
A todos los niños les preguntan qué quieren ser cuando sean grandes, es un clásico. La mayoría contesta como acto reflejo profesiones comunes: policía, bombero, doctor, veterinario, maestra. Otros, saben desde pequeños que quieren dinero, así que no dudan: empresario o famoso, "así tengo plata". Otros, dudan y tiran mil opciones. Lo difícil es sostener ésa misma elección durante años, hasta que llegue el momento de encararla. Ahí mismo suelen surgir dudas y sólo se mantienen los que realmente eligieron con vocación desde pequeños, la gran minoría. Unos afortunados.
Por suerte formo parte de ese grupo selecto. Desde chica supe que quería ser periodista y más grande, de viejita, dedicarme a escribir libros. "Pero te vas a morir de hambre, los periodistas son pobres. Vos serías buena contadora, o abogada", me repitieron mil veces. Se equivocaron a medias: rica no soy, pero no sé administrar ni una casa, así que sería pobre de todas formas, me dedique a ésto o a cualquier otra cosa.
Dentro de la postal de los sueños, había una casa en el campo, o en una montaña, da igual. Mucha calidez, un sillón comodísimo, una alfombra colorida con almohadones por si me aburría del sillón y un hogar a leña. Muchos ventanales bien luminosos y música tranquila. Por supuesto, una voz masculina que me decía: "¿mi amor, por qué no parás un ratito, te preparé unas tostadas para la merienda?". Yo caminaba descalza por la casa, donde comtemplaba una biblioteca grande, llena de títulos. Sobre una mesita ratona, además de muchos cafés, había impresiones, libros, resaltadores, biromes y una máquina de escribir que hoy sería reemplazada por una computadora portátil. Mis días transcurrían así, hasta que por fin terminaba la obra y se convertía en un best seller.
Hoy a los 30 años (o sea, no tan viejita como planeaba), viviendo sólo del periodismo desde hace seis, vengo a cumplir parte de la postal. Por supuesto no es tal cual la soñé, sino no me estaría pasando a mi, nada es ideal ni inmediato en mi vida, pero a fuerza de perseverancia y a un modo extraño, las cosas suceden igual. En unos días me enfrasco a escribir mi primer libro, que parte del blog Matemos a los ex y llevará ése mismo nombre. Si todo sale como se espera, en diciembre lo tendrán en las librerías de todo el país (y con venta on line para el exterior). Justo para Navidad, como un regalo de Papá Noel.
No será en las condiciones de la postal (imposible con un trabajo, una casa, un marinovio, una hijastra, un perro), pero le pondré todo el corazón. Iré contándoles los detalles y lanzaré una convocatoria para participar del libro, tanto acá como en el otro blog, en el perfil de la Capitana en Facebook o en Twitter. Espero sean parte de este delirio, como siempre.