Quince o dieciséis años en la casa de mis abuelos. Acá con Matías (12); Mariana (9) y la abuela Kico (edad indefinida, aún hoy) con la planta de frambuesas de fondo. En la foto salí horrible. En esa época ya me teñía el pelo y siempre me quedaba naranja pero quiero hacer una salvedad. Miren mi panza chata!! Dios, cómo pasaron los años y los kilos! Sólo conservo la cintura, aunque tampoco es esa... Snif, snif!

jueves, 10 de julio de 2008

¡Bendito 9 de julio!

Estoy enferma, con fiebre y siento el cuerpo pesado como si cargara una mula al hombro. Aunque lo intenté en varias oportunidades, no puedo levantarme de la cama. Los que me conocen saben que estar quietita no es algo que me guste demasiado, así que imaginarán mi estado. Camino por las paredes, sí señor.

Pero lo raro es que por alguna razón misteriosa, que aún no logro develar, sigo de buen humor. Y eso que estuve todo el día sola, se cayó la conexión a internet durante media tarde y todo lo que comí me cayó mal. Por todos estos motivos, no se me caen muchas ideas para actualizar así que voy a hacer algo que no siempre hago y es agradecer.

Gracias a todos los que el miércoles, un día en el que tendría que haber estado festejando seis años de amor, llamaron sin parar, me pusieron actividades para que no lo recuerde y crearon una red de contención que surtió efecto: no se me cayó una lágrima, me reí sin parar y terminé eliminando el texto tristísimo que había escrito hace unos días sobre mi "no aniversario" para subir al blog.

Con esto no quiero cantar victoria, la angustia aparece y desaparece, pero hoy siento que avancé varios casilleros, que gracias al apoyo y a los mimos que me dan mis amigos de siempre y mis nuevos amigos blogeros, me siento entera y con ganas de volver al ruedo. Hace dos meses atrás este escenario era impensado e imaginaba este 9 de julio envuelta en una frazada, haciendo zaping sin querer ver a nadie y abrazada a una bolsa de papas fritas.

De a poco la oscuridad va desapareciendo y los ojitos me vuelven a brillar...

martes, 8 de julio de 2008

Una de Woody Allen

Me aconsejaron que extienda el post sobre el club (o que le diera más claridad) pero decidí dejarlo como estaba. Tenía otra cosa en mente. Quería ir recordando de a poco las historias que pasé durante tantos años allí adentro. Las buenas, las malas y esas extrañas que aún con el tiempo no logro dilucidar.

Por eso acá va la primera de ellas.

Antes que nada, necesito ambientar la escena. Debería ubicarlos en un invierno frío y oscuro de un año que no vale la pena especificar. Una tarde de un día gris, triste y apagado. Tendría que contarles que al protagonista de la historia no lo cruzaba hacía años pero que un evento en concreto lo devolvió a la escena, otra vez. Lo reconocí al instante, estaba igual que siempre, la misma sonrisa e idéntica mirada cómplice. Al verlo, volvió el tiempo atrás.

Enero de 1995. Me faltaban dos meses para cumplir quince años y aunque no era ninguna nena tonta no tenía la menor idea de cómo era estar con un hombre más allá de unos besos apasionados. Él acusaba 22, acumulaba experiencia, tenía una larga cola de caballo negra, atendía el kiosquito de la zona y para colmo, iba a la cancha a con mi papá todos los domingos. Yo por esos tiempos, moría de amor por él y en el club todos lo sabían. Aunque nunca fui fanática de las golosinas, iba a su local diez veces por día con cualquier excusa, todo servía para verlo: un caramelo, un chicle Bazooka o un Torpedo de frutilla. Hasta ese momento lo consideraba un amor platónico porque nunca creí que uno de los “chicos grandes” del club se iba a fijar en mí. Estaba equivocada, muy pronto descubriría lo contrario. Mis amigas, que eran más optimistas, idearon un plan para que él confesara sus sentimientos y yo gane seguridad: a mis espaldas consiguieron un grabador, lo metieron adentro de una riñonera y fueron a comprar chocolates. Ahí mismo y de la nada, le preguntaron qué le parecía y el dijo: “Es muy linda Pao”. Listo, todo cocinado. Dos días después, él vendría a hablarme, quedaríamos en encontrarnos al día siguiente en la esquina de Crámer y Lomas de Zamora y viviríamos una tarde de besos y abrazos en la Plaza de la Madre, en el corazón de Don Bosco (a diez cuadras del club). Los dos días que siguieron, se repitió la escena hasta que sus vacaciones a Mar del Plata con sus amigos pusieron paños fríos a la “relación”. A su vuelta mi miedo a que quisiera ir más allá me paralizó y me bajé antes de tiempo. La diferencia de edad estaba muy marcada y aunque había mucha química, lo mejor era dejar todo como estaba. “Quizás más adelante se puede dar”, coincidimos. Pero ya no volví al kiosco, mejor evitarse.

En ese mismo instante recordé que mi vida sin él continuó como la de cualquier adolescente: me enamoraba todos los días y por suerte, casi siempre era correspondida. No fue difícil olvidarlo aunque lo veía a diario sentado en la vereda del club, en el buffet comiendo papas grasosas de un cono de cartón o jugando a la pelota con mis amigos y los suyos. Nada de otro mundo, buen recuerdo y saludos de cortesía durante años. Ahora, mientras lo veía conversar animado entre la multitud, tuve otro recuerdo que perturbó mi mente.

Marzo de 2000. Segundo año de periodismo. Primer día de clases. Uno de los profesores anuncia que no va a poder asistir todas las horas pautadas pero que no nos preocupemos, un joven ayudante ocuparía su lugar en su ausencia: “Se los presentó”, dijo y entró él, mi amor adolescente. Creí que el soplo que me acompaña desde mi nacimiento haría colapsar mi corazón. Ya no sentía nada por él pero era muy rara la situación. Un poco incómodo que de un momento a otro corrigiera mis textos, calificara mis trabajos y se pusiera al frente de la clase. Para colmo de males, no tuve mejor idea que confesarles a mis compañeros de curso que conocía al nuevo “profe” de otro lado. Un papelón, suerte que no suelo ponerme colorada pero habré tartamudeado más que nunca en esas épocas, como cada vez que un chico me gusta de verdad. Un horror… Al poco tiempo yo me pondría de novia con un compañero y él haría lo propio con una chica de otro turno. Yo me separaría al año y él formaría una familia con ella. Otra vez, la situación no fue la ideal y todo se limitó a miradas. Sin decirnos una palabra entendimos que ésta vez tampoco era el momento y dejamos de vernos por años. Por suerte, me aprobó la materia con una excelente nota…

Después de tantos mini viajes al pasado en tan sólo quince minutos, opté por abandonar el lugar. Estaba extasiada de tanta nostalgia, era un día horrible que amenazaba con empeorar aún más y quería correr a mi bunker, donde estaría a salvo de cruzarlo otra vez de lleno. La tercera en esta corta vida. No quería que esas miradas se convirtieran en un saludo obligado pero cuando quise reaccionar, era demasiado tarde, ya estábamos uno frente al otro.

Una tarde de invierno. Ya no es el chico de pelo largo con el que me besé a los catorce años ni el joven universitario que me corregía los textos pero no perdió la magia. Tenía el pelo corto y ya pintaba algunas canas que lo hacían más interesante aún. Saludo efusivo después de tanto tiempo y charla obligada. “¿En qué andas, te casaste?”, me pregunta mirándome a los ojos. “Nada más alejado que eso. Estoy sola y colecciono separaciones”, le contesto queriendo parecer graciosa y agrego: “¿Y vos, seguís casado con la misma chica?”. “Lo estamos definiendo, hace mucho que no estamos bien”. Golpe al corazón. Intercambio de correos, largas charlas y mucha contención mutua. No nos vimos ni una sola vez, ésta vez tampoco era el momento pero ambos estábamos a la espera de algo que quizás nunca sucedería, o sí, jamás se sabe. El tiempo volvió a poner paños fríos pero esta vez no quisimos cerrar la puerta, preferimos dejarla entornada. "Quién sabe", dijimos…

Y aquí estoy hoy, recordando esa tarde de invierno y todo el resto de la historia (algo que hace mucho no hacía) sin poder entender demasiado como una persona se me pudo haber escurrido entre los dedos tres veces. ¿Tan perdedora no puedo ser?

Sólo tengo una certeza y es la siguiente: si tuviera que elegir una imagen para darle un cierre o tal vez para ilustrar a ésta persona, sin dudas elijo una que vivimos juntos hace trece años. Ese martes 31 de enero de 1995 (busqué mi diario íntimo de la época y todo) en el que nos despedimos en una esquina cercana al club deseando que la tarde no se termine, que su viaje se suspenda y que esos besos se perpetúen por siempre.


domingo, 6 de julio de 2008

Soy sola y me gusta serlo!

Ayer a la madrugada tuve una revelación: soy sola por elección propia.

Hasta hace unas horas creía que la nube negra que ostento sobre mi cabeza era la culpable de mi soledad. Estaba convencida de que como todas las cosas me salen mal, yo era la responsable de mi separación; de mi propia angustia y de pasarme los fines de semana enteros encerrada y aburrida sola como un hongo. Me culpaba por no aceptar invitaciones masculinas, por fijarme en los tipos incorrectos o demasiados conflictivos, por negarme un rato de diversión y por confinarme a mi misma a las cuatro paredes de mi departamento, aumentando mi estado depresivo.

Pero en dos minutos todo cambió. Era la 1 de la madrugada del sábado (ya domingo) y yo estaba en la cama leyendo una revista de chimentos, pensando ideas para futuras notas y maldiciendo mi mala suerte. Todos mis amigos estarían divirtiéndose por ahí; mis amigas haciendo cucharita con sus novios y mi ex novio buscando nuevos horizontes. Y yo en la cama sola con una revista y mucho cansancio después de una día entero de mudanza (Sí, fracasé en mi intento de independencia y volví pidiéndole auxilio a mi madre).

En otro momento, una crisis de llanto se hubiera apoderado de mi pero ésta vez no. Sólo respire profundo, revisé la lista de candidatos mentalmente y suspiré aliviada. La cama se hizo más placentera y logré dormirme. Fue la primera noche entera que dormí en tres meses, sin sobresaltos, pesadillas ni pensamientos tristes. Dormí como duerme el resto de los mortales, descansé y hoy me desperté bien, con energías para afrontar otro día, con ganas de estar bien y más tranquila por darme cuenta cómo son realmente las cosas.

No es justo que viva mendigando amor, así no funciona. Si durante seis años dí todo a la espera de un gesto que nunca llegó, algo tengo que haber aprendido. Si millones de veces aposté a otras personas para salir adelante y me defraudaron, algo tengo que haber aprendido. Si siempre corrí por todo el mundo y hoy no veo sus frutos, algo tengo que haber aprendido. Digo, no pude haber derramado tantas lágrimas en vano, tengo que crecer de una buena vez.

Por eso hoy yo elijo estar sola y no mal acompañada. De nada sirve tener al lado a una persona que no me valore o no me ame como espero que lo haga. Que no esté a la altura de las circunstancias y salga corriendo ante la primera adversidad. Que hoy quiera acostarse conmigo y mañana desaparezca. Que me haga mil promesas que yo ni le pido y el próximo sábado se las haga a otra persona. No me interesa, prefiero seguir leyendo una revista en la cama antes que pagar con lágrimas y decepciones un rato de compañía. Es un costo caro que no me merezco.

Así que hasta que ese hombre que todos dicen que aparecerá llegue, elijo estar sola. Quiero aprender a disfrutar de este nuevo estado y recuperar la sonrisa que durante años se empecinaron en borrarme. Quiero amigos que se comprometan a estar cuando yo los necesito y no me fallen como yo intento no hacerlo con ellos y a un tipo que me valore, que me considere dentro de su vida, que me haga reír y que me ame. Por menos de eso no tranzo.

Después de todo, un domingo de lluvía mirando películas sola no es tan malo...

martes, 1 de julio de 2008

Mi gran amor...

Cuando lo conocí tenía ocho años. Aún recuerdo mi primer día de colonia, cuando mi mamá nos dejó a mí y a mi hermano (que en ese momento tenía cinco) al cuidado de los profesores y se sentó a un costado de la pileta con sus amigas a conversar y tomar mate.

Siempre fui una nena tímida, por lo menos en los primeros minutos, pero muy sociable. Ésa vez, debo confesar que me costó mucho hacerme un grupo de amigos pero con el correr de las semanas todo fue mejorando. Me llevaba mi vianda, me refrescaba en la pileta chiquita donde todos los nenes orinaban y con suerte y viento a favor, me dejaban meter los piecitos en la pileta grande… toda una amenaza para mi corta edad y estatura.

Con el correr del tiempo cambié la colonia por las clases de natación, gimnasia deportiva y patín. No soy muy adicta a los deportes (es más, soy malísima hasta para correr el colectivo) pero debo confesar que todo me servía de excusa para quedarme un ratito más con él.

También empezaron a aparecer los “hombres” y el amor en mi vida. Él fue testigo de mi primer baile; el primer beso; mis primeros llantos, amores y desamores. Bajo su atenta mirada elegí candidatos, deseché otros y me enamoré todas las semanas: Julián, Fernando, Hernán, Martín, Diego, Carlos, Maxi (¡perdón!), Gricho y tantos otros que me gustaron una semana, dos, un mes o un tanto más. Algunos accedieron, otros me rompieron el corazón.

Por esas épocas, también me dio amigos inseparables, incondicionales y muy queridos, muchos de ellos que aún conservo y atesoro. Otros que extraño pero que tuvieron que irse de mi vida, ya sea porque emprendieron caminos diferentes, porque tuvimos algún entredicho o porque la realidad económica los expulsó lejos del barrio.

Pero por sobre todas las cosas, me dejó recuerdos maravillosos. Con él me une algo más que una historia de amor o de amistad. Gracias a su generosidad pasé los mejores años de mi vida, tengo las anécdotas más felices y no hay un solo día (sobre todo cuando estoy triste) en que no desee que el tiempo sea amable y me presté una tarde en sus brazos para volver a reírme con ganas.


(A mi querido Club Juventud de Bernal, que está atravesando el momento más difícil de su historia)