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martes, 29 de octubre de 2013

Soltar

Hace once años me sentaba con un papelito y una lapicera y escribía la carta más triste de la historia. Una de despedida, de amor, de dolor. Horas después se la guardaba en el bolsillo del traje a mi abuelo, que por fin descansaba en paz, minutos antes de la despedida final. Con esa carta se fue. Imagino que cuando pudo librarse del cuerpo en el que había vivido durante 70 años, eligió llevar ese escrito consigo para siempre. Ya se lo había dicho una y cien veces en persona, pero como no quería que se olvidara de ninguna de las cosas que le había dicho, quise que las tuviera a mano para releerlas cada tanto.

Escribir es terapéutico, casi tanto como llorar.

Muchas veces les hablé de mi abuela. Quise compartirla con ustedes, porque era demasiado para mi sola. Su presión abrumadora por verme en pareja, estable, madura, seria y ama de casa. Y luego (o antes, durante, siempre) su deseo incontenible de verme convertida en madre. Ella repetía una y mil veces que no podía morirse sin ver antes a un bisnieto, un hijo mío. Mi negación la exasperaba y la hacía vociferar las peores maldiciones. Ya leyeron algunas a lo largo de los años tanto en el blog como en mi libro.

Siempre estuvimos juntas, desde que nací. Padres jóvenes y amor desmedido de abuelos hicieron que pasara mucho más tiempo con mis abuelos que lo que cualquier otro nieto puede pasar. Para mi, el mejor plan, era que llegue el viernes, armar una mochila y arrancar hacia la casa de mis abuelos hasta el domingo a la noche que me devolvían a mi casa. Partidas de dominó; escobas de quince; poesías de Almafuerte; sábados al mediodía de papas fritas, huevo frito y milanesas napolitanas, noches de pizza y domingos de asado; política, Boca y pasión. Todos son recuerdos de mi infancia en la casa de mis abuelos.

Cuando fui creciendo, mi abuela fue la única persona en el mundo que logró que aprendiera a dividir. Una tarea matemáticamente imposible para mi. Con toda la paciencia me explicó el mecanismo. Años después, cuando ella no entendía algo y yo la mandoneaba, me repetía como un mantra: "Qué desagradecida, yo tuve la paciencia de enseñarte a dividir, porque eras una burra". Así fue nuestra relación siempre, de madre e hija. Podíamos decirnos las peores cosas del mundo, pero a los dos minutos estábamos tomando mate como si nada pasara para sorpresa del espectador de turno que no podía creer lo que veía.

Conoció a cada uno de mis novios, a todos mis amigos, me vio reír y me vio llorar. Cada vez que tenía un problema la llamaba a ella; si estaba abrumada, me iba hasta su casa; si quería matar a alguien la llamaba para que contrariamente a lo que se imaginan, me diera manija; si me faltaba guita, ella siempre me ofrecía; si necesitaba un mimo, ella se daba cuenta y me decía que estaba más flaca, que esa ropa me quedaba genial, que estaba linda. Hablábamos de chimentos, de hombres, de sexo, de política, de todo. No éramos de darnos besos ni cargosearnos demasiado, a ninguna de las dos nos gusta que nos estén encima, pero estuvimos siempre juntas. Siempre, como ahora que ella pelea por su vida y yo la tengo de la mano.

Apenas me enteré que estaba embarazada pensé en ella, en su alegría, en su deseo. Sabía que le iba a dar una de las mejores noticias de su vida, la que siempre había esperado. Esa misma noche, salí de la guardia y le pedí a Muchacho y a mi vieja que me acompañaran de la abuela. Llegué cagándome de risa y le tiré la bomba. Obvio creyó que era otra de mis bromas y no me creyó. Tuvo que buscar la confirmación en los ojos de las personas que me acompañaban. "No sé si creerle porque esta siempre vive jodiendo", dijo, y lloro cuando le mostré la ecografía. El día que nació Violeta hizo caso omiso del calor de enero, se vistió y vino a conocerla al sanatorio. Mucho no me acuerdo de ese día, pero su mirada no me la voy a olvidar más: "Ya sos mamá y que suerte que es una nena, no vas a estar nunca más sola"- Ella siempre repetía que tuvo dos hijos varones y que fue una maldición, porque los hombres se casan y ya luego se olvidan de la madre, que en cambio una hija mujer te acompaña hasta el final. Yo siempre fui esa hija mujer que nunca tuvo.

Hoy me toca verla sufriendo en una cama del mismo hospital en donde murió mi abuelo. Los médicos dicen que sólo depende de ella, que está muy delicada, que no la quieren invadir más. El corazón se me desgarra a cada minuto. Siento que debo dejarla ir, me despido de ella cada vez que me voy del hospital como si fuera la última, le digo que la quiero, la abrazo, le doy besos y ella me acaricia la cabeza, me pide que me acerque y me da besos. Sé fervientemente que dejarla ir es el mayor acto de amor que puedo tener para con ella, y ella debe sentir que debe quedarse por nosotros, porque su partida nos va a destrozar, porque me voy a sentir sola con su ausencia, porque cada día cuando a las siete de la tarde suene el teléfono de mi casa voy a pensar que es ella que me llama para preguntarme cómo me fue, cómo está Violetita, qué estamos haciendo. Y ahí estamos parados en el medio...

Sé que no logro nada con escribir, que su salud no va a mejorar, que mis palabras no son milagrosas, pero escribir es terapéutico, casi tanto como llorar y yo ya me estoy quedando sin lágrimas.





martes, 28 de mayo de 2013

Un 28 de mayo...

Lunes 28 de mayo de 2012


- 14:00 horas

Hace exactamente un año, a esta hora, estaba sentada en la misma oficina que estoy sentada ahora. Me sentía pésimo, me dolía el estómago, me quedaba dormida sobre el teclado y hasta le dije a Cynthia, mi compañera: "Ya fue, me duermo, si me quieren echar que lo hagan. No puedo mantenerme despierta". Recuerdo que llamé a mi mamá y le pedí que me acompañara al médico cuando volviera de trabajar. Lo que pasó horas después, cambiaría mi vida para siempre, pero aún no tenía idea de que eso podía llegar a sucederme.

- 19:00 horas

Apenas llegué de trabajar, luego de dormirme en todo el viaje de vuelta a casa, mi madre me esperaba en su auto para llevarme a la clínica. Guardia, orden para estudios de laboratorio, pinchazo,  preguntas de rigor: 

Doctor:
¿Tenés un atraso?

Capitana:
No

Doctor:
¿Podés llegar a estar embarazada?

Capitana:

No, imposible. Bah, creo. No sé.

A esperar el resultado de los estudios...

21: 30 horas

La espera es in-so-por-ta-ble. ¿Cómo un estudio de rutina, veloz, cuyos resultados están en una hora se demoran dos? Los peores escenarios pasan por mi cabeza: ya fue, tengo una enfermedad terminal y están evaluando cómo me la van a informar. Ya veo que me hacen pasar a una oficina blanca, limpia, con sillones amplios y café recién hecho. Un médico, con toda la delicadeza que su profesión le permite, me da la noticia despacio, con calma. Nooo, no quiero pensar más, a buscar el único hueco con señal de la clínica y a chatear con quien esté disponible a esa hora. Vuelve mi madre, que se había ido por unos minutos. Llega Muchacho de trabajar, que no me quiso esperar en casa y se vino directo a la clínica, suponiendo algo que yo claramente no suponía.

21:45 horas

Gritan mi apellido y corro a buscar mis estudios. Los empiezo a mirar, nada me gusta más que inspeccionar si los valores dan dentro de los márgenes previstos para mi categoría. Hasta me aburro si dan exactos, una locura lo sé, pero me pasa eso. Golpeo la puerta del médico que me atendió. Ahora hay una doctora en su lugar, cambió la guardia. Mientras aguardaba que me atendiera, seguía mirando los estudios, en ambas páginas había aparecido una tercera columna extra. Nunca la había visto en mi vida. Mi madre sonreía nerviosa; mi novio se moría de risa: ¡estás embarazada, olvidate! ¿De qué se ríen? ¿Para qué vinieron? Mi negación seguía intacta.

21:50 horas

La doctora por fin nos recibe. Hace entrar a todos pese a mi negativa. Mira los estudios y pregunta: ¿por qué viniste?... Porque no me siento bien. Automáticamente, se da la siguiente conversación entre todos los presentes:

Doctora:
Te sentís mal porque estás embarazadísima.

Capitana:
No puede ser.

Doctora:
Pero es una buena noticia, ¿o no?

Madre:
(Ya llorando) 
¡Claro que sí!

Muchacho:
(Abrazándome, con una sonrisa)
Y bueno mi amor, a ponerle el pecho.

Capitana:
(Negando con la cabeza, llorando a mares, con una sensación de incendio en el pecho)
......

Doctora:
Ahora te vas a hablar con la ginecóloga y te hacés una ecografía.

Capitana:
.....

Doctora:
¡Felicitaciones!

Capitana:
......


22:00

La ginecologa nos advierte que es muy probable que no se vea demasiado y mucho menos que se escuchen sus látidos. El BEBE, es muy chiquito. ¿Qué bebé? ¿De qué me están hablando? En fin, estamos hablando de una gestación de 6 semanas. ¡Estás embarazada hasta el cogote!, repite la ginecóloga de guardia. Yo sigo sin caer. 


22:30

Mientras esperamos para hacernos la ecografía, la noticia ya corre en la familia. Mi hermana no me cree (soy de hacer este tipo de bromas todo el tiempo); mi papá dice que ya lo imaginaba (?); mi hermanito festeja que va a tener otro sobrino y desea que sea un varón, para poder enseñarle a jugar al básquet; mi madre sigue llorando; Muchacho sigue sonriendo y yo sigo negando. Hasta que nos hacen pasar...


Ecografista:
¿Ustedes son los padres?

Capitana:
(¿De quién?)
.....

Muchacho:
Sí, somos nosotros.

Ecografista:
¿Ven eso que se mueve, esto que está coloreado? ¡Es su bebé!

Capitana:
.....

Ecografista:
¿Escuchan eso que late? Es su corazoncito.


Listo, llanto generalizado. Es un hecho: ¡vamos a tener un bebé! Durante meses lo llamamos arándano; luego fue bebito (mi nulo instinto materno repetía que era un  varón); hasta que a los cuatro meses, nos dijeron que era una nena y decidimos ponerle Violeta. Ya no había vuelta atrás, los dos juntos, luego de tantos años de amarnos y divertirnos a solas, ahora íbamos a tener una familia.

Ella es Violeta:








Lo que viene en Capitana del espacio: la Abuela Kico recibe la noticia.

lunes, 6 de mayo de 2013

Otra vez en casa...

Hace seis años abrí este blog con un sólo fin: evitar volver locos a mis amigos con mis penas. Acababa de quedarme sin novio, sin trabajo y en breve, volvería a la casa de mi madre con el rabo entre las piernas. En ese entonces, este sitio era anónimo, tenía muchos seguidores que se sentían identificados y "conversábamos" en los comentarios. Armé encuestas; concursos; gané un premio por el voto de los lectores; me enamoré; me mudé con Muchacho; hice amigos virtuales que se convirtieron en amigos reales; conseguí trabajo; abrí otro blog que desembocó en un libro; fui invitada a programas de televisión; me hicieron entrevistas gráficas y radiales, y hace poco, me presenté en la Feria del Libro, un sueño que tenía desde chiquita.

Pero misteriosamente y pese a todas las alegrías que me dio Capitana, hace dos años dejé de escribir. Que el blog haya dejado de ser anónimo me condicionó y perdió su encanto. En todo este tiempo, mientras me entretuve en Facebook, algo cambió. Lo reflejo en imágenes...


Asomando #Bebito



¡Estalló!



Con la abuela Kico...



Ya falta menos...




Chicos, ¡no doy más! #Trabajando




Music ;)


Así se presentaba: Es ¡Violeta!






¡Ya llega!



Unas horas antes #LaÚltimaFoto




En fin, vuelvo porque otra vez necesito estar en casa. Y sobre todo, hacer catársis sin volver loco a nadie ni enloquecer yo misma. Veremos qué pasa en esta nueva etapa, en esta nueva vida.

jueves, 2 de junio de 2011

lunes, 9 de mayo de 2011

La herencia de la abuela Kico

Me la prometió y cumplió, ahora debo responder con unos ricos fideitos caseros...



Pastalinda traída de Italia, casi sin uso, ¿ideas para limpiarle el óxido?




¡¡Ahora necesito recetas!!


miércoles, 6 de abril de 2011

Paolina, la limpita (?)

Abuela Kico:
Tenés que estar lista Paolina

Capitana:
¿Lista para qué abuela?

Abuela Kico:
Para ser una buena ama de casa

Capitana:
Bueno

Abuela Kico:
Vos te reís siempre de todo. Pero tengo razón. Tenés que saber cocinar porque a los hombres les gusta llegar de trabajar y que esté la comida lista. O que te despiertes a la mañana para prepararles el desayuno y plancharles la camisa, porque no es lo mismo si la planchás el día anterior. Y sobre todo, la casa siempre tiene que estar limpia.

Capitana:
¿Algo más?

Abuela Kico:
Seguí jodiendo, se te va a ir.

Capitana:
¿A dónde?

Abuela Kico:
A una casa limpia.



Esta conversación es atemporal, porque se repitió tantas veces que no podría encasillarla en una sola fecha del calendario. Mi abuela insiste en que Muchacho me va a dejar porque no le plancho su ropa: "¿Cómo ese chico se plancha sus propias remeras?". Pero lo cierto es que mis tiempos no son los mismos que los que tuvo ella cuando apenas se casó, igual por más que se lo explique, no lo comprende.

El sábado vino a mi casa a cenar y me tiró el primer aliento en mi breve carrera como ama de casa: "Por lo menos sos limpita". Por eso cuando la gente de Cif me envió su nuevo comercial, con Cenicienta como protagonista, me acordé de este episodio.





Lo que mi abuela no sabe es que sólo limpié los ambientes del piso de abajo, donde iban a estar los invitados, y que lo hice en pocos minutos gracias a ese líquido blanco adictivo del que ya he hablado en otros post. Todos contentos.

¿Y ustedes, qué cosas odian hacer y desearían que otros hagan por ustedes?

viernes, 1 de abril de 2011

¿Me devuelven mi infancia?

Los 31 vinieron con algunos golpes duros que hablan de un pasado dudoso. Tengo que hacerme cargo y resetear, sino todo puede empeorar.


Caso I


El día posterior a mi cumpleaños, hace unos quince días, mi madre contó en el festejo familiar que yo era FANATICA de Valeria Lynch. "Me acuerdo perfecto que nosotros escuchábamos el cassette y vos cantabas a los gritos Señor amanteeeeee", dijo. Mi papá, que está separado de mi madre pero para esto se pusieron de acuerdo sin discutir, sumó sus recuerdos: "Claro, agarraba una cartuchera o cualquier cosa con forma de micrófono y cantaba frente al espejo, armaba coreografías". Mi paciencia se acababa, pero siguieron: "También cantaba temas de Lerner: y todo a pulmón, todo a pulmóooooon". "Peor cuando decía que su novio era Pablito Ruiz", aportó la abuela Kico... ¿Para qué invité a esta gente a comer a mi casa?



Caso II

Durante mi infancia amé a Kevin Arnold, el protagonista de Aquellos años felices. Soñaba con cruzármelo con su bicicleta por las calles de Quilmes. Era demasiado tierno, el novio ideal. Veinte años después, me pasan una página, me encuentro con esto:


Kevin tiene 34 años y no lo toco ni con el chorro de soda. Destruí mi recuerdo para siempre.


Caso III

Acabo de ganar un concurso en un blog que se llama Manual de perdedores, justamente, por contar una historia de mi infancia en la que me rompieron el corazón. Ganó por ser la más perdedora. No sé si alegrarme por el voto de la gente o llorar.


No me den más noticias ni toquemos el arcón de los recuerdos hasta el año que viene. ¡Gracias!

lunes, 28 de marzo de 2011

Esperando EL llamado...

Madre:
Tu hermano nos quiere dar una noticia, ¿vos sabés algo?

Capitana:
No tengo idea.

Madre:
¿Qué será: mudanza, embarazo, qué?

Capitana:
No tengo idea.

Madre:
Espero que venga pronto, ¿qué será?

Capitana:
No tengo idea.


Todavía no sé nada, me encantaría que mi cuñada esté embarazada pero esa bella noticia despertaría a un monstruo. De convertirme en tía, sonaría mi teléfono sin parar. Ring ring ring. Adivinen quién es... ¿Ya adivinaron? La conversación sería más o menos esta:


Abuela Kico:
Paolina, ¿por qué le hacés esto a la abuela?

Capitana:
Hola abuela.

Abuela Kico:
¿Por qué hacés esto?

Capitana:
¿Qué hice ahora?

Abuela Kico:
¿Por qué tu hermano, que es más chico que vos, va a tener un hijo y vos no? ¿Qué esperás?

Capitana:
Tener ganas de abandonar mi vida para ocuparme 24x7 de otra persona, querer limpiar vómitos, olvidarme de lo que era una charla adulta, conseguir quién me lo cuide....

Abuela Kico:
(Interrumpiendo)
Me quedan pocos años, y a vos también. No te hagas la pendeja.



Dios, que llame pronto mi hermano para contarme que se ganó la lotería, que asaltó un Banco, que cambió el auto o que ganó el pozo acumulado del Gran DT. Temo por mi salud mental.

sábado, 30 de octubre de 2010

Miles de censista, ¿cuál me toca a mi?

Luego de esperar durante diez horas al censista sin resultados positivos y justo cuando creíamos que finalmente seríamos olvidados, se nos cayó una idea, la única del mes: ¿Y si vamos a la escuela a censarnos nosotros mismos?

Allí fuimos con Muchacho y la niña. Un señor muy agradable se preocupó porque nadie nos haya tocado el timbre y se ofreció a censarnos en el acto. El trámite duró tres minutos tal cómo prometió.



Censista exprés:
Son unos minutitos, señora venga por acá. Digame, su nombre y el de su marido.

Capitana:
No es mi marido.

Censista exprés:
Pero yo los anoté como cónyuges.

Capitana:
Pero no estamos casados.

Censista exprés:
Pero viven juntos, así que están casados.

Capitana:
(Ay señor de mi corazón) No, no estamos casados. Somos concubinos (guacala, lo tuve que decir)

Censista exprés:
Bueno por eso, cónyuges.

Capitana:
A ver señor, ¿no le interesa al censo saber cuántos casados hay, cuántos concubinos? No es lo mismo.

Muchacho:
Dejá Paola, que ponga cónyuges.

Censista exprés:
Su hija, ¿cómo se llama?

Capitana:
No es mi hija. Ya fue censada en la casa de la mamá.

Censista exprés:
¿Cómo no es su hija?

Capitana:
Uf, ¿no es que deben ser censados en el lugar donde pasaron la noche? Ella durmió con la madre, no la vamos a registrar dos veces.

Censista exprés:
¿Pero cómo no es su hija? ¿Usted no tiene hijos? Tiene 30 años.

Capitana:
(?)



Basta, no me jodan más. Para mi que a éste lo mandó la abuela Kico.


miércoles, 20 de octubre de 2010

Kico, crítica literaria...

Contenta, le fui a dar la gran noticia a mi abuela...



Capitana:

Abuela, ¿te enteraste que voy a escribir un libro?

Abuela Kico:
¿Vos un libro?

Capitana:


Abuela Kico:
¿Y qué sabés vos de escribir un libro?

Capitana:
Vivo de escribir hace años.

Abuela Kico:
No vas a saber escribirlo Paolina.

Capitana:
Bueno.

Abuela Kico:
Tendré que leerlo, no sé. Capaz que sabés...


Diarios de todo el mundo y sitios de Internet, se están perdiendo a la crítica número 1. Cuando termine de escribirlo se lo hago leer, si Kico no levanta el pulgar, tiramos todo para atrás... ¡Crucen los dedos!


miércoles, 4 de agosto de 2010

La abuela Kico piensa, siente y dice...

Lunes, segundos después de mi aparición en tevé, vía comunicación telefónica:



Abuela Kico:
Ay Paolina, estuviste hermosa.


Capitana:
¿Te gustó?

Abuela Kico:
Sii, se te entendió todo, pensé que ibas a hablar rápido como siempre, yo nunca te entiendo nada.

Capitana:
.....


Abuela Kico:
Pero no, hasta tenés vos de locutora en la televisión.

Capitana:
Bueno, tampoco la pavada.

Abuela Kico:
Sí, yo te digo que sí. ¿Sabés a quién te pareces? A Maju Lozano.

Capitana:
Bue...


Abuela Kico:
Ahora voy a llamar a todos en Santa Fé (donde vive su familia) a ver si te vieron. ¡¡Saliste en la televisión!! Cuando te vi me puse a llorar, pensaba en el abuelo, si te viera cómo estaría...

Capitana:
No llores.

Abuela Kico:
No, no. Yo pensaba, capaz ahora te invite Mirtha, igual ya saliste en la televisión, tengo tema para rato... Mañana llamo a todo el mundo para decirles que mi nieta es famosa (?)






Minutos antes de salir al aire...

Con Petti, en el corte... Y el productor puteando a mi amiga por la cámara.



El después, agotada de tanta tensión pero feliz...

miércoles, 14 de julio de 2010

Despertame en diciembre...

La gente es quejosa compulsiva, en verano porque hace calor y no lo soportan; en invierno porque el frío está frío, ¿quién los entiende?

Podría mentir y decir que no soy uno de ellos, pero para qué mentir, amo quejarme. Igual en verano, lo paso mejor, aunque me quejo que tengo calor y que me baja la presión, pero no importa. Me olvido (o me resigno) del rollo y vivo en pollerita; omito que mi brazo no pasa la prueba del salero y vivo en straples, ¿qué carajo me importa?, si es verano y todos estamos de buen humor... Vacaciones; tardes de pileta y mate; cervecita helada al atardecer; cenas afuera; juntadas con amigos, trasnochadas con muchacho; picadas porque "ni da ponerse a cocinar con este calor" y mis vestidos, ohh mis amados vestidos de la abuela Kico, cómo los extraño por dioo.

En cambio esta porquería del invierno me saca de las casillas. Si tengo mal humor es por culpa del frío eh, aviso. Vivo con dolor de cuerpo y claro, estoy todo el día hecha una bolita, ¿cómo no me va a doler hasta el último músculo? La ropa de invierno es es- pan- to- sa, casi toda y encima mucho más cara. Mientras que en verano con un vuelto me compro una remerita, en invierno tengo que dejar medio sueldo cada vez que me tiento con algo... Ahh y ni hablemos de las camperas de abrigo, un tema que ya fue tocado en este blog en algún otro invierno nefasto. No las tolero, no las puedo ver ni siquiera sobre el cuerpo de otra persona.

Por ejemplo, ayer llegó muchacho con un camperón nuevo. Feliz el pibe lo saca de la bolsa y se lo prueba: ¿Esté bueno no mi amor?... No, espantoso. Su cara fue indisimulable, mi respuesta también. No lo puedo manejar, en cuanto me deje sola con esa cosa fea se la quemo. Es muy probable que esa camperota pierda la vida en el camión de la mudanza, ¿después de todo, con la cantidad de cosas que me quedan por embalar, tranquilamente puede sufrir un accidente no?

Dentro de este sufrimiento, se me ocurrió algo fantástico. És más, la creo una teoría tan buena que si logro juntar firmas, voy a presentar el proyecto para que sea discutido en el Senado.

Quiero que las personas que amen el frío sigan padeciendo esta ola polar, ese viento helado que te arranca la piel de la cara y que los que deseamos el verano, tengamos pasajes gratis para irnos a trabajar a Brasil. No quiero nada gratis eh, sí pido que nos den respaldo, nos ubiquen en casas y obliguen a nuestros empleadores a que nos permitan trabajar a distancia... o bien, que nos consigan un nuevo empleo pero con la opción de conservar el nuestro a la vuelta, allá por noviembre, diciembre.

¿No es genial? A los que estén de acuerdo, los espero del otro lado de la frontera tirada en una reposera sobre arenas blancas y coco en mano. A los que no, los saludo. Qué lo pasen lindo con sus camperones de invierno...

viernes, 28 de mayo de 2010

Almuerzan hoy con la Sra Mirtha Legrand...

Desde que tengo uso de razón mi abuela me perturba con lo mismo: ¿Cuándo vas a ir al programa de Mirtha Legrand? No sé, creerá que es como un trámite bancario o como ir a Telefónica a reclamar por una factura que nos cobraron duplicada.

Si bien para mi abuela sentarse en la mesa de la Chiqui es sinónimo de que llegaste, de que sos conocido, famoso y que te vas a llenar de dinero (atenti, nunca dije la palabra talento), en este caso eso no importa. Lo único que la desvive y por lo que sueña despierta es que la nombre a ella. La Chiqui, yo, alguien que esté invitado. Ella pretende que durante cinco minutos el diálogo de la mesa se detenga para dar paso al tema Kico, quiere que cuente que ella me crió, que siempre los quise como a mis papás y que me lavó el pelo hasta los doce años. Y que automáticamente, con lágrimas en los ojos, Mirtha diga: "un besito para la señora Kico, que es tan buena persona".

Esta tortura data desde mi infancia. Me ha llamado varias veces para que sintonice el canal: "Ay Paolina, está Mariana Fabbiani hablando sobre su abuelo, poné, como quiere esa chica a sus abuelos, siempre los nombra, vos tendrías que hacer lo mismo". Bue, ni hablar cuando va a almorzar Soledad Pastorutti, que siempre habla de su abuela. Lo mismo hace Julieta Prandi y también le gusta Campi, que nombra a su mamá que lo está mirando con las amigas del barrio(aunque no sea del rubro abuelas garpa). Por eso cuando alguno de estos personajes es anunciado por la locutora, relojeo el celular, se viene el llamado.

Cada vez que me pregunta a qué famosos le hice notas en la semana y le cuento, cree que se acerca el momento, renueva las esperanzas. "¿Si le hiciste una nota a Pinti, capaz ahora te inviten no?" Y no, soy la periodista no la entrevistada.

En fin, ayer les contaba esto a unas amigas y hoy me desayuné con que una de ellas creó un grupo en Facebook: "Tenés que almorzar con Mirtha para que Kico cumpla su sueño", dijo como si fuese fácil. Así que luego de la explicación, les pego el link para que se unan al grupo y se lo recomienden a sus amigos...

Hasta Tinelli, el Maipo y la mesa de Mirtha no paramos...

miércoles, 28 de abril de 2010

La abuela Kico se enamoró...

Así, sin muchos preámbulos, mi abuela me contó que estaba enamorada:


Abuela Kico:
¡Por Dios, este hombre me encanta!

Capitana:
¿Quién abuela?

Abuela Kico:
Amado Boudou, el ministro de economía. ¿No me digas que no te gusta?

Capitana:
Sí, tiene pinta.

Abuela Kico:
¿Pinta? A mi me encanta, qué juvenil se lo ve, cada vez que lo veo aparecer lo dejo para escucharlo un ratito, qué lindo que es y qué inteligente ehh, me encanta como habla... Y tiene una novia de tu edad, periodista, qué hermosa que es, ¿cómo se llama? No me acuerdo el nombre, pero es como vos, joven y periodista, encima dice que es buen hombre, podrías ser vos la novia, qué zonza.

Capitana:
¿Qué zonza? Sólo porque es joven y periodista, después no coincidimos en nada. Ni siquiera le hice una entrevista a él.

Abuela Kico:
¿Sabés como debe vivir esa chica? Qué lindo que es...



Con ustedes, el hombre que calienta a mi abuela: Amado Boudou



miércoles, 21 de abril de 2010

La mentira de la abuela Kico

Ayer por la noche pasamos con muchacho por la puerta de la casa de la abuela Kico. No frenamos pero vimos como un repartidor de pizzas dejaba un paquete en su casa, algo que no debería suceder, Kico no puede pedir pizzas, pero aunque lo niega es evidente que lo hace a nuestras espaldas. Hecho el comentario del engaño y recordando que mi hobbie de adolescente era hacerle bromas telefónicas a mi abuela, a muchacho se le ocurre una idea que para mi fue genial:


Muchacho:
¿Llamamos a Kico como si fuésemos empleados de la pizzeria y le decimos que pagó con un billete falso? (Sí, solemos ser un poco infantiles cada tanto)

Capitana:
Genial, llamala vos que no te va a reconocer. Poné el altavoz...


Se arma toda la función bajo la lluvia, en plena calle. Adrenalina pura, por un momento dejamos los treinta y pico de lado y nos pusimos en la piel de dos quinceañeros boludos... guauuu, regresión total. Arranca el acting, se tapa la nariz, altavoz al mango y que empiece el show:


Muchacho:
Hola, ¿con la señora de Andrade xxxx?

Abuela Kico:
Sí, soy yo. ¿Qué pasa?

Muchacho:
¿Usted pidió una pizza señora?

Abuela Kico:
Si, ¿qué quieren?

Muchacho:
Lamento informarle que pagó con 100 pesos falsos señora.

Abuela Kico:
¿Quéeeeeeeee? Imposible.

Muchacho:
Sí señora, me acaba de traer el chico de la moto el billete y es falso.

Abuela Kico:
¡Mentira! Tu tu tu tu tu.

Ante semejante corte, no queda otra que volver a llamar, pero fue en vano. Llamamos cinco veces pero no atendía el teléfono, se había enojado con el telefonista, nohabía vuelta atrás. Al rato la llamo yo, a ver si me contaba algo.

Capitana:
Hola abuela, ¿cómo estás? Te llamé hoy temprano pero no me atendiste.

Abuela Kico:
No, porque me llamaron para hacerme una broma y estoy cansada que me molesten. No se van a reir de mi.

Capitana:
¿Y qué te dijeron?

Abuela Kico:
Que di 100 pesos truchos cuando compré una pizza y yo no compré nada...

Capitana:
Ah, ¿pero ninguna otra cosa compraste, no fue un delivery a tu casa hoy?

Abuela Kico:
Nada, no pedí comida Paola. Te tengo que dejar. Tu tu tu tu...


Aún no le pude confesar que fuimos nosotros... y a ustedes, ¿cada tanto no les dan ganas de hacer algo que hacían de chicos?

viernes, 16 de abril de 2010

El gran paso de la Abuela Kico...

Al mismo tiempo que ganaba por segundo año consecutivo como: "Mejor personaje secundario en blog" gracias al voto de los lectores en el concurso organizado por Mandrake, la abuela Kico perpetraba un hecho histórico, inolvidable, una apuesta a la vida, al amor, una demostración de que todo es posible, de que hay que luchar por los sueños....

La Abuela Kico ¡¡se casaba!!



Miren la señora de azul...




No me digan que no es igual....


miércoles, 31 de marzo de 2010

Despedida...

Y un día llega el fin. Por más resistencia que le ponga esto tenia que suceder, ya no puedo hacerme la distraida. El tema me excedió y tengo que salir del lugar de queja permanente para comenzar a ocuparme. ¿De qué sirve llorar si el asunto tiene solución pero no hacés nada para remediarlo?

En fin, luego de amagar y amagar, de prometer como político, de jurar que iba a arrancar y desistir a las horas, se viene la transformación. Tres hechos me han hecho tomar la decisión:


Hecho número 1:

Fiesta con amigos, ronda de charla y alcohol, tema del debate: "fiesta de casamiento con muchacho", uno de sus amigos, un animalito de Dios, tiró el siguiente comentario...


Amigo de muchacho:
Sí, se tienen que casar, muchacho poné fecha. Pero vos antes tenés que adelgazar, no podés salir así en las fotos, es un recuerdo para toda la vida y cada vez que las veas te vas a ver gorda.



Hecho número 2:

Visita a la casa de la abuela Kico. Ella es terrible en todos los temas, la conocen, pero con asuntos de kilos es más medida, ha hecho dieta toda la vida y sabe lo frustrante que es subir y bajar de peso todo el tiempo, pese al sacrificio que uno le pueda poner. Mientras tomábamos mate, me mira...

Abuela Kico:
¿Estás como más grandota no? Ay qué pena Paolina, cómo engordaste, te estallan los brazos, estás como hinchada y muy culona. Qué lástima que ustedes salieron así (?)


Hecho número 3:

Cambio de regalos, probador. Te volvés a mirar al espejo después de mucho tiempo, refrescó y te toca sacarte los mágicos vestiditos para volver a clavarte un jean. Todo te apreta, nada te queda bien, todo lo que te probás te queda espantoso. Se te llenan los ojos de lágrimas, ¿cómo dejaste que esto suceda otra vez?. Te pregunta el vendedor desde el otro lado de la cortina: ¿cómo te quedó? y no sabés que contestar, sólo querés salir corriendo como una rata. No te queda otra que pedirle un talle más, te dice que ese es el talle más grande y te enojás, de todos modos tenés razón, han achicado los S, M y L para no acatar la ley de talles y cambiar los moldes. Finalmente te vas con dignidad, con algo en la bolsa que mucho no te convence pero ¿qué vas a hacer? "Algún día bajaré y me va a quedar mejor", te convencés.


Se acabo, a partir de mañana 1° de abril pienso tomar las riendas del asunto. Dieta, clases de baile y centro de estética. Son, en una primera instancia, 10 kilos los que tengo que bajar si o si, luego vemos si seguimos ajustando tornillos... El desafío está planteado, pero si no resulta tengo plan B: me interno en la clínica de Cormillot y que el hijo me ponga a dieta. ¡He dicho!


¿Quién se prende en este reality por cambiar los hábitos?

viernes, 19 de febrero de 2010

Encuesta: El disfraz de la abuela Kico lo elegís vos...

La gran mayoría de ustedes conoce a mi abuela Kico (y el que no, por favor dirigirse a la etiqueta denominada Abuela Kico). Ahora en base a su imagen, a lo que conocen de ella y al sentido común, los hago partícipes de una nueva encuesta: ¿Qué disfraz elegimos para que use la abuela Kico en mi fiesta de cumpleaños?


Abuela Kico:
Mirá Paolina que no pienso ir disfrazada a esa fiesta eh....


Capitana:
El que no viene disfrazado, al menos con una peluca o algo divertido, no entra.



Abuela Kico:
Bueno, entonces no voy.

Capitana:
No te hablo nunca más si faltás, es el colmo...


Abuela Kico:
Bueno, elegime un disfraz vos.


Pobre, en la que se metió... Acá los posibles candidatos y en la encuesta de al lado pueden votar a su favorito. Para que sea más divertido, igual dejen su comentario y si se les ocurre alguna otra cosa, estoy abierta a sugerencias.


Elegí tu favorito:


Doña Florinda


El demonio de Tazmania


Barney


Combo de Mc Donalds


Uno de los Tres chanchitos



Don Casamcrem



Cruela de Vil


Shrek


o la hacemos tirar la chancleta de una vez:


Policía en acción, en bolas



Ustedes eligen, ¿de qué la disfrazamos?

jueves, 18 de febrero de 2010

30 años y OTRA pregunta estúpida...

No conforme con la triste respuesta de muchacho, al otro día se me ocurrió increpar a mi abuela Kico. A veces creo que soy masoquista, que me gusta que me hagan sentir mal, sino no tiene explicación...


Capitana:
Ya viene mi cumple, ¿qué me vas a regalar?


Abuela Kico:

¿Qué querés?

Capitana:
No sé, no me regales una boludez, cumplo 30... y además andá pensando en el disfraz para la fiesta.

Abuela Kico:
Dioooooooooooooos, como pasa el tiempo, ya cumplís 30 Paolina. ¿Cómo perdiste el tiempo con ex novio eh?

Capitana:
¿Qué?

Abuela Kico:
Y claro, perdiste seis años de tu vida con ese chico y ahora vas a tener 30 años y no te casaste, no tuviste hijos, ya sos vieja para todo. ¿Qué pensás hacer?

Capitana:
Nada voy a hacer, te pregunté que me ibas a regalar, ¿qué tiene que ver todo esto?

Abuela Kico:
(Sorda, en la suya, compenetrada en su discurso)
Yo no lo puedo creer, que no te interese casarte ni tener hijos, que no te importe nada, que no te de lástima que me estoy por morir y no voy a conocer a un hijo tuyo. Te tendrías que haber peleado antes con este chico entonces ya arrancabas con muchacho y ahora estarías embarazada al menos.

Capitana:
Buenisiimo, ¿todo eso hubiese pasado?

Abuela Kico:
Vos porque sos una boluda, ¿sabés qué tenés que hacer? Engancharlo, ¡metele un hijo! Total ahora no va a querer pero cuando le des la noticia se va a alegrar, haceme caso, dejá de tomar la pastilla, las tirás por la calle lejos, que no se entere y seguís encamandote con él. Vas a quedar rápido, total ellos no saben nada, le metés cualquier verso y se lo cree. No vas a ser ni la primera ni la última que lo hace.


Decidido, no pregunto más. Que me regalen lo que quieran, total siempre lo cambio, éstas preguntas me salen demasiado caras, me conviene destruir la tarjeta a mi solita y que nadie me rompa las pelotas... Después no me pregunten por qué soy compradora compulsiva en recuperación...

martes, 26 de enero de 2010