Hablar de ella me emociona por momentos, me altera la paciencia en otros y me llena de recuerdos en la mayoría de ellos. Si tengo que describirla no sabría por donde empezar. Fue por años una especie de mamá; una amiga; una confidente (sabe grandísimos secretos); una gran compinche; una malcriadora; una compañía única, una gran abula (sic, así le decía yo).
Mi relación con mi abuela (paterna) se remonta a mi primer día de vida. Dicen que cuando nací, un caluroso mediodía de marzo, las enfermeras me acercaron al vidrio de neonatología enfundada en un vestidito blanco que ella me había regalado, con mis ojos (en ese momento azules) bien abiertos y que gritó un “Ay Dios mío, es hermosa” para el papelón de mi tío y mi abuelo. Creo que ahí nació el romance…
Con el correr del tiempo, como mis papás eran jóvenes y yo no estaba prevista en sus planes, pasé muchísimos momentos con mis abuelos. De la relación con mi abuelo ya hablé en otro post, pero de ella aún no lo había hecho. Con menos paciencia pero no por eso con menos amor, fuimos construyendo una relación especial, de amor y pelea, a través del tiempo.
Recuerdo que todos los jueves a la mañana moría por acompañarla a la feria (de esas que se armaban en la calle, con puestos de chapa). Mi gran aspiración era que me dejará empujar el changuito, aún a la vuelta cuando venía cargado de cosas y pesaba toneladas. También la acompañaba a la peluquería; heredé a Teresa, su pedicura, que venía a hacernos los pies a domicilio y ahora descansa en paz; sus esmaltes, sus collares y una colección de muñecas típicas de cada uno de los países que recorrió pero que aún duermen en una caja llenas de polvo, no deja que me las lleve porque dice que con mi torpeza las voy a romper. En fin…
Con el correr de los años, pasamos de los retos a la etapa de las confesiones. Le contaba todo, me aconsejaba en cuestión de amores y con ella también hablé por primera vez de sexo. Chapada a la antigua pero muy moderna al mismo tiempo, nos recibía a mi y a mis compañeros cada vez que nos rateábamos de la escuela y nos daba plata para que nos compremos comida, mis amigos la tuteaban y mis novios lo mismo. Fue por años la abuela de todos.
Así como fue mi cómplice hasta los siete años y cubrió mi extraña relación amorosa con el chupete (sólo lo usaba en su casa y cuando llegaban mis viejos lo escondía… así me quedó la boca de trompuda), fue mi aliada por meses cuando me quedaba a dormir en la casa de mi novio (el patético novio dos) y nadie lo sabía. También los convenció para que me dejaran vacacionar con él a los 20 años (eran otras épocas)
Con el tiempo, la enfermedad de mi abuelo y su posterior desenlace, se puso insufrible. Es cierto que yo perdí la paciencia pero ella se puso odiosa, agresiva, más chusma que nunca y visitarla me implica volver arruinada de los nervios. Para cada visita necesito concentrarme, poner mi mente en blanco y meditar mientras ella habla y destila veneno para todos lados. Sus frases son las que más me lastiman y sus constantes presiones, son las que más me presionan. “¿Otra vez te separaste?... Qué le habrás hecho a ese pobre chico que es tan bueno!!” o “¿Qué esperas para conseguir un novio, no pretenderás quedarte sola para siempre no?” son sus frases de cabecera ante cada visita… Podría decirles que así me recibe cuando me ve entrar. También se dan estos diálogos:
Abuela Kico:
(Negando con la cabeza, con resignación)
Ay qué lástima Paola (me dice Paolina pero en estos momentos me cambia el apodo) ésto que me haces, y yo que quería conocer un bisnieto tuyo… me voy a morir sin poder hacerlo.
Capitana:
(Mirando televisión para no matarla)
No sé qué decirte abuela, ¿cuánto tiempo más estimas que vas a vivir?
Abuela Kico:
(Haciendo que está por llorar pero no se le cae una lágrima, solo suma bronca)
Y no sé, capaz que en esta semana me mato, con esta vida que llevo y viéndote a vos así...
Capitana:
(Resignada, hace seis años que me llama a mi casa, al laburo, al celular y hasta a la casa de mi ex para decirme que está por matarse)
Bueno, avisame para qué día lo tenés previsto así me organizo con el laburo, no nos caigas con la noticia de sorpresa ehh…
A los cinco minutos estamos tomando mate como si no me hubiera dicho ninguna barbaridad, me pregunta por el acompañante de turno, me aconseja que me divierta un tiempo más porque la convivencia con una persona no es fácil, que no es sencillo críar hijos, habla sobre si lo dejamos morir a mi abuelo o si hicimos todo lo suficiente, me cuenta los chismes de mi familia y el barrio, y por último (o por primero, segundo, tercero) me habla de los dolores, los remedios, lo caro que está todo y lo molesto que son los vecinos. Ojo, siempre y cuando no se haya cruzado con alguno de mis ex en esa semana, sino también me recuerda que tooodos ellos formaron una familia hermosa menos yo, resaltando que ahí radica mi problema, en mi persona.
Ahora, cuando todos mis intentos por convencerla que vaya a yoga para mejorar su salud y a un centro de jubilados para distraerse un rato (“Noo, están llenos de viejos”… WTF!!) arremetí con otra opción más integral: que fume marihuana. Suena descabellado pero no lo es, les explico. Si fuma hierbas, se le van los dolores y le pinta el buen humor… ya me dijo que le consiga y que a escondidas de todos quiere probar, vamos a ver cómo le va Jajajaj… Ya me río a cuenta.
Ésta es mi relación con mi abuela Kico, la amo, la sufro, la disfruto, la abrazo, la puteo, la extraño, me gustaría que por un rato vuelva a ser como antes y me de esos abrazos y consejos que tanto me llenaban el corazón, que se le modifique esa mueca de resentimiento que le dibujó la vida pero calculo que ya es tarde. Tendré que disfrutarla desde otro lugar, con la mochila a cuestas, pero con el amor inmenso de siempre.
Aquí les dejo una imagen que tuneó mi amigo Mc Fly hace unos meses y que a ella le encanta que la tenga como fondo de pantalla en mi computadora y se la muestre a todo el mundo, aunque delante de la gente no se haga cargo y diga que estoy loca. En ese momento, en el festejo de su cumpleaños setenta y pico (shhh, su edad es un secreto absoluto), mientras la convencía de los beneficios que le traería fumar espinaca, le digo "A ver abuela, hacé que fumas" Jajajaaj.... Click.
























