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martes, 29 de octubre de 2013

Soltar

Hace once años me sentaba con un papelito y una lapicera y escribía la carta más triste de la historia. Una de despedida, de amor, de dolor. Horas después se la guardaba en el bolsillo del traje a mi abuelo, que por fin descansaba en paz, minutos antes de la despedida final. Con esa carta se fue. Imagino que cuando pudo librarse del cuerpo en el que había vivido durante 70 años, eligió llevar ese escrito consigo para siempre. Ya se lo había dicho una y cien veces en persona, pero como no quería que se olvidara de ninguna de las cosas que le había dicho, quise que las tuviera a mano para releerlas cada tanto.

Escribir es terapéutico, casi tanto como llorar.

Muchas veces les hablé de mi abuela. Quise compartirla con ustedes, porque era demasiado para mi sola. Su presión abrumadora por verme en pareja, estable, madura, seria y ama de casa. Y luego (o antes, durante, siempre) su deseo incontenible de verme convertida en madre. Ella repetía una y mil veces que no podía morirse sin ver antes a un bisnieto, un hijo mío. Mi negación la exasperaba y la hacía vociferar las peores maldiciones. Ya leyeron algunas a lo largo de los años tanto en el blog como en mi libro.

Siempre estuvimos juntas, desde que nací. Padres jóvenes y amor desmedido de abuelos hicieron que pasara mucho más tiempo con mis abuelos que lo que cualquier otro nieto puede pasar. Para mi, el mejor plan, era que llegue el viernes, armar una mochila y arrancar hacia la casa de mis abuelos hasta el domingo a la noche que me devolvían a mi casa. Partidas de dominó; escobas de quince; poesías de Almafuerte; sábados al mediodía de papas fritas, huevo frito y milanesas napolitanas, noches de pizza y domingos de asado; política, Boca y pasión. Todos son recuerdos de mi infancia en la casa de mis abuelos.

Cuando fui creciendo, mi abuela fue la única persona en el mundo que logró que aprendiera a dividir. Una tarea matemáticamente imposible para mi. Con toda la paciencia me explicó el mecanismo. Años después, cuando ella no entendía algo y yo la mandoneaba, me repetía como un mantra: "Qué desagradecida, yo tuve la paciencia de enseñarte a dividir, porque eras una burra". Así fue nuestra relación siempre, de madre e hija. Podíamos decirnos las peores cosas del mundo, pero a los dos minutos estábamos tomando mate como si nada pasara para sorpresa del espectador de turno que no podía creer lo que veía.

Conoció a cada uno de mis novios, a todos mis amigos, me vio reír y me vio llorar. Cada vez que tenía un problema la llamaba a ella; si estaba abrumada, me iba hasta su casa; si quería matar a alguien la llamaba para que contrariamente a lo que se imaginan, me diera manija; si me faltaba guita, ella siempre me ofrecía; si necesitaba un mimo, ella se daba cuenta y me decía que estaba más flaca, que esa ropa me quedaba genial, que estaba linda. Hablábamos de chimentos, de hombres, de sexo, de política, de todo. No éramos de darnos besos ni cargosearnos demasiado, a ninguna de las dos nos gusta que nos estén encima, pero estuvimos siempre juntas. Siempre, como ahora que ella pelea por su vida y yo la tengo de la mano.

Apenas me enteré que estaba embarazada pensé en ella, en su alegría, en su deseo. Sabía que le iba a dar una de las mejores noticias de su vida, la que siempre había esperado. Esa misma noche, salí de la guardia y le pedí a Muchacho y a mi vieja que me acompañaran de la abuela. Llegué cagándome de risa y le tiré la bomba. Obvio creyó que era otra de mis bromas y no me creyó. Tuvo que buscar la confirmación en los ojos de las personas que me acompañaban. "No sé si creerle porque esta siempre vive jodiendo", dijo, y lloro cuando le mostré la ecografía. El día que nació Violeta hizo caso omiso del calor de enero, se vistió y vino a conocerla al sanatorio. Mucho no me acuerdo de ese día, pero su mirada no me la voy a olvidar más: "Ya sos mamá y que suerte que es una nena, no vas a estar nunca más sola"- Ella siempre repetía que tuvo dos hijos varones y que fue una maldición, porque los hombres se casan y ya luego se olvidan de la madre, que en cambio una hija mujer te acompaña hasta el final. Yo siempre fui esa hija mujer que nunca tuvo.

Hoy me toca verla sufriendo en una cama del mismo hospital en donde murió mi abuelo. Los médicos dicen que sólo depende de ella, que está muy delicada, que no la quieren invadir más. El corazón se me desgarra a cada minuto. Siento que debo dejarla ir, me despido de ella cada vez que me voy del hospital como si fuera la última, le digo que la quiero, la abrazo, le doy besos y ella me acaricia la cabeza, me pide que me acerque y me da besos. Sé fervientemente que dejarla ir es el mayor acto de amor que puedo tener para con ella, y ella debe sentir que debe quedarse por nosotros, porque su partida nos va a destrozar, porque me voy a sentir sola con su ausencia, porque cada día cuando a las siete de la tarde suene el teléfono de mi casa voy a pensar que es ella que me llama para preguntarme cómo me fue, cómo está Violetita, qué estamos haciendo. Y ahí estamos parados en el medio...

Sé que no logro nada con escribir, que su salud no va a mejorar, que mis palabras no son milagrosas, pero escribir es terapéutico, casi tanto como llorar y yo ya me estoy quedando sin lágrimas.





miércoles, 10 de julio de 2013

Sueño

La veo dormir y no lo puedo creer. Qué linda es. Ya hace seis meses que está con nosotros y todavía no caigo que tengo una hija. Es increíble, porque la tengo todo el día trepada encima, igual no me lo creo. La miro a ver si respira, si se mueve demasiado, si sueña, si rueda hasta el abismo de la cama. Cada segundo que pasa la veo más linda. Recuerdo la primera vez que vi su carita en una pantalla, cuando a los 6 meses y pico me hice una ecografía 4D. "¿Es eso?", le pregunté al flaco que manipulaba la cámara. "Sí, ¿te parece muy fea? Es hermosa". No se trataba de linda o fea, de hecho tenía razón, era hermosa. Me impresionaba lo parecida a mi que la veía. Ese día caí que algo con rostro, ojos, nariz, pera, boca, habitaba en mi cuerpo. Qué locura, encima la reconocía, se parecía a mi. La miro otra vez, sigue durmiendo, suspira, sonríe, está soñando. Vuelvo en el tiempo y recuerdo esa mañana del 15 de enero cuando después de una noche entera en la que se movió poco, decidimos consultar en la guardia. Tres horas después estaba adentro de un quirófano, muerta de miedo, sin entender demasiado, esperando escuchar un llanto que confirme que todo estaba bien. ¡Cómo pasó el tiempo! Mientras ella sigue durmiendo, pienso en la primera vez que le vi la cara ahora ya sí, en vivo. Hacía dos horas que había terminado la cesárea, aún no sentía las piernas, me dolía todo y me deseaba la muerte en el acto. Tocaba sin parar el timbre que dejaron al lado de mi cama, al pitido número 19 me contestan.

Enfermera:
¡Hola! ¿Qué necesitan?

Capitana:
Una enfermera urgente.

Enfermera:
Para usted o para el bebé.

Capitana:
Para mi, ¡MEDICACIÓN YA O UNA ESCOPETA RECORTADA!

Enfermera:
Ya le están llevando al bebé, señora.

No, el bebé no. Necesito una palangana de calmantes. Resulta que durante la operación me había brotado por completo. Soy alérgica, nadie lo sabia. Por ende, me bajaron todas las medicaciones hasta saber qué provocó las ronchas. ¡No me interesa averiguar nada, quiero dejar de sufrir! En ese contexto de locura suicida, me traen al paquetito de 3.800 kg que acababa de salir de mi cuerpo. "Ponela en la teta, los primeros momentos son fundamentales", me aconseja la partera. ¿Qué teta, a quién? Recapacité, en el curso de preparto me hice fan de la lactancia así que dejé mis dolores de lado y me embarqué en la difícil tarea de manipular un pezón y ponerlo dentro de la boca de un bebé. ¡Mágicamente, todo funciona! Ella es especial, todo lo hace fácil... pero aún no lo sabía. La miro asombrada, no parecía la nena de la eco. Tenía la cara arrugada y tenía pelo de escoba, negro azabache. Pensé en lo que iba a sufrir cuando fuera grande, ¡pobre, es fea! llegué a decir para el horror de los visitantes. Pero era obvio, nada me podía parecer lindo si llevaba días sin dormir y deseaba que pasara la parca. Necesitaba horas de sueño, medicación, ¡comida! y un psicólogo pero en su lugar, no paraba de recibir gente que quería conocer a la pequeña y ver mi cara monstruosa. "¡Sos madre, boluda, no lo puedo creer", repetían mis amigos. Yo tampoco lo puedo creer, se los aseguro. Parece que nadie me tenía fe, yo tampoco. Es que nunca tuve el deseo firme de ser madre. Ya pasaron seis meses y nos bancamos a muerte: si hay que salir, salimos; si me pinta dormir la siesta, la gorda se copa y clava tres horas; si necesito trasnochar, ella me hace el aguante. No llora nunca, es buena, duerme desde la primera semana de vida toda la noche y tiene una paz envidiable. Eso claramente lo sacó de su papá. A veces la miramos embobados, nos reímos de sus cambios, de sus logros y sus caras. ¡Es tan expresiva! Llegó para completarnos, para llenar aún más la casa de amor. Recuerdo su segundo día de vida, cuando los dolores bajaron un poco y la pude observar mejor. Ya la vi hermosa, me enamoré al instante, sentí que jamás querría alejarme de ella. ¿Cómo era mi vida antes? La miro dormir, sonríe, la sigo mirando. No podría aburrirme nunca. ¿Cómo una bolita de 8 kilos puede generarte tanto amor? 




#Loviu #Pimpi

martes, 28 de mayo de 2013

Un 28 de mayo...

Lunes 28 de mayo de 2012


- 14:00 horas

Hace exactamente un año, a esta hora, estaba sentada en la misma oficina que estoy sentada ahora. Me sentía pésimo, me dolía el estómago, me quedaba dormida sobre el teclado y hasta le dije a Cynthia, mi compañera: "Ya fue, me duermo, si me quieren echar que lo hagan. No puedo mantenerme despierta". Recuerdo que llamé a mi mamá y le pedí que me acompañara al médico cuando volviera de trabajar. Lo que pasó horas después, cambiaría mi vida para siempre, pero aún no tenía idea de que eso podía llegar a sucederme.

- 19:00 horas

Apenas llegué de trabajar, luego de dormirme en todo el viaje de vuelta a casa, mi madre me esperaba en su auto para llevarme a la clínica. Guardia, orden para estudios de laboratorio, pinchazo,  preguntas de rigor: 

Doctor:
¿Tenés un atraso?

Capitana:
No

Doctor:
¿Podés llegar a estar embarazada?

Capitana:

No, imposible. Bah, creo. No sé.

A esperar el resultado de los estudios...

21: 30 horas

La espera es in-so-por-ta-ble. ¿Cómo un estudio de rutina, veloz, cuyos resultados están en una hora se demoran dos? Los peores escenarios pasan por mi cabeza: ya fue, tengo una enfermedad terminal y están evaluando cómo me la van a informar. Ya veo que me hacen pasar a una oficina blanca, limpia, con sillones amplios y café recién hecho. Un médico, con toda la delicadeza que su profesión le permite, me da la noticia despacio, con calma. Nooo, no quiero pensar más, a buscar el único hueco con señal de la clínica y a chatear con quien esté disponible a esa hora. Vuelve mi madre, que se había ido por unos minutos. Llega Muchacho de trabajar, que no me quiso esperar en casa y se vino directo a la clínica, suponiendo algo que yo claramente no suponía.

21:45 horas

Gritan mi apellido y corro a buscar mis estudios. Los empiezo a mirar, nada me gusta más que inspeccionar si los valores dan dentro de los márgenes previstos para mi categoría. Hasta me aburro si dan exactos, una locura lo sé, pero me pasa eso. Golpeo la puerta del médico que me atendió. Ahora hay una doctora en su lugar, cambió la guardia. Mientras aguardaba que me atendiera, seguía mirando los estudios, en ambas páginas había aparecido una tercera columna extra. Nunca la había visto en mi vida. Mi madre sonreía nerviosa; mi novio se moría de risa: ¡estás embarazada, olvidate! ¿De qué se ríen? ¿Para qué vinieron? Mi negación seguía intacta.

21:50 horas

La doctora por fin nos recibe. Hace entrar a todos pese a mi negativa. Mira los estudios y pregunta: ¿por qué viniste?... Porque no me siento bien. Automáticamente, se da la siguiente conversación entre todos los presentes:

Doctora:
Te sentís mal porque estás embarazadísima.

Capitana:
No puede ser.

Doctora:
Pero es una buena noticia, ¿o no?

Madre:
(Ya llorando) 
¡Claro que sí!

Muchacho:
(Abrazándome, con una sonrisa)
Y bueno mi amor, a ponerle el pecho.

Capitana:
(Negando con la cabeza, llorando a mares, con una sensación de incendio en el pecho)
......

Doctora:
Ahora te vas a hablar con la ginecóloga y te hacés una ecografía.

Capitana:
.....

Doctora:
¡Felicitaciones!

Capitana:
......


22:00

La ginecologa nos advierte que es muy probable que no se vea demasiado y mucho menos que se escuchen sus látidos. El BEBE, es muy chiquito. ¿Qué bebé? ¿De qué me están hablando? En fin, estamos hablando de una gestación de 6 semanas. ¡Estás embarazada hasta el cogote!, repite la ginecóloga de guardia. Yo sigo sin caer. 


22:30

Mientras esperamos para hacernos la ecografía, la noticia ya corre en la familia. Mi hermana no me cree (soy de hacer este tipo de bromas todo el tiempo); mi papá dice que ya lo imaginaba (?); mi hermanito festeja que va a tener otro sobrino y desea que sea un varón, para poder enseñarle a jugar al básquet; mi madre sigue llorando; Muchacho sigue sonriendo y yo sigo negando. Hasta que nos hacen pasar...


Ecografista:
¿Ustedes son los padres?

Capitana:
(¿De quién?)
.....

Muchacho:
Sí, somos nosotros.

Ecografista:
¿Ven eso que se mueve, esto que está coloreado? ¡Es su bebé!

Capitana:
.....

Ecografista:
¿Escuchan eso que late? Es su corazoncito.


Listo, llanto generalizado. Es un hecho: ¡vamos a tener un bebé! Durante meses lo llamamos arándano; luego fue bebito (mi nulo instinto materno repetía que era un  varón); hasta que a los cuatro meses, nos dijeron que era una nena y decidimos ponerle Violeta. Ya no había vuelta atrás, los dos juntos, luego de tantos años de amarnos y divertirnos a solas, ahora íbamos a tener una familia.

Ella es Violeta:








Lo que viene en Capitana del espacio: la Abuela Kico recibe la noticia.

lunes, 6 de mayo de 2013

Otra vez en casa...

Hace seis años abrí este blog con un sólo fin: evitar volver locos a mis amigos con mis penas. Acababa de quedarme sin novio, sin trabajo y en breve, volvería a la casa de mi madre con el rabo entre las piernas. En ese entonces, este sitio era anónimo, tenía muchos seguidores que se sentían identificados y "conversábamos" en los comentarios. Armé encuestas; concursos; gané un premio por el voto de los lectores; me enamoré; me mudé con Muchacho; hice amigos virtuales que se convirtieron en amigos reales; conseguí trabajo; abrí otro blog que desembocó en un libro; fui invitada a programas de televisión; me hicieron entrevistas gráficas y radiales, y hace poco, me presenté en la Feria del Libro, un sueño que tenía desde chiquita.

Pero misteriosamente y pese a todas las alegrías que me dio Capitana, hace dos años dejé de escribir. Que el blog haya dejado de ser anónimo me condicionó y perdió su encanto. En todo este tiempo, mientras me entretuve en Facebook, algo cambió. Lo reflejo en imágenes...


Asomando #Bebito



¡Estalló!



Con la abuela Kico...



Ya falta menos...




Chicos, ¡no doy más! #Trabajando




Music ;)


Así se presentaba: Es ¡Violeta!






¡Ya llega!



Unas horas antes #LaÚltimaFoto




En fin, vuelvo porque otra vez necesito estar en casa. Y sobre todo, hacer catársis sin volver loco a nadie ni enloquecer yo misma. Veremos qué pasa en esta nueva etapa, en esta nueva vida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Mi nueva aliada...

Inesperadamente, surgió una nueva aliada en mi lucha ¿secreta?

Niña:
Papi, ¿cuándo se van a casar?

Muchacho:
Más adelante.

Niña:
No, por favor, ¡ahora!



Y luego hizo esta interpretación de la ceremonia...




Ya tenemos los diseños de los vestidos que usaremos, es ahora o nunca, a matar o morir...

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Y?

Opinólogos de todo el mundo insistían -una vez más- en que hoy, 11/11/11 a las 11,11 se acababa el mundo. Ultra fanáticos se amontonaron en el cerro Uritorco, otros se juntaron a rezar y otros tantos, ayer a la noche la rompieron por si acaso era la última. Hoy tan sólo sufren de resaca, perdieron el presentismo en sus trabajos y sus parejas los abandonaron por desubicados, porque del fin del mundo ni noticias.

Hasta cuándo vamos a insistir con predicciones erróneas es un misterio que jamás podremos develar. Lo cierto es que hoy, 11/11/11 a las 11,11 el fin del mundo me hubiera encontrado en esta posición...



¡Con las botas de presoterapia puestas!

No cerré cuentas pendientes, no festejé, no me emborraché, ni siquiera tuve sexo. Sólo procuré tener glamour, hasta el último minuto. Si hay otro mundo al cual viajaríamos en caso que este mundo desaparezca, que me encuentre hecha una top model (?).


Y ustedes, ¿cómo esperaron el fin del mundo fallido?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Y vos, de qué lado estás?

En un nuevo estudio capitanezco, obtuve el siguiente resultado: el 98 por ciento de las personas está a dieta. Y no es la primera vez que tanta gente junta se pone de mal humor y pasa hambre, esto es algo que sucede todos los años para la misma fecha. Llega septiembre y volvemos a mirarnos en el espejo. ¿Y ahora qué hacemos con estos rollos que estaban tan cómodos debajo de cuatro remeras?

Así es como los gimnasios se llenan de gente y se forman filas en los centros de estética en busca de un milagro. Yo soy de éste último grupo: "Ley del menor esfuerzo" es mi segundo nombre. Por eso hace 20 días, dejé casi un sueldo completo y me anoté en Figurella, prometiéndole a Muchacho que la inversión valdría la pena y cruzando los dedos para que el tratamiento funcione. "Me voy a poner re buena, vas a ver" (?), grité un segundo después de tener que blanquearle el monto total y corté el teléfono antes de escuchar el sermón.

Cuestión que desde hace 20 días mi vida se convirtió en una sucesión de sopas y ensaladas. Como otras cosas, pero esos dos ítem no fallan. "Si tenés hambre, comete una fruta o tomate un caldito Knorr, de esos instantáneos", aconsejó la nutricionista que me proporciona el centro. Por si tenía dudas, ya me llamó dos veces por teléfono: "Hola, ¿quería saber si te sirvieron mis consejitos? Tomá mucha agua y cuando te agarren ataques de hambre, tomate una sopa".

Juro que cumplo la dieta al pie de la letra, como nunca antes y lo hago por tres motivos. Uno porque realmente quiero verme mejor, dos porque no soportaría ver una cara masculina que diga "yo sabía que era una locura gastar toda esa plata" y el tercer motivo es para que esta señora no me llame más.

Por eso cuando vi esta publicidad de Knorr Quick Crema que salió ¡hasta en la sopa! pensé que en breve, me verán bailando en la calle vestida de avestruz y con Iripino como coreógrafo. Lo importante es la actitud: ¡Acting Capitana!

Se las dejo por si no la vieron...





¿Y ustedes, pertenecen a ése 98 por ciento que está a dieta?

domingo, 31 de julio de 2011

Primera etapa: ¡cumplida!

Una vez me dijeron que en el amor, la clave es negociar. Que lo importante es llegar a un acuerdo y ceder en algunas cuestiones, para conseguir la felicidad y obtener algunos beneficios. Nunca me gustó verlo como una fórmula matemática, como algo tan racional, pero hoy debo decir que algo de eso hay. Sino, no se explica cómo aún no nos matamos.

El 31 de julio de 2010, luego de luchar meses con albañiles y con plazos que se modificaban todas las semanas, por fin estacionamos el camión de la mudanza en la puerta de nuestra casa. Hacía ya mucho tiempo que mi mochila viajera había dejado de recorrer las 30 calles que dividían ambos hogares, pero esto era distinto: tenía olor a desafío. Ya no valían los refugios ante cualquier pelea, los problemas habría que afrontarlos en casa.

Ése día se llenó la casa de amigos y familia; se comieron sandwichs en una cocina vacía, parados, cada uno desde el puesto que le había sido asignado. Se vivieron momentos de caos, como en toda mudanza, pero pese al cansancio la sonrisa era el denominador común. Estábamos contentos, nosotros y ellos, había triunfado el amor. Nadie le daba crédito a la relación durante los primeros meses pero acá estábamos para demostrar que sí se puede atravesar huracanes y tormentas cuando hay amor.

Hace un año escribía esto. Con alegría, puedo decir que nos seguimos eligiendo y que en esta casa, la mayoría de las veces, sobran las sonrisas. No es un amor utópico, no existe el "hasta que la muerte nos separe", pero es un amor real de esos que se sienten en el corazón. Y eso vale más que cualquier firma o cálculo matemático.

Por eso hoy, pese a los pronósticos, renovamos el contrato de nuestra casa y nuestra relación. Muchacho, feliz aniversario, seguimos sumando...

jueves, 16 de junio de 2011

Tarde descontrolada...

Cada vez que mi madre llega con bolsas negras en la mano, tiemblo. Sé que me espera un momento desagradable. "Estoy ordenando el placard blanco, acá te dejo más cosas tuyas", argumenta. Mil veces le dije que no me traiga nada, que done mi ropa, que si la dejé en su casa es porque no la necesito. Pero no escucha, mi madre nunca escucha y las deja igual. Y ahí estoy yo, en el piso de mi casa, con una bomba a punto de estallar. Porque abrir esas bolsas negras, implica muchas cosas. Un sinfín de sentimientos.

El más importante de ellos, salta a la vista: tengo 128.274 kilos más que cuando usaba eso. Entonces, ya sé de antemano que nada me va a servir. Igual, porque soy masoquista, abro la primera bolsa... y ahí está toda mi ropa talle S que usé hasta hace cinco años. "No lo puedo creer, ¿cómo me entraba esta musculosita?", le grito a Muchacho, que se quiere matar por no haber llegado unos años antes. Pero como sabe que es mejor no avivar el fuego, desliza un mentiroso: "Creciste mi amor, no estás gorda, te cambió el cuerpo". No le creo nada, ni siquiera le presto atención y sigo sacando una daga tras otra.

"Noooo, ¿cómo me ponía este top azul de terciopelo? Era un gato"; ¿En qué momento se usó esta camisa color mostaza con espigas negras?"; "Mirá este pantalón de cuero tipo Shakira, con este no paraba de ganar". Una prenda tras otra merece un comentario. Una tarea que me podría haber llevado cinco minutos, me ocupa dos horas. Era abrir, mirar, donar. Pero no, se convirtió en abrir, mirar, asombrarme, probarme, entristecerme, reírme, volver a entristecerme. ¿Por qué mierda abrí esta bolsa?

La llamo a una amiga que tiene hijas adolescentes. Le digo que se preparen porque les mando una ropa hermosa que ya no me entra ni en un pie. Me pregunta si no quiero quedarme con algo "por las dudas que bajés". Le explico que mi vida útil, mi cuerpo al menos, venció en el 2006, ahora soy un tonel sin forma y con el corazón estrujado. Me vuelvo a probar una camperita, le tengo ganas, me acuerdo que la gasté, era la elegida a diario... "Si bajo cinco kilos ésto me tiene que quedar perfecto", sueño en voz baja. Me miro en el espejo y confirmo que es una misión imposible. La vuelvo a guardar en la bolsa, que las chicas la aprovechen.

Me voy a comprar ropa nueva. Tomo coraje y entro a un probador, aún sabiendo que me voy a tener que topar con una situación que me descontrola: la vendedora. Esta chica que cumple con todos los rituales que me molestan al pie de la letra. Parece que existe una academia de vendedoras que les enseñan tres únicas cosas: a decir negri cada dos segundos; a meterse en la intimidad de un probador ajeno y a mentir. Porque dale, no me podés decir que me queda divino un vestido que me apreta convirtiéndome en un matambre humano.

Vendedora:
A ver negri (corriendo la cortina sin permiso)... Te queda preciosoooooooooooo, es para vos. Justo, justo, justo.

Capitana:
No me queda precioso, me ajusta por todos lados.

Vendedora:
No negri, se usa así. Ayyyyyy ¡qué hermoso!

Capitana:
OK, gracias, ¿me dejás sola?


Y ahí estoy otra vez en la intimidad del probador, siendo engañada como una niña. Porque como bien cuenta Muriel en este video, los espejos tienen algo. Yo me miro dentro de probador y me quiero llevar absolutamente todo. Me siento una diosa, creo que el vestido me queda pintado y termino pagando un precio desorbitante por algo que no lo vale. No importa, allá voy con mi bolsita, esperando una buena ocasión para estrenarlo y romperla. Pero claro, llego a mi casa, me lo pongo y vuelve la calabaza: no me queda como en el probador. El vestido es el mismo, mi cuerpo también, pero por una extraña razón la imagen no es la misma.

Otra vez insulto al cielo por ser tan ilusa. ¿Cómo me dejé engañar así, si siempre me pasa lo mismo? No aprendo la lección y repito la misma frase de siempre: "A los espejos les ponen algo".
Al final, la culpa de todo la tiene mi mamá, si ella no me hubiese traído las bolsas negras, todo esto no pasaba.

miércoles, 27 de abril de 2011

¡Buenísimo!

Creía que sólo lo hacían los "loquitos que integran la farándula" pero los casamientos fugaces, repentinos, llegaron a los barrios. Se trata de parejas que se forman como cualquier otra, pero con la particularidad que al mes de conocerse, ya están poniendo fecha de casamiento y planeando una gran fiesta.

Hoy se casó Karina Olga Jelinek con un novio millonario que conoció en febrero. En enero lloraba porque su novio de entonces la había dejado, una semana después anunciaba la llegada de un nuevo amor. A los quince días le proponían matrimonio en pleno viaje al Caribe al mismo tiempo que le ofrecían un anillo de Tiffany´s valuado en 40.500 euros. Ahhh, ¿qué le contestó ante tamaño obsequio?

El 20 de mayo se casan Nicolás Cabré y Eugenia Tobal. Los tórtolos arrancaron su relación en febrero, cuando arrancaron las grabaciones de Los Únicos. Ya tienen fecha y repartieron las invitaciones.

Hace un rato me llama una amiga, que hace muchos años no tiene novio ni tiene mucho interés en casarse, para ser sinceros. Ni siquiera su voz risueña del otro lado del tubo me hizo sospechar:


Amiga:
Me caso, boluda.

Capitana:
¿Qué?

Amiga:
Que me caso, mi nuevo novio me propuso matrimonio.

Capitana:
Pero si recién lo conocés... Casi nadie de tu entorno lo conoce.

Amiga:
No importa, estoy feliz. Será una fiesta enorme, con más de trescientos invitados, en un lugar súper top. Nos juntamos y te cuento todo, ¿dale?


¿Me pueden explicar alguien qué hago lavando los calzones de un tipo que ya me anticipó no se casará nunca conmigo? No voy a preguntar: ¿Qué hago mal? Ya me lo respondí solita en la oración/pregunta anterior.


jueves, 10 de marzo de 2011

A mal sueño... ¡mala cara!

Me despierto angustiada y sé perfectamente cuál es el motivo: una pesadilla asquerosa. Un viejo dicho asegura que contar los malos sueños en ayunas, sin desayuno previo, hace que se cumplan pero no me importa, ya no puedo aguantar mi furia asesina. El responsable del mal momento se mueve al lado mio, en el otro extremo de la cama. Tiene que pagar por lo que me hizo, pero claro, aún no lo sabe.

Alguien tiene que informarle que en mi sueño se comía a un bicho canasto y que en mi propia cara, interactuaba con ella y acordaban un punto de encuentro para más tarde, cuando yo ya no esté. Y que cuando le reclamaba por su falta de respeto, se daba el siguiente diálogo:


Muchacho:
¿Qué tiene de malo mi amor, si se la cogen todos?

Capitana:
.....

Muchacho:
No sabía que te podía molestar, me la voy a coger menos y listo.



¿Ustedes se preguntarán qué culpa tiene el pobre tipo que se despierta para ir a trabajar como todos los días y se tiene que fumar a una novia desenfrenada sólo porque tuvo una pesadilla no? Lo siento, lo hubiera pensado antes de comerse al bicho, ahora estoy enojada.

¿Qué me miran como si estuviera loca, nunca les pasó despertarse de un mal sueño y quedarse todo el día prendido de una imagen como si fuese real?

viernes, 18 de febrero de 2011

Y al tercer año, resucitó entre los muertos...

Llueve en la ciudad, y mucho. Tengo tanto trabajo que no sabría por dónde comenzar, pero curiosamente, no tengo ganas de arrancar por ningún lado. Todos los días empiezo la dieta pero en algún momento del mismo día, algo me obliga a romperla. La excusa no importa, siempre es una distinta, si tuviese tanta imaginación para crear cosas importantes como tengo para idear excusas rompedietas, sería millonaria. Eso también lo pienso a diario. Pero no son mis únicos problemas, desde hace un mes estoy fanatizada con Gran hermano y lo tengo que reconocer, porque nunca les mentí. No sé qué pasó, no sé si el encierro que me pegué para escribir el libro me dejó mal para siempre, pero algo cambió. Ahora me encuentro odiando a personas que no conozco ni me interesaría conocer, sólo porque aparecen en una pantalla de televisión. Me releo y no me reconozco, no porque me sorprenda odiando a alguien, siempre encuentro a quién odiar, sino porque me siento una boluda. Intento agarrar un libro, me encanta leer. Los libros no muerden decían las maestras, pero nadie habló de su poder para hacer invisibles las palabras. Tengo que leer una y otra vez las páginas porque o me pierdo o realmente desaparecen. Desaparecen también las cosas de mi casa, al rato aparecen en otro lugar, creo que los duendes existen y llegaron a mi domicilio para esconder cosas. Lo miro a Romancito, duerme todo el día y pienso: ¿por qué no me tocó ser un perro? No tendría que cocinar, ni lavar ropa y todos me harían gracias para divertirme. Siento que algo le falta a mi vida: ¿pimienta? ¿dinero? ¿salud? ¿vacaciones? Puede ser, pero me inclino por una: a mi vida le falta la chispa de la Capitana, le falta blog. Este espacio que desde hace más de tres años me permite ser yo misma. Por eso vuelvo, no se vayan, que por aquí andaré una vez más...

viernes, 31 de diciembre de 2010

2011, el año del árbol....

El 2011 no es el año del conejo de pascuas, ni del mono con banana ni de el perro con dos colas. A partir de mañana arranca el año del árbol. ¿De qué árbol?, se preguntarán. Del que tengo que plantar, porque increíblemente y en tiempo récord durante el último semestre del 2010 me han pasado cosas maravillosas y una de esas es ver hecho realidad uno de mis sueños:


Uff...


Este año también, me mudé definitivamente con Muchacho, estalló el blog y me llevó al programa de Pettinato, lo que luego me abrió la puerta a muchísimas otras entrevistas. Recibí tantos mails pidiendo el libro, que tomé coraje y contacté dos editoriales. En el primer intento me dijeron que tal vez más adelante. En la segunda reunión, con el otro editor, me pude explayar en mi idea y su respuesta fue: "Si te animás a escribirlo en un mes, sale para Navidad" El resto es historia conocida.

Según un dicho islámico, hay tres cosas que deberían hacer todas las personas para que su paso por este mundo haya sido provechoso, para trascender: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. Vamos preparando las semillas para el 2011.

Y sueñen mucho, en grande y sin restricciones, que a la larga si confían en ellos, los sueños se cumplen.


¡Feliz año para todos!




El libro ya está en la calle, de a poco me voy enamorando más de él y no me canso de recomendarlo. Es un texto ideal si estás por separarte, si tenés dudas, si no sabés cómo librarte de tu ex, si no sos feliz en tu pareja, si tenés nostalgia, si no podés cortar, si querés vengarte, si necesitás descubrir si te engaña. ¿Algo más? Sí, es unisex, ambos géneros saldrán sorprendidos. ¿Lo quieren comprar? Éstos son los puntos de venta, ojalá les guste.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

A pocas horas de la presentación del libro, mi primer libro, me encuentro preparando un pequeño discurso. Esas palabras que tendrán que resumir mis sentimientos, las vivencias durante el proceso de escritura y que recordarán a cada uno de los que me ayudaron a que este sueño sea posible.

No sé qué puede salir de todo esto. Si me preguntan si estoy nerviosa, la respuesta es no. Más bien estoy emocionada. Ver plasmadas tus ideas y saber que quizás le lleguen a alguien, es fantástico. No es algo nuevo para mi, hace tres años escribo en este blog, hace dos en Matemos a los ex, hace más de 10 años que trabajo de periodista, pero esto es distinto. Pienso que mi libro va a estar paradito en la biblioteca de alguien y lloro. Imagino gente recomendándolo, y me cruje el estómago.

Desde que tengo uso de razón amo la lectura. El primer texto que recuerdo es un libro de poesías de Almafuerte que me leía mi abuelo. Detrás suyo aparecen las fábulas, que me leía mi mamá antes de dormirme y que yo repetía con una memoria destacable para una nena de cinco años. Las relataba con tanta exactitud que la gente creía que las leía. Casi muere de un infarto la maestra de primer grado cuando en la primera semana de clase preguntó quién sabía leer, yo pasé al frente y relaté "Los tres Chanchitos" libro en mano. Se la creyó, durante mucho tiempo pensó que lo había leído.

La biblioteca de la escuela era mi lugar preferido, todas las semanas sacaba libros que me ayudaban a combatir el insomnio que me alteró desde chica. El grito de mis viejos: "Apaguen esa luz que es tardísimo", lo combatía con un velador oculto o una linterna.

Siempre amé leer, siempre soñé con escribir un libro aunque nunca supe sobre qué. Si me decían que el título sería "Matemos a los ex", me hubiese reído con ganas. Estaba convencida que mi primer libro trataría sobre alguna investigación periodística. En algún punto, salvando las grandes distancias, algo de eso hay. Entrevisté a decena de personas, los escuché, respeté sus silencios, leí sus escritos. Acá está el resultado, un texto integral, formado por mis propias experiencias y las de ustedes.

Toda mi sabiduría sobre las parejas (si es que tengo alguna) está volcada en estas páginas, años de observación y tan sólo un mes para bajarlo en un par de capítulos. Ojalá les guste, ojalá se rían, ojalá lloren, ojalá les sirva. Cada vez que termino de leer un libro pienso qué me dejó, ojalá ustedes puedan dejar el prejuicio de lado y se entreguen con todos sus sentidos. Qué recuerden olores, nombres, momentos y sobre todo, si aún no pueden soltar un pasado que los lastima, que logren hacerlo. Está escrito desde el corazón, ojalá les llegue.

martes, 30 de noviembre de 2010

3 largos años...



Noviembre es mes de festejos en este blog, la Capitana y yo cumplimos 3 años de ser una misma persona (o a veces dos, ella es tan políticamente incorrecta como solía ser hace algunos años). Seria largo y tedioso hacer un balance de estos tres años, pasaron tantas cosas que algunas ya ni las recuerdo.

Pero haciendo memoria (y apelando al archivo de blogger) me di de frente con este post que escribí para el primer aniversario, y me encantó. Resume bastante mi cambio de vida, de actitud y sobre todo, retrata mi elección más importante: se puede vivir de otro modo... o al menos, vale la pena intentarlo.


A ese texto debo agregarle algunos "detalles":


- Finalmente, encontramos nuestro lugar con Muchacho y ya llevamos cuatro meses de caótica pero hermosa convivencia.

- En diez días sale mi primer libro, producto del hermanito menor de Capitana, Matemos a los ex. Mi ansiedad me está consumiendo, lo quiero ya en mis manos...

- Gané un concurso hace exactamente un año en la categoría "Voto de los lectores". Gracias a ustedes que se tomaron el trabajo de elegirme.

- Sumé amigos; me enamoré de Romancito, el mejor perro del mundo; tuve un nuevo ahijado; conseguí trabajos que me dan satisfacción y todos los días me llega algún lindo mensaje de algún desconocido contándome lo bien que le hace leerme. "Me ayudaste, me llegó tal cosa", impagable.

- Por este blog pasaron más de 200 mil personas en dos años (quedó un año sin registrar); más de 600 personas siguen esta locura y casi 2 mil amigos en Facebook hacen lo propio desde allá. Gracias, infinitas, como siempre.


Ya casi no actualizo, no por falta de cariño, amo a este blog más que a ningún otro. No creo que exista un sitio donde haya escrito más desde el corazón que éste. Capitana es mi mundo, mi alter ego, el único lugar donde pude abrirme durante mucho tiempo.

Hoy sólo tengo para decir: Feliz cumpleaños Capitana y gracias a todos, como siempre, por seguirme en todas.

viernes, 19 de noviembre de 2010

jueves, 11 de noviembre de 2010

El día más temido llegó...

Durante años, cuando mis padres aún estaban juntos y vivíamos todos en la misma casa, un dilema me rompía la cabeza: ¿cómo puede este tipo, traer todas las camisetas de su equipo de fútbol sucias, para que mi madre las lave?

No podía creer como ella, sin chistar, sacaba cada casaca del bolso (que encima se acordaba de entregarle dos días después, cuando la mugre había fermentado), la colocaba en el lavarropas y con alegría agregaba jabón y suavizante: "Así huelen mejor para el próximo partido".

La otra semana por supuesto, repetía el ritual. Mi asombro se redoblaba y volvía a preguntarle a mi madre: ¿Cómo puede ser que no te de asco agarrar ésas camisetas harapientas? ¿Para qué le ponés tanta dedicación, si a los dos minutos de partidos estos tipos se suenan los mocos con una manga? Su respuesta era categórica: "No me molesta para nada, si tu papá las trae las tengo que lavar".

Juré que nunca me iba a convertir en eso que era mi madre, pero ayer a la noche muchacho me puso ante mis ojos una prueba difícil de sortear: "Mi amor, para que todavía me veas más parecido a tu viejo, mirá lo que te traje". Y desplegó una bolsa negra que aún, no me animo a tocar. ¿Este tipo no recuerda todo lo que le conté sobre mi vida y las cosas que odiaba? ¿No sabe que, justamente hace unos años, me fui de mi casa para dejar de convivir con mis padres?

Sí, sabe todo y se ríe. Convirtiendo mi enojo en sonrisa, ésa es su arma más letal. No quiero caer, no puedo dejar mis convicciones atrás. Si toco esa bolsa negra ya no hay retorno, habré perdido la batalla para siempre.



Con ustedes.... la bolsa.



Me animé a abrirla, ya tiene olor...



Qué alguien me marque en el calendario el día que decidí irme a vivir con él, por favor...

sábado, 30 de octubre de 2010

Miles de censista, ¿cuál me toca a mi?

Luego de esperar durante diez horas al censista sin resultados positivos y justo cuando creíamos que finalmente seríamos olvidados, se nos cayó una idea, la única del mes: ¿Y si vamos a la escuela a censarnos nosotros mismos?

Allí fuimos con Muchacho y la niña. Un señor muy agradable se preocupó porque nadie nos haya tocado el timbre y se ofreció a censarnos en el acto. El trámite duró tres minutos tal cómo prometió.



Censista exprés:
Son unos minutitos, señora venga por acá. Digame, su nombre y el de su marido.

Capitana:
No es mi marido.

Censista exprés:
Pero yo los anoté como cónyuges.

Capitana:
Pero no estamos casados.

Censista exprés:
Pero viven juntos, así que están casados.

Capitana:
(Ay señor de mi corazón) No, no estamos casados. Somos concubinos (guacala, lo tuve que decir)

Censista exprés:
Bueno por eso, cónyuges.

Capitana:
A ver señor, ¿no le interesa al censo saber cuántos casados hay, cuántos concubinos? No es lo mismo.

Muchacho:
Dejá Paola, que ponga cónyuges.

Censista exprés:
Su hija, ¿cómo se llama?

Capitana:
No es mi hija. Ya fue censada en la casa de la mamá.

Censista exprés:
¿Cómo no es su hija?

Capitana:
Uf, ¿no es que deben ser censados en el lugar donde pasaron la noche? Ella durmió con la madre, no la vamos a registrar dos veces.

Censista exprés:
¿Pero cómo no es su hija? ¿Usted no tiene hijos? Tiene 30 años.

Capitana:
(?)



Basta, no me jodan más. Para mi que a éste lo mandó la abuela Kico.


miércoles, 20 de octubre de 2010

Kico, crítica literaria...

Contenta, le fui a dar la gran noticia a mi abuela...



Capitana:

Abuela, ¿te enteraste que voy a escribir un libro?

Abuela Kico:
¿Vos un libro?

Capitana:


Abuela Kico:
¿Y qué sabés vos de escribir un libro?

Capitana:
Vivo de escribir hace años.

Abuela Kico:
No vas a saber escribirlo Paolina.

Capitana:
Bueno.

Abuela Kico:
Tendré que leerlo, no sé. Capaz que sabés...


Diarios de todo el mundo y sitios de Internet, se están perdiendo a la crítica número 1. Cuando termine de escribirlo se lo hago leer, si Kico no levanta el pulgar, tiramos todo para atrás... ¡Crucen los dedos!


jueves, 7 de octubre de 2010

¡Aprendan giles, HOY muchacho rulea!

Nobleza obliga y así como digo una cosa debo decir otra: hoy muchacho se ganó el cielo (de toda la semana, tampoco lo alabemos tanto porque sino se va a tirar a descansar en los laureles).

La convivencia entre una pareja no es fácil y con eso no descubro nada. Hay días que quiero huir a hurtadillas, en la mitad de la noche, con un palito y una bolsita tipo el Chavo para no afisxiarlo con la almohada y otros, como hoy, que me alegro de haberlo elegido para esta loooca aventura. Porque uno a los 30 años tiene sus mañas, ha vivido sólo y no le quiere entregar la independencia a cualquiera. Pero hoooooy, no me arrepiento de haber dado el gran paso con muchacho (no me pregunten dentro de unos días, no sé qué les puedo contestar, estoy ciclotímica).

Hoy muchacho tuvo tres actitudes dignas del hombre que todas las mujeres soñamos y porque se lo merece (y porque quiero que lo repita muy seguido), paso a enumerarlas:

1- Se ofreció a ir al supermercado. Si hay algo que detesto es hacer las compras, sobre todo la parte de cargar las bolsas por las escaleras del departamento. Ni hablar de acomodar los productos una vez en casa. Querría tener un esclavo a mano para pegarle un chiflido en ésos momentos: esclavoooooo, acomodame todo... ¡gracias! Pero como todavía no me convertí en princesa, aún no pude contratarlo y me toca esa tarea espantosa a mi. Pero hoy no. Cuando volví a la tardecita, muchacho había ido al super y solito se encargó de guardar toda la compra. Iupiii

2- Nada más lindo que el hombre que advierte que estás un poquito estresada, histérica y te saca de la rutina con... ¡una sorpresa! Así que además de no ver productos del super arriba de la mesada de la cocina como creí encontrar, a mi vuelta vi un paquetito de una de mis marcas preferidas (no los nombro más malditos de Complot, vistan a la Capitana si quieren fama, he dicho) colgando de una silla. Siiiii, regalos regalos, te amooo!!

3- Cuando creí que era todo por hoy, que más no le pedía pedir o que estaba soñando (?) me encontré con otro detalle bello. Me lastimé un dedo, fui al "botiquín" y ¿qué nos compró muchacho a la niña y a mi? ¡¡Curitas de Kitty!! Sin dudas, éste es un hombre que ama a sus mujeres...

Y ahora sí, me despido en este día emblema de nuestra convivencia feliz. Aprovecho a decirlo hoy, somos felices, necesito dejar constancia, porque mañana es probable que deje la toalla mojada arriba de la cama otra vez, o que use el décimo vaso en una misma tarde o simplemente, que se tire a mirar fútbol sin registrarme ni poner siquiera la mesa y tenga ganas de huir para no asfixiarlo.

Muchacho HOY te amo...