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lunes, 5 de julio de 2010

¿Desististe Capitana?

En nuestras primeras vacaciones juntos muchacho me dio la gran noticia...

Fines de febrero de 2009, primer día de vacaciones en La Paloma, Uruguay. Un clima soñado, luego de un hermoso viaje en barco, uno no tan lindo en micro y de dejar las valijas en el hotel, saltamos a disfrutar del día en la playa desde tempranito. Fuimos directo al balneario que nos habían recomendado: "además de una buena playa tiene un parador donde hacen unos chivitos increíbles, no dejen de probarlos". Ahí fuimos los gordos como mosquitos hacia la luz.

Eran los primeros meses de relación, así que no habíamos tenido demasiado tiempo para pelear y aún reinaba el romanticismo que se esfuma con el tiempo y la rutina. Ahí sentadita, degustando un chivito increíble, escuchando No te va gustar (una de mis bandas uruguayas preferidas) en una radio local y tomando la primera cerveza helada de las vacaciones, tuve que salir a cabecear una pelota de piedra.

Muchacho:
Yo siempre le recomiendo a la gente que no se case, le tendría que haber hecho caso a mi viejo que siempre me decía que no me casara...

Capitana:
....

Muchacho:
¿Para qué sirve? Si no te asegura nada, después te divorciás, se llevan tus cosas, no tiene sentido. No debería existir el matrimonio, es una boludez.

Capitana:
¿Nunca te volverías a casar?

Muchacho:
Noooo, eso seguro. ¿No es lógico?

Capitana:
Claro.

No tuve valor para decirle la verdad. No pude más que aguantar las lágrimas y en mi primer día de vacaciones sólo quería salir corriendo... ¿Qué futuro puedo esperar al lado de una persona que no quiere proyectar conmigo?, recuerdo que pensé mientras masticaba mi sandwich en silencio.

Otra vez no puedo volver a pasar por lo mismo, ¿por qué llego a destiempo a la vida de las personas? Mi ex era un inmaduro que no podía comprometerse porque estaba muy ocupado con la facultad y el juego de moda para la compu, además vivía en una casa hermosa y confortable, y sobre todo, con todo pago por los padres, ¿para qué iba a querer salir de ahí para vivir en un dos ambientes con lo justo y encima tener que salir a trabajar?... Y ahora que estaba con un tipo más grande, mucho más maduro y centrado, súper trabajador, ya pasó por la experiencia, le fue mal y ni a punta de pistola la repetiría. ¿Soy la del problema no?

Como una guerrera combatí las lágrimas y hasta improvisé alguna risita, terminamos de comer y nos sentamos a tomar sol. Él se quedó dormido mientras que yo leía una revista y me preguntaba qué era lo que debía hacer con mi angustia, que no pensaba irse así nomás. Nunca me desveló la idea del casamiento, lo único más o menos loco que hice al respecto fue guardarme el modelo de un vestido bellísimo que vi en una revista por si algún día sucedía, pero no era un reclamo ni una meta en mi vida. Siempre fui de las que creen que primero es mejor probar una convivencia y después se ve. Pero que ya te digan: nunca me voy a casar, es un poco fuerte y automáticamente me di cuenta que yo sí lo quería, aunque nunca lo hubiese notado.

No pasó mucho más, muchacho se despertó, le dije que me había angustiado su comentario y lo arregló con la mentira más grande de la historia: "Si me casé y me fue mal, con vos prefiero no hacerlo, por cábala al menos, para que nos vaya bien". Y elegí creerla...

El otro día una de mis amigas me dijo que no podía creer que me estén organizando una despedida de soltera por la mudanza: "¿Entonces ya desististe del casamiento, no lo esperás más?" Y me dejó muda, se me hizo un nudo en el estómago y se me llenaron los ojos de lágrimas: "y sí, renuncio, no lo puedo obligar a hacer algo que no quiere".

¿Qué otra cosa puedo hacer, tal vez su excusa se haga realidad y así nos vaya mejor no?

martes, 4 de mayo de 2010

La misma música, algunos años después...

Hace casi dos años, cuando nos volvimos a cruzar con muchacho e iniciamos una relación en un momento confuso para los dos, me dijo una frase que me encantó: "En otro momento de mi vida te llevaría a vivir conmigo, me quiero despertar todos los días con vos". Unas semanas después, ya viviendo con mi familia otra vez, pasé por mi departamento de soltera en la calle Córdoba y le mandé un mensaje con nostalgia: "Acabo de pasar por mi antigua casa, quiero llorar, cómo la extraño", a lo que contestó en un sms que aún conservo: "Vivir conmigo va a ser mucho mejor". Guauu, me pintó una sonrisa de boluda en plena vía pública.

Un tiempo más tarde, en un ataque de llanto porque no soportaba más a mi familia, me interrumpió y tiró en caliente: "Basta, venite a vivir conmigo". Creí que se iba a retractar, pero no lo hizo... y me enamoró para siempre. A sólo unos pocos meses de estar juntos, me hacía una propuesta que sinceramente no esperaba pero que me parecía hermosa. Así de a poco me fui quedando, primero tres o cuatro veces por semana iba y volvía con mi bolsito y con la pregunta constante: ¿Hoy no preferís quedarte solo? (Nada más feo que ser una invasora). Pero no, para mi sorpresa no se cansaba de recibirme y así fuimos sumando días hasta ésta realidad, donde de algún modo ya es mi casa también.

No estaba acostumbrada a tanto, todo era nuevo. Durante años lloré por una persona que no podía comprometerse, que me pidió que nos mudáramos juntos y a la semana se arrepintió. "Perdón, me dejé llevar por la emoción", tiró sin medir lo que podía pasar del otro lado. Y su respuesta me dejó triste, sin esperanzas. Creía que esas cosas no me iban a suceder nunca y sin embargo, hoy estamos planeando una mudanza con muchacho con mucha felicidad.

Cuando en julio de 2008 dejé mi departamento de soltera en las máximas de las depresiones para volver como el perro arrepentido a la casa familiar, otra vez había perdido las esperanzas. Nada me hacía sonreír, nada. Todo el mundo repetía sin parar, incluso en comentarios en éste blog: "Ya vas a poder volver a mudarte, seguro que cuando lo hagas lo vas a hacer feliz y en pareja". Una utopía enorme para ese momento de mi vida, un imposible. Por eso cuando muchacho me dijo que llamó al administrador de nuestra futura casa y le pasó la fecha de mudanza definitiva para el 1° de julio se me llenaron los ojos de lágrimas, el vaticinio de mis seres queridos no era sólo una palmada de aliento, fue real. El mismo mes.

Esta tarde escuché un tema de Pink Floyd que me hizo viajar al pasado. Estaba triste, tenia miedo, no me podía dormir de noche por las constantes crisis y siempre alguno de mis amigos se quedaba a acompañarme, al menos hasta que me durmiese. Una vez le tocó a mi amigo Loli, que me hizo acostar, puso "Dark Side of the Moon", apagó la luz y me recomendó: "Por un rato no pienses en nada, dejá ir la mente". Eso hice... y aluciné y lloré con más fuerza. Eso mismo me pasó hoy por un rato pero la sensación fue totalmente contraria, sonreí de felicidad. Por todo lo que conseguí, por la decisión que tomé en estos días, por el hombre que tengo al lado, por todos los amigos que siguen al pie de cañón y los que se van sumando. Y porque ya no tengo dudas, para mi también existen las revanchas.


jueves, 18 de febrero de 2010

30 años y OTRA pregunta estúpida...

No conforme con la triste respuesta de muchacho, al otro día se me ocurrió increpar a mi abuela Kico. A veces creo que soy masoquista, que me gusta que me hagan sentir mal, sino no tiene explicación...


Capitana:
Ya viene mi cumple, ¿qué me vas a regalar?


Abuela Kico:

¿Qué querés?

Capitana:
No sé, no me regales una boludez, cumplo 30... y además andá pensando en el disfraz para la fiesta.

Abuela Kico:
Dioooooooooooooos, como pasa el tiempo, ya cumplís 30 Paolina. ¿Cómo perdiste el tiempo con ex novio eh?

Capitana:
¿Qué?

Abuela Kico:
Y claro, perdiste seis años de tu vida con ese chico y ahora vas a tener 30 años y no te casaste, no tuviste hijos, ya sos vieja para todo. ¿Qué pensás hacer?

Capitana:
Nada voy a hacer, te pregunté que me ibas a regalar, ¿qué tiene que ver todo esto?

Abuela Kico:
(Sorda, en la suya, compenetrada en su discurso)
Yo no lo puedo creer, que no te interese casarte ni tener hijos, que no te importe nada, que no te de lástima que me estoy por morir y no voy a conocer a un hijo tuyo. Te tendrías que haber peleado antes con este chico entonces ya arrancabas con muchacho y ahora estarías embarazada al menos.

Capitana:
Buenisiimo, ¿todo eso hubiese pasado?

Abuela Kico:
Vos porque sos una boluda, ¿sabés qué tenés que hacer? Engancharlo, ¡metele un hijo! Total ahora no va a querer pero cuando le des la noticia se va a alegrar, haceme caso, dejá de tomar la pastilla, las tirás por la calle lejos, que no se entere y seguís encamandote con él. Vas a quedar rápido, total ellos no saben nada, le metés cualquier verso y se lo cree. No vas a ser ni la primera ni la última que lo hace.


Decidido, no pregunto más. Que me regalen lo que quieran, total siempre lo cambio, éstas preguntas me salen demasiado caras, me conviene destruir la tarjeta a mi solita y que nadie me rompa las pelotas... Después no me pregunten por qué soy compradora compulsiva en recuperación...

jueves, 23 de julio de 2009

Si no nieva se pudre el guiso!!

Si sigue haciendo este frío y no cae un copo de nieve se va a pudrir todo... Porque una cosa es que haga mucho frío pero ver algo distinto, poder salir a armar un ¿muñeco? y otra muy distinta es padecer este frío helado en vano, me estoy congelando.

Necesito que caiga nieve ya, es un pedido desesperado a la naturaleza, a Jesús, a Satán o a quien corresponda. Pero no sólo para justificar el frío sino también para tener un lindo recuerdo de la nevada como el resto de las personas.

Hace dos años, un 9 de julio, caía nieve después de décadas en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. La gente salía a las calles a festejar menos yo que me tocaba trabajar doce horas y atravesaba uno de los días más tristes de mi vida (está en el top five de días tristes de los seres humanos, lo juro, le gano a cualquiera).

Resulta que por esas épocas trabajaba en una revista y los lunes teníamos cierre de la edición semanal, sea feriado, llueve, truene, o haga frío polar ahí teníamos que estar. Esa mañana me levanté casi llorando, congelada, me subí al colectivo y viajé una hora para ir a trabajar como un día más, maquinando a mil, deseando que un rayo parta a ese colectivo al medio asi al menos dormía tapada en alguna camilla de hospital, todo era mejor que soportar ese frío.

Llego al trabajo y no para de sonar el teléfono: "Boluda no sabés lo que esto, está nevandoooo"; "Nieva por primera vez y vos no lo podes ver"; "Jajaj te querés matar, estamos armando muñecos de nieve y vos encerrada ahí hasta las 12 de la noche"... así todo el día mis hermanos, mis amigos, mi abuela. ¿Por qué no se matan?. Salí a comprar comida, todo cerrado por el microcentro, con mi amigo Pablito nos agarrábamos del brazo para no volarnos y encontramos un Burguer, la vida me sonrío por unos minutos pero otra vez a la esclavitud. Tipo 20 deciden largarnos: "vayan a disfrutar el día"... ¿el día? y con esa excusa no nos pagaron el taxi de vuelta a casa.

Parada del colectivo, una hora de espera, ganas de llorar solita con mi alma en el medio de la ciudad oscura, música tristísima en el mp3, mojada culpa de esa especie de "aguanieve", sintiéndome la más desdichada del mundo se me ocurre llamar a mi ex con el que hacia una semana nos habíamos separado de común acuerdo después de (casi) cinco años...

Capitana:
Acabo de salir del laburo, me quiero matar, no pasan colectivos y no hay nadie en la calle por el feriado. Encima está nevando, ¿viste?

Ex Novio:
Sii, estuve toda la tarde en el jardín armando un muñeco de nieve, me quedó buenísimo. Después te mando la foto.

Capitana:
(Basta de preámbulos, para eso lo llamé) ¿Me venís a buscar?

Ex Novio:
Ni en pedo salgo de mi casa con este día, sólo salí para armar el muñeco. Además estamos separados, tenemos que hacernos cargo de nuestras decisiones de una vez sino nos seguimos confundiendo.

Capitana:
Ah bueno, ¿y me querés mandar la foto de tu muñeco de nieve?... Hoy hubiera sido nuestro aniversario, ¿te acordaste?

Ex Novio:
Si me acordé todo el día pero no te voy a ir a buscar, no me hagas la psicológica porque no me vas a convencer, perdoname Pao pero mejor no hablemos más, tenemos que seguir con nuestras vidas por más que nos cueste.


Y lloró. Y cortó. Y me partió el corazón más de lo que estaba. Y me sentí más sola de lo que me sentía. Y fui un poco más perdedora que antes. Así me subí al colectivo que por fin llegó y soporté el frío durante una hora hasta llegar a casa sin ganas de nada, llorando con el mayor de los desconsuelos... y tuve que bancarme ver todas las fotos y videos que había hecho mi familia del gran día.

¿Ven por qué necesito que vuelva a caer nieve sobre ésta cuidad? Necesito cambiar el recuerdo, trocarlo por una más lindo, salir a armar muñecos con una zanahoria de nariz aunque me parezca una pelotudez, abrazarme a la gente y gritar: "nieva, nieva" como el resto de los mortales pudo hacer hace dos años.

Que caiga nieve ya, he dicho... o me van a ver inmolada en Plaza de Mayo!



Mi revancha un año después en El Bolsón... ¡¡Tomen putos!!



Y ustedes porteños, ¿qué recuerdo tienen de ése 9 de julio?
Y a los que viven en otros lugares y ven nevar más seguido, ¿cuál es el recuerdo más lindo que tienen de la nieve?

jueves, 30 de abril de 2009

Cerrando círculos

Y un día me tocó hacer limpieza en mi propia casa, en mis propios recuerdos, en mi pasado... ya no le podía escapar. Así fue como comencé a abrir de a una las cajas de mi independencia frustrada que estaban apiladas en un rincón desde la vuelta al hogar familiar. Una tarea que por una cosa u otra pospuse mes tras mes con alguna excusa elegante.

La espera llegó a su fin y tan mal no me fue. Aún no terminé y ya encontré ropa que creía perdida; apuntes; contactos que pueden servirme para mi búsqueda laboral; adornos hermosos que pienso tener en cuenta para la futura casa con muchacho, cartitas y regalitos que me hicieron reír y otros no tanto; fotos; recuerdos... recuerdos.

Y entre todo eso me topé con un relato que parecía caerme como anillo al dedo para la tarea que estaba realizando, que me alentaba a tirar, a desprenderme, a terminar de soltar... y aunque es probable que lo conozcan porque es muy popular, me dieron ganas de copiarlo porque tal vez a alguien le pueda servir en este momento de su vida. No recuerdo quién me lo paso a mi para que lo lea pero puedo imaginar perfectamente el porqué de ésa recomendación.

Se llama "Cerrando Círculos" y es de Paulo Coelho, los prejuicios sobre el autor esperen un poco y leánlo hasta el final porque realmente es muy bueno...



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?
¿Se acabó tu relación?
¿Ya no vives más en esa casa?,
¿Debes irte de viaje?
¿La relación se acabó?

Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado, ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo,hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas,y hay que aprender a perder y a ganar.

Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú.

Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.

¿Noviazgos o amistades que no clausuran?,
¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?)
¿Necesidad de aclaraciones?
¿Palabras que no se dijeron?
¿Silencios que lo invadieron?

Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven, pero no por orgullo ni soberbia, sino porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.

Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo,llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal
aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y que humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad, pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!





Y como no creo en las casualidades pero sí en las causalidades debo decir que miré el almanaque y entendí todo: justo hoy se cumple un año de aquel día que junté coraje de no sé dónde y tomaba la determinación más difícil, dolorosa y acertada de mi vida: decidía dar vuelta la página y empezar de cero. Aún sabiendo que estaba solita con mi alma, convencida que iba a llorar como nunca en mi vida, que nada me iba a conformar, que la soledad y la tristeza se apoderarían de mi, que me quedaría con pocas energías pero que era necesario pasar por todo eso si algún día esperaba volver a sonreír y ser realmente feliz.

Y todo eso pasó... y mucho más también, pero valió la pena cerrar el círculo a pesar del dolor porque hoy puedo disfrutar de un presente mucho más alegre y de una nueva historia que no imaginaba ni en sueños vivir. Sólo tenía que animarme...

miércoles, 18 de marzo de 2009

Hace 29 años...

El 18 de marzo de 1980 dicen que fue uno de los días más calurosos del año. Cuenta la leyenda que mi madre (primeriza ella) estaba tan relajada que se tomó su tiempo para pintarse las uñas y maquillarse antes de correr al Sanatorio (¿de acá habré sacado mi adicción a los esmaltes de colores?).

Ya en el hall se encontraba una familia entera también primeriza en esto de recibir bebés. Fui la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina, la niña más esperada (no así deseada, fui producto de un accidente, hice casar a mis viejos re jóvenes, una rompebolas a la que se lo hicieron pagar de por vida). Pero pasados los nueves meses todos querían conocerme la cara y ahí aguardaban mi llegada.

Mi viejo arrancó con todo y se desmayó en el parto. El médico lo sacó para que no entorpezca el escenario: "Señor, su mujer está dando a luz, no lo podemos estar atendiendo a usted a cada rato" le dijeron expulsándolo de la sala de partos. Rato después, le piden que se acerque: "es una nena" y todos lloran.

Pasa a conocerme y hace la presentación en sociedad detrás de un vidrio. Hasta el día de hoy mi tío Mario cuenta que tiene grabado el grito espamentoso de mi abuela Kico: "Ay Dios mio, nunca vi una nena más hermooooosa, gracias" (¿gracias a quién abuela?) y el llanto contenido de mi abuelo (para el que siempre fui la hija mujer que nunca tuvo, la reina suprema).

Tuve una infancia feliz, con pocas cosas materiales pero rodeada de amigos que aún conservo. Una adolescencia no tan alegre, demasiado conflictiva y acomplejada, con una gran coraza que algún día iba a romperse de la peor manera. Y tengo una vida adulta con altibajos, calculo que como todo el mundo. Vengo de pasar el peor año de mi vida, donde lo perdí todo (trabajo, casa y seis años de relación en un margen de tiempo muy corto); combatí una depresión profunda; perdí las ganas de vivir, lloré como nunca antes lo había hecho y me aislé del mundo por un tiempo recluida en una oscuridad que no se la deseo a nadie. Creí que mi vida no tenía sentido y me resigné a esperar el peor de los desenlaces. Pero mágicamente, el destino me tiró una soga y me reencontré con el sentimiento más puro que puede tener un ser humano: el amor. Y todo cambió.

No se solucionaron mis problemas, pero ahora tengo al lado a una persona a la que amo profundamente, que siento que me ama, que se preocupa por mi, que me incluye en su vida, que proyecta conmigo y sobre todo, que me hace reír, y eso ya es muchísimo. Mi vida dio un vuelco absoluto y de sentirme sola pasé a tener una familia completa: pareja y pioja, domingos en compañía, planes a futuro y un proyecto de hogar tan cercano como nunca antes había tenido.

Aprendí a cocinar (gracias a las recetas de ustedes), a usar el lavarropas y sobre todo, a vivir al lado de un tipo que no me da sobresaltos y en lugar de traerme problemas, me los soluciona. Creo que he crecido, que los golpes no fueron en vano y que la espera tuvo su recompensa. Faltarían algunos detalles para que mi felicidad sea completa pero todo no se puede. Me quedo con la posibilidad de ser feliz todos los días un ratito... ¿de eso se trata la vida después de todo no, de cosechar la mayor cantidad de momentos felices?

Hace unos años fui a una "bruja/vidente/tira cartas" y me dijo que estaba en una mala etapa, que duraría desde mis 22 hasta mis 29. Que en ese tiempo perdería muchas cosas materiales y no tanto; que seres queridos se alejarían por diversos motivos (por fallecimiento: mi querido abuelo; por alejamiento: varios amigos que extraño y ya no veo como antes); que haría limpieza del alma alejando de mi vida a aquellas personas que no me suman y algunas otras cosas más que no recuerdo (o no quiero recordar, como que me iba a casar y a tener una hija). La mayoría de esas cosas pasaron y técnicamente ya estoy en la recta final de la mala suerte, según sus predicciones.

Por eso, en este último año de los veintipico y a un año redondo de mis 30 (espero no tener crisis existencial para el próximo marzo, considero que ya la tuve en este 2008, no me jodan más) proclamo EL gran año de mi vida, donde voy a conseguir lo que no pude hasta ahora y donde me voy a reír por tantas lágrimas derramadas. Esa es mi consigna para estos 29, a concretar sueños, a sonreír más y a ser menos sensible... si se puede.


Y para musicalizar les dejo la canción que más me hace acordar a mi infancia... mi abuelo prendía el tocadiscos los sábados al mediodía y me la cantaba... sí, fui feliz (y no quiero llorar!)

jueves, 12 de febrero de 2009

Se acerca... se acerca... ¡tengo miedo!

No hay caso, estamos recién en febrero y debe ser el tercer o cuarto post del año con deseos asesinos. O algo anda mal en mi y debo volver a terapia o el resto conspira para sacarme de las casillas, no sé con qué opción quedarme. Pero si la primera premisa es la correcta, ésta vez estoy justificada.

Se acerca una de las fechas que más detesto del calendario (tanto como la Navidad). En unos días es San Valentín, el día de los enamorados o como corno lo quieran llamar, esa pantomima comercial que nos obliga a amarnos más que nunca, a comprometernos, a hacernos promesas de amor eterno que se rompen con amantes al día siguiente, a pagar el doble por una cena en cualquier restaurante, a pensar en gestos para sorprender al otro, a comprar un regalo... qué mal me pone por favor (lo de los regalos no me pone mal, muchacho me encanta recibirlos todos los días del año, no discrimino fechas).

Sigo... Nunca jamás festejé el 14 de febrero como una fecha especial, tal vez todo surge de aquí y soy una resentida que se pierde de un día fenomenal. Lo más parecido a un festejo en toda mi vida fue hace unos tres o cuatro años, una cena romántica en un barco que zarpó de Puerto Madero bajo la luz de una luna preciosa... un escenario soñado para cualquiera menos para mi. La invitación me llegó a la redacción de la revista, iba a estar lleno de periodistas y como no tenía con quien ir llamé a mi ex (que en ese momento también era ex desde hacia unos poquitos días) para que me acompañe. Un momento preciosísimo, el tiempo se detuvo por dos horas, pero una vez en tierra todo volvió a la cruel realidad y cada uno a su casa llorando.

Es mi único recuerdo de "festejo" y ya ven con qué poco me conformo: una cena gratis, un barquito que apenas se movió de la orilla y un tipo que llegó tironeado advirtiendo que esa cena no modificaba en nada su decisión, una perdedora importante con un nuevo cachetazo al ego. No tengo otros recuerdos "lindos" pero sí muchos bizarros. Otro San Valentín que también estaba en un break con la misma persona decidí salir con mi amiga Daniela para despejarnos un rato. Qué mala elección, terminamos en el cine viendo una película malísima huyendo de las parejas melosas. A donde mirábamos ahí estaban, hombres caminando solos con ramos de flores listos para hacer feliz a alguien que no éramos nosotras; encuentros a puro beso; parejas de la mano por doquier... terminamos con resaca de pochoclos en un ciber chateando con nuestros ex llorando a moco tendido y rogando por un encuentro improvisado. Terminamos durmiendo las dos en casa, con los ojos hinchados de tanta lágrima.

De más chica un noviecito me dejó un 14 de febrero. De más grande, novio dos (el fucking hincha de racing) me regalaba un anillo de compromiso que año después terminaría en el fondo del río de Quilmes con la esperanza que nunca se asome a la superficie.

Aprendí a odiar a todo lo que tenga que ver con el día de los enamorados: chocolates, osos, corazones, flores. Púdranse, no pienso comprar nada el doble de precio porque a alguien se le ocurrió que esa jornada tengo que festejar, no me voy a estrenar una tanga ni voy a organizar una cena a la luz de las velas. Quiero disfrutar del amor de mi novio todos los días, no una vez al año... no me interesa la hipocresía de la pareja feliz por una noche.

Ahora ya lo saben. Dejen de preguntarme qué hago el sábado. No hago nada y es más, casualmente me quedó sola en casa porque muchacho tiene que trabajar y la genia mundial de su ex (desde ahora creo que la voy a llamar así para siempre, ¡qué habilidad para la maldad, esta chica tiene que dar cursos!) ya dictaminó que le deja a la nena. No sea cosa que él quiera festejar algo, que quiera pasarla bien... ojalá que se cruce con el amor de su vida esa misma noche y se la lleve a vivir a la isla inubicable de Lost (perdón, pensé en voz alta, eso es para el otro blog).

En síntesis, es muy probable que sea yo que para esta fecha siempre flaqueo y veo todo negro... tal vez el enojo sea porque muy en el fondo me encantaría festejarlo y no me puedo hacer cargo, nunca tuve la oportunidad de saber de qué se trata. Y encima, para evitar bajones invité a todas mis amigas a mi casa y las muy farsantes salen a cenar con sus novios... ¿Les parece?

No hay derecho... qué sola estoy en esta cruzada anti San Valentín.



Y ustedes, ¿se pliegan el sábado a la movida o se resguardan del mundo como pienso hacer yo?

martes, 10 de febrero de 2009

Adivinen quién volvió al ruedo: ¡la abuela Kico!

Si tengo que comparar a mi abuela Kico con algún personaje del saber popular, no lo dudo: es igual al personaje de China Zorrilla en Esperando la carroza. Ayer después de más de veinte días sin siquiera llamarla, aproveché el cumpleaños de mi abuelo de la otra rama familiar, y me pasé por el barrio. Maté dos pájaros de un tiro en tan sólo tres cuadras y dejé a dos viejos contentos.

Con mi abuela no hablaba desde el último desplante y porque la conozco, sabía que iba a estar hecha una seda. Así fue, por los primeros cinco minutos, hasta que se sentó mate en mano y le dio salida al demonio que habita en ella. A medida que la iba escuchando, por momentos más atenta que otros, se me representaba este personaje. No lo podía creer, es idéntica... habla con el mismo enojo, mete ficha para todos lados, arma lío entre los familiares para luego lavarse las manos y lo que es peor, utiliza sus enfermedades en beneficio propio. Voy a terminar pensando que no quiere a nadie... Acá reproduzco algunos fragmentos de la charla de ayer (que duró dos sorpresivas horas) para que analicen con qué pie se despertó de su siesta.

Bocadillo 1:
(conventillo familiar)

Abuela Kico:
Estoy segura que tu padre no me quiere (hablamos de su hijo eh, al que tiene como una especie de Conchita, de un lado para el otro). Ese hijo de puta siempre fue igual. No tenemos afinidad.

Capitana:
Abuela, te hace mil favores pobre tipo. Es el que más te visita y te ayuda.

Abuela Kico:
Es un hijo de puta, para venir con esa cara de culo que no venga. Ya lo dijo tu tío también (quien quizás ni esté enterado del suceso). Está enojado, lo va a cagar a trompadas porque ya fue dos sábados por la tarde con intención de comer un asado en la casa de tu papá y él ya tenía planes con amigos. Siempre con la montonera de amigos ese boludo.

Capitana:
Y a mi si me caés un sábado a las 18 capaz que también tengo planes...

Abuela Kico:
Por eso es merece que lo cague a trompadas. Ya le dije que Mario le quiere pegar (?)


Bocadillo 2:
(contra muchacho, con quien creí que tenía buena onda)

Abuela Kico:
¿Cómo te llevás con este chico?

Capitana:
Súper bien, la verdad que estoy contenta.

Abuela Kico:
Bueno a ver si lo querés un poco más a éste, porque al anterior no lo querías mucho, pobre.

Capitana:
¿Eh? ¿Pobre? Caí en un pozo depresivo de más dos años por su ciclotimia, le permití cosas increíbles, dejé pasar millones de mentiras...

Abuela Kico:
Noooo (interrumpiendo), depresión es lo que tengo yo desde jovencita querida, lo tuyo no fue depresión o si pero no me enteré porque no te vi, me amargabas. Igual, te volviste a equivocar, elegiste mal. Éste parece un buen chico pero tiene una hija, no te va a durar tampoco Paola. No sabés lo que es criar a un chico y que encima no es tu hijo, que lo tuvo con otra (metiendo el dedo aún más, por si no había dolido suficiente)

Capitana:
Me llevo genial con la nena. Lo conocí así y así lo acepto, no me pesa, estoy enamorada y nos llevamos perfecto, no lo voy a dejar por eso.

Abuela Kico:
Eso lo decís ahora, pero cuando vivan juntos, llegues de trabajar y tengas que cocinar para tres te quiero ver. Vos, que no sabes cocinar ni una salchicha, te morís (estas equivocada querida, voy camino a ser una gran cheff... el viernes hice unos tacos riquísimos)

Capitana:
Será como cocinar para dos pero con un puñadito más de fideos...

Abuela Kico:
Bueno, vos discutís todo.


Bocadillo 3:
(otra lanza para mi viejo, que está de vacaciones en Córdoba con Bebu y un grupo de amigos y el domingo se sumaron mi hermana y mi vieja, con la que se lleva genial pese a estar separados hace seis años)


Abuela Kico:
¿Ya se fueron tu mamá y tu hermana a Córdoba?

Capitana:
Si, el domingo. Ya me avisaron que llegaron bien. Se vuelven el domingo todos juntos en auto.

Abuela Kico:
Qué pelotudo es ese tipo eh. Le paga todo a la ex mujer el enconchado y ella no le da ni pelota (lo recuerdo y me rio, juro que todo es copia fiel de la charla)

Capitana:
Que se yo abuela, son grandes, estuvieron toda la vida juntos, ninguno tiene pareja y ahora se llevan mejor que antes. Cuando alguno de los dos rehaga su vida, ya no se irán más. ¿Qué sabés además si le paga todo? No te metas...

Abuela Kico:
Es un pelotudo.






Una recopilación genial que encontré en You Tube con las mejores escenas de China (para los que no la conocen y son lerdos para darse cuenta, es la señora de rulos que grita como Sargento. Quien no vio la película, que la alquile hoy mismo que no se va a arrepentir :)

miércoles, 31 de diciembre de 2008

A ver cómo me despido de vos 2008...

Si bien siempre me pareció una estupidez esto de "año nuevo, vida nueva" (¿qué puede cambiar de un miércoles a un jueves?) me voy a sumar a esta movida milenaria que, para mi gusto, tiene más que ver con un cambio de actitud personal que con un milagro del cosmos.

No pretendo hacer un balance puntual porque ya lo hice en este extenso post pero sí quiero hacer la última catarsis del año más movido de mi vida, el que me hizo crecer, el que me encontró feliz y me despide más feliz aún (aunque en distinta situación), pero que en el medio me sumergió en la peor de las pesadillas.

Así que a modo de recuento y porque amo hacer listas, acá va la mía para la posteridad:

- Casas en las que viví: 2
- Novios: 2
- Borracheras: muchas
- Lágrimas que derramé: incalculables, como nunca antes hubiera imaginado.
- Veces qué pensé en tirar la toalla y terminar con mi vida: 2
- Días de oscuridad: al menos 150 (diooos, pasé la mitad del año pésimo)
- Días consecutivos que lloré sin siquiera parar para comer: 3 (ingresé en el Guiness)
- Entrevistas de trabajo en las que me dijeron "sos mucho para este cargo": 10 (y sigo sin conseguir... pensar que la traba antes era no tener experiencia)
- Abuelos qué perdí: 1 (la abuela Inés)
- Personas a las que extrañé mucho: 3
- Viajes: 6 (y los repaso porque me encantaron: Santa Fe y la costa con mi viejo y Bebu; Entre Ríos con mi ex; Bariloche con amigos; Mar del Plata con Gabi C y El Bolsón con Fede... escucho ofertas, aprendí a armar el bolso en ¡¡media hora!!)
- Amigos que gané: unos cuantos y todos gracias a este blog.
- Prejuicios que rompí: muchísimos.
- Días en los que soñé que las cosas me vayan distintas: 366

Pero como esta nueva Paola planea pensar un poquito más en positivo, no quiero quedarme con lo malo (que como verán inclina la balanza en esa lista) sino resaltar lo mejor que me pasó.

Gracias 2008 por devolverme la esperanza, por permitirme mágicamente confiar y sobre todo, por poder volver a ser yo misma, esa persona divertida a la que le brillan los ojitos.

Y sobre todo, gracias por darme la posiblidad de volver a enamorarme, algo que no estaba en mis planes por mucho tiempo pero que en el fondo deseaba con todo mi corazón.

Soy feliz; tengo proyectos y salud; quiero que este período de malas rachas se corte definitivamente y voy a hacer todo para que así suceda; tengo al lado a la mejor persona que puedo tener y no sólo me despierta con un beso todas las mañanas sino que también me da la paz que necesitaba; y como si esto fuera poco, me siento súper querida, que era lo que más deseaba después de una vida tan carente de afecto...

No mucho más para decir... me prometí no emocionarme pero no pude aguantar, estas fechas me pueden y siempre las paso llorando.

A los que no están, los llevo en mi corazón y lo haré por siempre....
A los que me siguen acompañando, ténganme paciencia.





Les deseo a todos un 2009 lleno de sonrisas... yo sueño eso para mi.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La abuela Kico dice...

Es un ser tan particular que ya nada asombra. Ha desatado las más grandes peleas dentro de la familia por sus dimes y diretes, cuando en lugar de dar su opinión siempre desfavorable sobre una situación, pone la crítica en boca de otro. Para ser más gráfica: "el tío Mario está enojado porque nunca venís a visitarme, dice que sos una desagradecida". Antes, yo llamaba al tío Mario y lo puteaba. Ahora no porque ya sé que él no dijo nada y que en realidad es el modo encubierto de ella para decirme lo que le molesta. Pero hasta que lo aprendimos, fue conflicitvo para todos.

Mi abuela bien podría ser la protagonista de una película de ciencia ficción. Puede formar parte del staff de "Los Super Amigos" porque tiene dos poderes: la lengua y el teléfono. Lástima que los use para hacer el "mal". Lejos está de esas abuelitas tiernas que soñaron desde chicas una mesa larga llena de hijos y nietos para cocinarles. Mi abuela no cocina hace años; no le gusta recibir visitas; se molesta si le hacen migas y mucho más aún, si alguien toca alguno de sus objetos de valor que se resumen en cachivaches y floreros que trajo de su viaje por Europa.

El martes a la noche cuando llegó muchacho en cuestión se quedó enamorado de sus sillones rojos. Una suerte porque siempre dije que algún día iban a ir a parar a mi casa. Al rato, le estábamos dando vueltas la colección de discos antiguos y revolviendo cajones en busca de antigüedades. En otro momento hubiera gritado como una loca que no ensuciemos, que dejemos todo como está, que aún no murió y no sé cuántas barbaridades más... pero esta vez se reía jocosa, le festejaba todos los chistes, me di cuenta que le cayó bien de entrada y que siente que es mi última oportunidad (sí, aunque ni ustedes ni yo lo puedan creer, es así para ella).

Aunque durante la cena hablaron sin parar y le dijo que era lindo miles de veces, yo no me quedaba del todo tranquila. En las viñas de mi abuela todo puede pasar. Ha detestado a varios de mis novios y esto me lleva un repaso obligado:

A novio uno lo quería, es realmente adorable, el pibe más inofensivo del mundo pero así y todo acotaba cada vez que podía: "ese chico no es para vos, es un boludo". Que no es para mi es cierto, pero no era ni es ningún tonto y eso ¿quién se lo hace entender?

A novio dos al principio le hizo la guerra, después fue la primera cómplice para que me pudiera quedar a dormir en su casa y después no le volvió a cerrar porque erabarrabrava, fanático de Racing y gritaba los goles en mi casa bostera: "eso es una falta de respeto". Dijo de todo sobre él y yo me enojaba pero con el tiempo tuve que darle la razón, el pibe era un desastre. Ahora, bastó que yo me separara para que lo invité a su casa a tomar mate seguido y me diga: "es un buen chico, vos también sos terrible". ¿Quién la entiende?

A novio tres, que lo conocía desde mucho antes de ser mi pareja porque era uno de mis mejores amigos lo amaba. "Un chico así tenés que buscarte vos". Bastó que se convierta en mi novio para tildarlo de soberbio, para torturarme con que aún amaba a su ex (a quien todos conocíamos de épocas pasadas) y que a mi no me iba a querer nunca como a ella. Para mi sola eso ya era un karma, con su ayuda fue terrible ese año de relación. A pesar de que nos dio una mano grandísima cuando se enfermó mi abuelo, ella siempre lo miró raro y eso que es un tipazo.

A novio cuatro, mi ex más reciente, lo amaba porque era "calladito". "Lo cansás a ese chico Paola hablando tanto, por eso siempre te deja" (Ah sí, seguro es por eso abuela). Ya conté que para ella bueno es sinónimo de silencioso. Él no retrucaba nada, no se prendía en ninguna discusión ni opinaba al respecto de ningún tema, al lado de tamaña ameba yo quedaba como una montonera del ala más reaccionaria. Así las cosas lo amó y lo defendió cada vez que pudo, yo siempre era la mala que hacia todo mal pero en cada separación arremetia con un: "Seguro que ya se está encamando con alguien, se va a buscar una chica de su edad"; "te deja para irse de joda con los amigos, no te quiere"; "nunca más vas a encontrar un chico así de bueno" y miles de cosas más. Creo que es al único que realmente quiso aunque tuvo sus temporadas "raras".

Con estos antecedentes de amor-odio que mutan en cuestión de horas, es una lotería su apreciación sobre las personas. Por eso aunque la vi divertirse durante la cena la llamé con miedo. Por ahora y solamente por ahora, el veredicto para muchacho es el siguiente:

Capitana:
Y abuela, ¿qué te pareció el chico?

Abuela Kico:
Me encantó Paola.

Capitana:
¿Si?

Abuela Kico:
Muy atento; educado, conversador pero ubicado, se nota que es de buena familia (¿qué tendrá que ver eso? Nunca lo entendí), no toma alcohol, no se droga, no fuma y es hincha de Boca. Pero vostenés que callarte un poco, hablás mucho.

Capitana:
Abuela si no me dejaron meter un bocado.

Abuela Kico:
Sí, hablás mucho y lo vas a cansar a éste también. Una vez que (atenti el término) conseguís un chico como la gente (¿y el resto que fueron, extraterrestres? Jaja), más grande que vos, que quiere irse a vivir con vos no lo arruines, hacé las cosas bien y dejá de decir eso que no querés casarte ni tener hijos porque a lo mejor tampoco le gusta, esas cosas las dicen los hombres no las mujeres. ¿Qué pretendés, quedarte sola para siempre?. Vos no sabés que fea es la soledad...

Capitana:
Bueno abuela tengo que seguir trabajando, quería saber qué pensabas. Un beso.


Corté con lágrimas en los ojos y no me quedé muy bien. Tuve dos días raros. La entiendo y sé que es horrible sentirse solo porque conviví con esa sensación un buen tiempo pero a mi edad es más simple, sé que levanto el teléfono y siempre tengo con quién salir a despejarme. En el caso de ella, no. Todos estamos ocupados... Esa mochila de saber que está sola a veces me pesa demasiado. Si fuera distinta, sin dudas iría más seguido a visitarla pero con esa bateria de chismes y miedos que arroja en cada encuentro se hace difícil. Nunca sé cómo manejarlo sin que me invada la culpa.

(Para los que no la conocían, vuelvo a subir una foto suya. Para más datos pueden remontarse a la etiqueta "abuela Kico" y entenderán mejor de qué hablo)


¿Y ustedes tienen un vínculo similar con alguien de su familia? ¿Cómo lo llevan?

jueves, 6 de noviembre de 2008

Mi primer aniversario

Hace un año asistía a terapia una vez por semana. Un jueves que llegué temprano y llovía a baldes, entré a la inmobiliaria de al lado en busca de un refugio y terminé encontrando un nuevo hogar. A los pocos días, estaba metiendo mis bártulos en cajas y sacando a relucir mi sueño de toda la vida: me iba a vivir sola. Dos días antes de la mudanza, el psicólogo me dio el alta muy a mi pesar: "ya no me necesitás, sabés arreglarte sola. Podés volver cuando lo necesites pero tenés una gran capacidad de auto análisis". Temblé pero acepté el desafío.

Hace un año, como cada vez que avanzo un paso tengo que retroceder otro (por lo menos así era en mi antigua vida), volvía a chatear con mi ex novio y se gestionaba una nueva vuelta, la última y definitiva. La que salió de él y en la que yo no pude más que volver a ilusionarme. ¿Cómo no iba a jugarme el último cartucho después de tantos años? No podía quedarme con la duda, ¿y si su cambio era real y definitivo?

Hace un año abría este blog. No entendía demasiado de qué se trataba pero tenía un punto de referencia, el blog de mi amigo Oti que en nuestros años compartidos en redacción me hacía leer a diario. "Qué boludez tener un blog, no me engancho en esa ni loca". Acá estoy cumpliendo el primer aniversario, riéndome de mi misma y de esa manía de prejuzgar.

En este año pasó de todo. Lo arranque con ganas y estrenando departamento de soltera como siempre había soñado; volvía a ponerme de novia por tercera vez en cinco años con la misma persona y nos íbamos de viaje juntos a nuestro lugar mientras contaba los días para irme a Bariloche con mis amigos. Llegó mi cumpleaños en marzo y lo pasé increíble, con mis habituales fiestas para 50 personas donde todos terminan doblados por el alcohol y el baile. Hasta acá pintaba el mejor año de mi vida, tenía un trabajo copado y mucha plata en el bolsillo. Pero no todo podía ser feliz a tan bajo costo. Las cosas no me podían salir bien.

En abril empezó la hecatombe total, una seguidilla de hechos bochornosos que terminaron con mi felicidad. Primero vino la separación más rara del mundo, dos semanas de discusiones le valieron de excusa para terminar definitivamente con seis años de intentos; luego me quedé sin trabajo y por deducción lógica, se me fueron cerrando las puertas hasta que no me quedó otra que dejarle el monoambiente que alquilaba en Capital (en plena avenida Córdoba, increíble) a una amiga para volver a vivir con mi familia en el conurbano (no es detalle menor).

Quién soporte tantos cambios juntos con una sonrisa, que me llame y me pase la receta. Yo me pasé meses encerrada llorando, con las persianas bajas y sin querer ver a nadie, sumida en la depresión más grande de mi vida, sin poder dormir una noche entera por las pesadillas, despertándome por las mañanas con los dientes apretados, asfixia y lágrimas en los ojos. Me sentía sola en el mundo y por momentos sólo encontraba un refugio en este espacio. Bueno, gran parte de éste proceso lo pudieron seguir en vivo mis más antiguos lectores.

Acá fui conociendo gente que incluso me acompañó mas que mis propios amigos (parece que sus obligaciones diarias les restan tiempo de preocuparse por el otro). Me hice un grupo de chicas maravillosas con las que chateamos todos las semanas y me sacan una sonrisa. Sé que puedo contar con ellas. Me puse en contacto con gente que me alienta y con otros que me divierten mucho. Conocí personalmente a varias personas y me llevo un recuerdo increíble.

Si me pongo a revisar los comentarios creo que en todos los post, por lo menos una persona me dijo: "paciencia, ya va a llegar el amor". Pero en ese momento no podía siquiera imaginarlo. Muchas veces me enojaba con esa frase y pensaba cuándo iba a ser ese día; dónde estaba el "príncipe" que revirtiera mi historia que de Hadas no tenía nada. Me desesperaba pensar que afuera había alguien que me estaba buscando, ¿y si nunca nos encontrábamos? ¿Y si no estaba lista para verlo cuando llegase?

Pensé en que lo mejor era prepararme para ese momento. Tenía que tener la mente despejada de malos pensamientos, de resentimiento, de orgullo herido. Tenía que recuperar mi autoestima, verme linda otra vez, bajar de peso y sobre todo, renovar mi cuota de paciencia que tenía batería baja. Hice todo eso y más. Lloré muchísimo, limpié mis heridas y por fin lo pude ver. Estaba más cerca de lo que pensaba, lo conocía hace años, siempre me gustó pero simplemente las cosas nunca se habían dado. Ahora tenemos la chance de ver qué pasa.

Y me animé. No sé cómo pero volví a apostar. Decidí dejar el pasado enterrado en el pasado por primera vez en mi vida y hoy siento que es la mejor decisión que pude haber tomado. Mi vida cambió, ya no tengo espinas clavadas en el corazón, me siento en paz, con energías, feliz.

El círculo se cerró, vuelvo a sentirme como hace un año cuando abrí este blog. Si mi terapeuta me viera movería la cabeza contento, lo logré sola sin necesidad de llamarlo ni una vez. Pude. Aún sin demasiada confianza en mi misma estoy como quería estar y eso me fortalece, encontré el equilibrio. Tengo al lado a una persona que quiero y que me quiere, me cuida y me hace sentir tranquila, sin sobresaltos. Tengo proyectos de trabajo que se van cerrando y depende lo que suceda con eso, podré agarrar las cajas que aún permanecen cerradas y mudarlas a un nuevo hogar. Nada me altera, no tengo apuros, cambié mi filosofía de vida. No creo que vuelva a caer.

Con perseverancia, tiempo y viento a favor, las cosas mejoran. No dejen de soñar, de apostar, de tener esperanzas, de ponerle buena onda a las cosas que hagan. ¿Quién iba a decir que mi año iba a terminar de este modo y que lo iba a despedir nuevamente con una sonrisa?

Mil gracias por este año de compañía. Fueron y son una parte importante en todo esto.

Pao/Capi

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Cómo que no es tu novio?

No es lo que se imaginan. Aún no me puse de novia, pero al parecer para muchas personas es importante rotular las relaciones y no pueden incorporar un vínculo sin título.

- Si salís con un tipo un mes y hablás todos los días por teléfono, no es un chongo, es tu novio.
- Si tenés un novio durante años y no convivieron, fue un noviecito sin importancia.
- Si vivís con un tipo pero no te casaste no es tu marido ni tu pareja, sos tan sólo su novia.

NO a esas afirmaciones.

Se preguntarán qué me pasó que troné de este modo y les voy a explicar mis razones. Hoy fui a la casa de mi abuela, de quién ya hablé en profundidad en este post. Muy bien, para los vagos que no quieren leer, les contaré que es un ser muy especial, que todas las noches reza para que milagrosamente un novio me caiga del cielo y por poco me pincha los forros para ver un bisnieto antes de su planeada muerte (lo siento abuela, además tomo anticonceptivos, leru leru).

En mi visita de hoy le amplié un poco más sobre mi relación con el muchacho en cuestión. Quiero que esté contenta y no piense que soy un fracaso como mujer, así que le conté que estoy muy feliz, que me siento contenida, que nos vemos cada vez que podemos y que hablamos muchas veces por día. Una abuela normal se quedaría con eso pero la mía no... pone primera y siempre se manda una de más. Pasen y lean:

Abuela Kico:
Qué suerte Paolina que hayas encontrado a un chico así. Parece que Dios me escuchó ¿no?

Capitana:
(aclaro, no soy creyente y lo sabe perfectamente)

Sí abuela, debe ser eso.

Abuela Kico:
Bueno pero si es tu novio lo quiero conocer, decile que venga a cenar ahora.

Capitana:
No es mi novio

Abuela Kico:
¿Quéeee, cómo que no es tu novio?

Capitana:
No tenemos un nombre abuela, pero si te interesa saber me hace sentir muy feliz...
Somos cuasi novios, ¿te gusta así?

Abuela Kico:
¡Qué rara que sos Paola!... Por qué no haces como Gabi (mi amiga Pelu), que conoció a un muchacho, al poco tiempo vive con él y se la ve tan contenta. Es taaaan buen chico (aclaro, casi ni lo conoce y no sé si llegó a hablar con él)

Capitana:
.........

Abuela Kico:
No sé cómo podés vivir así, todo por la mitad y ya te digo que si ese chico no es tu novio es porque no te debe querer mucho.

Capitana:
Si, debe ser eso.

Y cambié de tema... Creo que hablé del programa de Rial y cambió la onda.

No crean que esto es una apretada para muchacho en cuestión porque ya le conté de la charla con mi abuela y se mató de risa. Quise subir éste diálogo porque me quedé reflexionando sobre este fenómeno de ponerle nombre a las cosas y mucho de eso tiene que ver con el entorno, con el qué dirán....

Durante seis años estuve de novia y esperé que quiera vivir conmigo y me proponga ser su esposa. Nada de eso sucedió y para los ojos del resto, fue sólo un noviecito porque no se avanzó ni un paso... y esa frustación me la transmitieron a mi (vaya que sí)... ¿y en definitiva, ellos qué saben cómo fue de intenso nuestro vínculo, o acaso tiene menos importancia nuestro amor porque nunca me regaló el anillo que yo tanto le pedía? Me niego a pensar así!

Ahora estoy con alguien en una relación increíble. Distinta al resto. Por primera vez en mi vida intento no hacer reclamos fuera de lugar ni escenas de celos, me muestro tal cual soy y aplico la comprensión ante los momentos de duda (che, me desconozco). Siento que del otro lado pasa lo mismo y nos sobra voluntad para hacer que esto realmente funcione... Entonces si seguimos la lógica de mi abuela y compañía, ¿nada de esto es válido porque nuestra relación no tiene un nombre? Otra vez me niego a creerlo...

No me considero muy modernosa ni abierta a las relaciones raras, soy más bien convencional para estas cosas pero ahora me siento desorientada. ¿Ustedes qué opinan?



Aprovecho para agradecer... Desde que puse el contador, hace casi dos meses, llegamos a las 10 mil visitas!! GRACIAS infinitas a todos los que me visitan a diario, me hace muy feliz saber que están ahí para bancarse mis alegrías y sobre todo, mis bajones!!

lunes, 15 de septiembre de 2008

Un día de septiembre como hoy...

Hace tres años me preparaba para una entrevista laboral muy prometedora. Me temblaban las piernas, no creía estar a la altura del desafío pero eso no me achicó, fui igual y quedé seleccionada. “Empezás mañana mismo”.


Al mediodía siguiente tenía tanto miedo que llamé a la única persona que podía tranquilizarme para que me dijera que “yo podía con eso y mucho más y que el trabajo era pan comido antes de cruzar la puerta de entrada”. Esa persona era mi ex novio, con quien atravesaba mi primera separación (recuerden, la actual es la cuarta) y con quien me seguía viendo de ese otro modo que se ven los ex y que tan doloroso es, que tan vacío nos deja. En un momento de la conversación ya me sentía relajada y segura, estaba por cortar feliz pero tuvieron que llegar las palabras desacertadas de siempre que ahora ni recuerdo pero tendrían que ver con su lujuriosa vida de “soltero”, con que mejor dejemos de vernos para siempre y no sé que otra cosa más que me alteró y decantó en una crisis descomunal.


Por minutos me quedé inmóvil llorando con desconsuelo en la esquina de Chacabuco y Diagonal Sur con el celular en la mano, en pleno centro, juntando valor y rogando que por arte de magia esas palabras se borraran de mi mente por unos minutos y que mi rimel no se haya corrido del todo. Como soy abandónica por naturaleza, pensé una y mil veces la idea de escaparme, de no presentarme nunca en la redacción de la revista, desistiendo de la oportunidad de dar un gran salto profesional. Estaba anestesiada, no me daba la cabeza para otra cosa que correr a casa y tirarme a dormir por horas pero me animé, entré y me fue muy bien.


Al mes, él vino a buscarme, me dijo todo lo que me amaba y la relación volvió a fojas cero… Pero duró sólo unos meses, la segunda separación era inminente.





Hace dos años, estaba trabajando feliz en la redacción de la misma revista. Tenía compañeros maravillosos, una excelente relación con mis jefes y deambulaba descalza (sí, descalza... leyeron bien) todas las tardes en un excelente clima de trabajo.


En el amor, las cosas funcionaban mejor que nunca. Recién reconciliados de nuestra segunda separación los planes de convivencia eran firmes, el deseo de estar juntos aún mayor y sentíamos que vivíamos la gran oportunidad de nuestras vidas. “Quiero irme a vivir para siempre con vos, sos la persona que más amo en este mundo”, escuché una mañana de septiembre en el colectivo rumbo al trabajo… Algunos meses después reculó alegando que se había dejado llevar por la emoción del momento, que no estaba listo… Separación obligada, ¿cómo se sigue después de eso?




Hace un año, para esta misma fecha, tomaba una de las decisiones más importantes de mi vida. Después de 60 días de paro, asambleas, dolores de cabeza y castigos por participar de forma activa, aceptaba el retiro voluntario, dejaba la “gran familia” que tenía como compañeros y encaraba una nueva vida de proyectos que se esfumaron en menos de lo que esperaba mientras me sumía en una peligrosa depresión y coqueteaba con los ataques de pánico.


Con mi ex atravesaba la tercera separación, más dolorosa que todas las anteriores porque suponíamos era la última (pero nooo, como no nos habíamos lastimado lo suficiente volvimos una vez más), así que calculo que le habré contado de mi decisión por mail. Sin novio y sin trabajo tenía los días contados. La plata no hace la felicidad pero ayuda, así que pronto mis tardes de paseo y compra compulsiva por la Avenida Santa Fe, un verano lleno de vacaciones, el gusto de invitar seguido a mis amigos a comer y otros caprichos desterraron parcialmente la tristeza.


Ojo, soy tan viva que cuando por fin estuve bien, me mudé sola por primera vez en mi vida y planeba vivir meses de soltería y lujuría desenfrenada, sonó el timbre, llegaron las promesas y con ellas, la última ilusión de cambio.




Hoy no tengo trabajo, novio ni departamento. Me gasté los seis cheques que cobré; no hice el viaje a Cuba que siempre soñé; me perdí viajar a Machu Pichu con mis amigos en marzo y ahora sólo me queda un pasaje abierto que espero poder usar para mi cumpleaños 29.


Lo bueno es que ya no lloro por él, pude entender que aunque lo adore no es lo que necesito, que no me hacía del todo feliz, que ya no me interesa vivir con dolor de estómago. De a poco estoy equilibrando mi estado de ánimo, bajé los diez kilos que subí en estos tres años y estoy permitiendo que alguien más me haga sonreír a diario.


¿Será el balance positivo? No lo sé… Pienso que tanto un nuevo laburo como la posibilidad de recuperar mi departamento son opciones más simples de conseguir pero mi equilibrio emocional después de tanto llanto es lo que más valoro por estos días, lo que más me asustaba no volver a recuperar, la gran prueba que estoy superando.

jueves, 31 de julio de 2008

Les presento a mi nuevo deseo

Hablando con Flor, uno de los regalos que me dió Capitana, reforcé la teoría que venía sosteniendo desde hace algunas semanas. ¿Acompañada resignando mis necesidades o sola a la espera de un nuevo amor que me dé todo lo que busco?

Si hago memoria, creo que estoy en condiciones de afirmar que durante los seis años de relación, lloré por lo menos una o dos veces por semana, incluso en los mejores tiempos. Sufrí tres separaciones muy dolorosas, de varios meses cada una; un par de decepciones y un período al borde de ataques de pánico, de los que pude zafar gracias a la ayuda de un terapeuta; una masajista china y principalmente, a la gran contención de mis amigos. En esta última separación, la cuarta y definitiva, el golpe también fue muy fuerte. Había vuelto a ilusionarme y zas... Otra vez todo el amor y los sueños al cajón. Varios días sin salir de casa, sin sacarme el pijama celeste y el saco verde, sin ganas de comer, cocinándome lo que la alacena me permitía, tomándome una copita de vino tinto por las noches en soledad y gastando rollos de cocina para secarme las interminables y dolorosas lágrimas. Sólo yo sé todo lo que lloré por ese amor que de a poco se va apagando.

Hoy miro para atrás y hay cosas que no puedo creer. Incluso ahora que hago este balance y se me vuelven a caer las lágrimas. Me cuesta creer como dejé que mi vida se convirtiera en tanta pena; como permití que la tristeza borrara la sonrisa y la chispa que me caracterizan; como de a poco me fui apagando y no me di cuenta; como prioricé tanto ese amor que no respeté lo que yo misma quería, lo que yo buscaba para mi vida; como dejé una y mil veces mi dignidad de lado pidiéndole que volviera, que me dedicara dos segundos, que se fijara en mi, que me abrace, que me incluyera dentro de su vida, que me ame... ¿Por qué lo hice? Si las cosas deben fluir, si el amor es de a dos y siempre supe que no sirve forzarlo, que si solo uno tira del carro no funciona.

El sábado lo crucé de casualidad en un bar a las 6 de la madrugada, después de un mes y medio sin verlo, y por primera vez me sentí distinta. El último encuentro había sido en mi departamento, cuando aún vivía sola y no podía más con mi vida, no paraba de llorar un segundo, creía que iba a morir de la tristeza, me sentía tan solita, no veía ni una hendija de luz. Recuerdo que cuando acudió a mi llamado desesperado, lo abracé mucho, que no quería soltarlo y que sus palabras me trajeron paz, como siempre. Pero también recuerdo que ese mismo día comprobé que algo se había roto, que ya no había vuelta atrás. Y el sábado lo volví a sentir...

Y hoy sé lo que es: no vuelvo a elegirlo. Y lo afirmo con todo el dolor del alma porque siempre dejé todo por él y porque es un ser maravilloso, pero ya no me sirve su forma de amarme. Ya no me sirve su cariño de a ratos; su compañía en días seleccionados por él según su conveniencia; ya no quiero el tironeo diario con sus amigos; los sábados de peleas por sus recurrentes salidas; los domingos de espera e incertidumbre; la diferencia de tiempos y proyectos; las peleas infinitas; los caprichos; los berrinches; el llanto; el dolor de panza permanente; la puntada en el pecho; los nervios que me quitan energías para hacer otras cosas y me hacen comer de más para no decirle que me siento frustrada como mujer. No quiero nada de todo eso nunca más!!! Y lamentablemente es lo que formamos cuando nos juntamos, no la supimos remontar, ésta vez tampoco aunque le pusimos todo. No me queda otra que dar vuelta la página para volver a empezar de cero.

Por eso de ahora en más, cada vez que encuentre un trébol de cuatro hojas; que pase una estrella fugaz; que alguien cumpla años y sople las velitas; que vea pasar el auto de una novia; que me estrene una bombacha rosa para Noche Buena; que un bichito de luz, una vaquita de San Antonio o un panadero se posen en mi; que a alguien se le caiga una pestaña y me preste su dedo; que tire la moneda en una fuente; o simplemente como dice Calamaro, cada vez que pase un tren, voy a pedir un nuevo deseo. Ya no será que vuelva y podamos ser felices juntos de una vez por todas. Ya no será que me diga que me elige para toda la vida y me regale el anillo simbólico que siempre esperé y nunca llegó.

Ahora mi deseo es que llegue ese gran amor que me haga temblar el corazón y me devuelva la sonrisa para siempre. Que me ame, me proteja, me respete, se muera por mi, me devuelva las mariposas en el estómago y me haga reír mucho... Por menos de eso no entrego mi deseo!

(Gracias Flor por decirme las palabras justas en el momento indicado, casi sin conocerme. No te das una idea lo que me sirvió tu mail. Te quiero)

jueves, 24 de julio de 2008

Una mente con demasiados recuerdos...

Luego de la gran cumbre femenina de anoche (que por cierto estuvo buenísima, que cotorras somos!!) me acosté a mirar televisión a la espera de un sueño abrumador que me derrumbe por completo pero el control remoto me jugó una mala pasada. En pleno zapping encontré el comienzo de una película que amo pero que no siempre puedo ver o por lo menos, no puedo hacerlo cuando no estoy muy entera. Ayer, por ejemplo, sabía que no tenía que verla, sabía que iba a llorar, sabía que atraería el insomnio y los replanteos que lo acompañan, pero no hice caso. La vi y lloré. La vi y pensé. La vi y recordé...

La película de la que hablo es "Eterno resplandor de una mente sin recuerdos", un guión brillante de Charlie Kaufman, una película romántica distinta con un tema polémico como eje central: la posiblidad de borrar los recuerdos que nos estorban y no nos dejan avanzar, que nos dan puntadas en el pecho cada vez que intentamos ser felices y seguir con nuestras vidas.



Para los que no la vieron la trama es la siguiente: Joel (Jim Carrey, en una actuación brillante) queda asombrado al descubrir que su novia Clementine (Kate Winslet) se ha borrado de la memoria los recuerdos de su tumultuosa relación a través de un experimento científico. Desesperado, contacta al Dr. Howard Mierzwiak, el creador del procedimiento, para borrar a Clementine de su memoria. Pero a medida que los recuerdos de Joel desaparecen paulatinamente, él comienza a redescubrir su amor por ella y a darse cuenta que no todo fue tan malo. Así es como a mitad del tratamiento, el cerebro de Joel decide resistirse y conservar sus memorias afectivas, generando una batalla entre el proceso científico y la voluntad humana de recordar y amar.



Bueno con esta trama, ya se imaginan el resto. Como ya la había visto, tuve un segundo de lucidez y apagué la tele antes de las escenas finales, porque ahí si hubiera sido peor la cosa.
Y como era de suponer, me quedé dando vueltas en la cama, con miles de recuerdos atormentándome, pensando qué elegiría yo si ese procedimiento fuera posible y estuviese al alcance de mi mano. ¿Preferiría borrarlo y ya no llorar nunca más por él o querría atesorarlo por siempre en algún rinconcito de mi cabeza y cada tanto permitirme recordarlo? ¿Sería suficiente para una persona tan pasional como yo un procedimiento médico que ataca lo racional, es que acaso el corazón ya no cuenta?

Me quedo con un par de imágenes de la película y algunas frases que me traen algunos recuerdos ("Podría morir ahora. Estoy tan feliz, nunca sentí eso antes. Estoy exactamente donde quiero estar"; "Me voy a casar contigo... sólo lo sé"; "Por la mañana ya no existirás, el perfecto final para esta historia de mierda"). Y se las recomiendo, aunque no es una película que le guste a todo el mundo...

Y ustedes qué harían... ¿Borrarían aquellos recuerdos que los atormentan?

martes, 24 de junio de 2008

Au revoir…

Se acaba de ir. Me costó (y me cuesta millones de lágrimas) verlo partir pero parece ser que es lo mejor para los dos. Nunca pensé que después de tanto luchar, llegaría este momento pero así es. Tengo que soltarme de su mano y aprender a caminar sola. Guardar todos los momentos bellos en el cajón, llorar lo que haga falta, fortalecerme y volver a empezar. No sé cómo se dan esos pasos pero sé que debo intentarlo.

Fueron seis años de un amor intenso. Millones de recuerdos lindos y otros no tantos que quedarán marcados en mi vida. Siempre será una persona especial y sé también que siempre lo querré, aunque con el tiempo seguramente desde otro lugar.

Adiós ilusiones, sueños y proyectos compartidos. Adiós al gran amor de mi vida, ese que tantas veces me hizo feliz y otras, me hizo conocer la mayor de las desdichas. Adiós abrazos tiernos, besos dulces, cucharitas contenedoras y palabras de aliento. El amor quedará para otra ocasión, yo también tendré mi recompensa.

Tengo que seguir sola, aunque me cueste y me tropiece una y otra vez, aunque haya fechas que intenten jugarme una mala pasada y recuerdos que acechen con la furia de un tornado.

Y como dijo el gran Rodolfo Páez, “pero al fin, si es amor, cruzará huracanes y tormentas”. Ya no vale la pena luchar ni insistir, porque a veces con el amor no alcanza y lo mejor es dar vuelta la página. Aunque hoy mi corazón esté de luto y me quede llorando detrás de la puerta, sólo lo observo y lo dejo ir… El destino decidirá por nosotros.

(Para vos, mi constante, mi rubí, mi luz de marfil… Todo lo demás no es nada!)

miércoles, 11 de junio de 2008

¿Un mal día lo tiene cualquiera?

El dolor es tan grande que por momentos le falta el aire. Intenta recuperarse, hacer pie, volver a empezar, pero no es tan simple. Aunque intente aferrarse de las cosas que sí tiene, las que se fueron pesan más en su corazón.

Se enoja consigo misma, con él, con el mundo, como si así pudiera remediar la pérdida, o encontrar consuelo, pero es en vano. La angustia se apodera de su corazón, de su alma y de todo su cuerpo. Sus sueños se desvanecen, como también lo hacen sus ganas de seguir luchando, los intentos por volver a sonreír.

Lo extraña mucho a él; a su cuerpo junto al suyo en la oscuridad de la noche; a sus palabras de aliento en esos momentos de desesperanza (como éste); a las tardes de siesta y los domingos de cucharita mirando películas en la cama.

Ya nada será igual sin su compañía y ella lo sabe. Le gustaría dejarlo en el pasado pero su presente lo pone sobre la mesa una y otra vez hasta exasperarla. Sabe que debe dejarlo ir y en eso está, intentando soltarle la mano de a poco a ese sentimiento que la acompañó por años y que aún la acompaña.

Dicen que un mal día lo tiene cualquiera, aunque éstos últimamente sean parte de su rutina diaria.

miércoles, 16 de enero de 2008

El amor en los tiempos del conformismo

Muchas veces escuchó palabras de amor salir de su boca y otras tantas, brindó y festejó por los momentos felices a su lado. Otras veces, en cambio, se preguntó si le bastaban esos instantes de gozo para ser feliz pero sospechaba que no eran suficientes. Algo le faltaba para que la alegría fuera completa pero por alguna razón que jamás pudo precisar siempre se mantuvo firme a su lado.
Muchos lo llaman conformismo. Otros, amor incondicional.

Lo cierto es que ningún sentimiento se asemejó a ese a lo largo de toda su vida y con esa sensación se fue, sin más oportunidades para comprobarlo.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Cinco veces cinco… ¡El viejo truco del anillo!

En tan sólo cinco minutos un niño de cinco años me regaló un anillo. Ustedes se preguntarán ¿Y qué tiene eso de novedoso?... Yo les avisé que cualquier detalle es bueno para analizar (sobre todo ahora que el terapeuta insistió en darme el alta) y además no es algo menor si repaso mis últimos años de vida en pareja, sobre todo los últimos cinco.

El anillo en si mismo no es nada de otro mundo si no tuviera el valor afectivo y la connotación psicológica que yo le puse. Es de plástico verde y el niño en cuestión (que es mi ahijado y festejaba su cumpleaños en un pelotero) lo sacó de la piñata, vino corriendo y me lo regaló a mí como se lo pudo haber regalado a cualquiera. De hecho, minutos después vi con un dejo de decepción como le regalaba uno amarillo a mi abuela Kico. Pero no me quiero ir por las ramas, él aún es muy pequeño para entender la mente femenina y no comprendería mi entusiasmo extra y mi tristeza por descubrir que tan sólo era una más en su vida…

Muy bien, decía que el anillo de plástico verde, que en este preciso momento ocupa un lugar de lujo en mi dedo meñique izquierdo, me hizo replantear muchas cosas. ¿Tan simple era todo? ¿Con una espada de los Power Rangers podía conseguir la felicidad de alguien y la gratitud de brindarme un anillo? Entiendo que la espada estaba buenísima, tenía un botón que al activarlo daba comienzo a un show de luces musicales y según las palabras del nene, gracias a ella tenía el poder y el don para matar a los malos… Pero hubieran avisado que la cosa pasaba por ahí.

Durante los últimos cinco años gasté tanta plata en regalos para la persona que amaba y a la que encima le brindé mi corazón por completo, que podría haberme hecho acreedora de la fábrica entera de espadas de los Power. Ojo, no me arrepiento, todos los regalos los compré con ganas y por supuesto, los volvería a comprar con todo gusto, pero a veces pienso si no debería reclamar una indemnización por tantas lágrimas, tantas horas invertidas, tantas ilusiones que quedaron en el camino, no sé me lo suelo replantear. Sobre todo cuando aparece un amigo y te cuenta que después de cinco meses (aquí tampoco el cinco es un invento, juro que es casualidad) de estar de novio con una chica que siquiera conoce, le regaló un anillo de compromiso y ya buscan fecha para casarse. Y Cuando encima también, miras las manos de varios de tus amigos varones y te contestan con su mejor cara: “Para mi es lo mismo, para ella era importante, se lo regalé y no me hincha más por un buen tiempo”.

Ahora vuelvo a analizar y razono… ¿Era así la cosa?
Quizás me hizo un favor al no regalarme un anillo. Después de todo, yo me compré uno en Plaza Francia por cinco pesos que me queda divino y ocupa con dignidad ese bendito lugar en la mano y además, mi querido ahijado me regalo uno verde que me aporta toda la onda.

En fin… ya no sé si quiero aquel anillo que tanto me desveló!

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La mueca del adiós...

La última imagen suya es la de una mueca. Sabía que era la última mueca que vería en su rostro por mucho tiempo y así pudo disfrutarla de otra manera. Recordó cada detalle de ella y aún, pese al paso del tiempo, la recuerda con exactitud, como una fotografía retenida en su mente.

En una cara de pocas expresiones, una mueca ES una mueca como lo es una hermosa sonrisa de felicidad, de gozo o una pera fruncida conteniendo el llanto inevitable del adiós, del paso del tiempo y del fin del amor. El fin de una era, como le gusta definirlo.

Allí va ahora sin ataduras, reencontrándose, poniendo todo de sí para volver a sonreír. Allí va intentando ser feliz aunque no siempre lo logre, aunque no siempre puede olvidarse de aquella mueca, aún aquellos días que no logra sortear el dolor ni ganarle la batalla a la mente, ese enemigo desleal que juega sucio y no sabe perder, como diría el gran Andrés Calamaro en otro contexto y lugar… Aún aquellos domingos a las siete de la tarde cuando desea que el mundo estalle o que un milagro le arranque la tristeza.

Allí va esperando aunque nadie se lo pida, soñando aunque cueste caro y abriendo el corazón a nuevas sensaciones.