Eso, sólo dos días de calorcito bastaron para caer en una gran realidad.
Este verano no podré:
- Usar short, ni minis ni vestidos cortos.
- Usar colores claros.
- Usar remeritas ajustadas.
- Mucho menos, usar strapless, mis brazos no pasan la prueba del salero.
- Caminar en tanga por ningún lugar de la casa, a ver si me ve un vecino y se muere de la impresión.
- Usar traje de baño, ni de una, ni de dos ni de nueve piezas.
Me quedan tres opciones luego de esta revelación:
- Corro como todos los tarados que se anotan en el gimnasio creyendo que van a remediar el daño de todo un año en solo cuatro meses.
- Me abrazo desde hoy al aire acondicionado, mi futuro compañero en esos tres o cuatro meses de encierro que me esperan.
- Le pido al Gauchito Gil que haga el milagro y una mañana me despierte flaca.
Ustedes eligen, prometo hacerles caso...
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jueves, 19 de agosto de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
Me ahorré la sesión de terapia...
Una cena con una amiga me quito la venda que tenía en los ojos.
Charlando sobre mi falta de compromiso con todos los tratamientos para bajar de peso que inicié durante este semestre (léase, dietas varias, gimnasio, clases de baile, centro de estética y nuevamente gimnasio), le comenté que cada vez que le contaba a alguien que hacia dieta, en el 99 por ciento de los casos me encontraba con la siguiente respuesta:
"Vas a ver que en cuanto estés flaca y con el cuerpo que tanto querés, quedás embarazada"
No tuve ni que repetirla, todo cayó por su propio peso. En ese preciso momento lo comprendí y dos visiones aparecieron en mi mente...
Charlando sobre mi falta de compromiso con todos los tratamientos para bajar de peso que inicié durante este semestre (léase, dietas varias, gimnasio, clases de baile, centro de estética y nuevamente gimnasio), le comenté que cada vez que le contaba a alguien que hacia dieta, en el 99 por ciento de los casos me encontraba con la siguiente respuesta:
"Vas a ver que en cuanto estés flaca y con el cuerpo que tanto querés, quedás embarazada"
No tuve ni que repetirla, todo cayó por su propio peso. En ese preciso momento lo comprendí y dos visiones aparecieron en mi mente...
martes, 9 de marzo de 2010
Si me sale, soy Maradona...
Hace un tiempo, recuperada de mi desgarro, volví al gimnasio. Después de todo, ya tenía la cuota paga y había ido una sola vez. Llegué con expectativa, creí que me iban a pedir disculpas por no oír mis "vayamos despacio que hace un año no hago nada" y que por poco me iban a poner una alfombra roja. Me equivoqué y en su lugar me encontré con esto:
No le hablé más porque no encontré palabras, sólo le quise partir una pesa por la cabeza o arrojarla por la ventana. ¿No tengo hombros? ¿Desde cuándo uno tiene o no tiene hombros? Podés tener la cola dura y parada, la panza chata, los brazos marcaditos, pero ¿hombros?, ni los contemplaba dentro del menú. ¿Otra cosa más para preocuparme?
Terminé mis cuarenta minutos arriba de la cinta, lo miré a muchacho y me fui. Nunca más piso un gimnasio, ya recordé porque los odiaba. Pero en su lugar encontré la receta mágica para recuperar mi cuerpo: los centros de estética. Un lugar fascinante donde los vagos como yo, los que odiamos los gimnasios, tenemos una segunda oportunidad.
Siempre creí que eran carísimos, pero el dios de la moda me puso a alguien mágico en el camino: una chica que me contó todos los beneficios que los electrodos, las sesiones de frío/calor, las botas que comprimen y los masajes reductores han hecho en su cuerpo... y lo mejor de todo, a un precio accesible. Así que acá estoy, entre tanto trabajo atendiendo mi parte frívola y averiguando presupuestos. En abril arranco. Creo que eso puede motivar a cumplir con una dieta (y no arrancarla y romperla todos los días como ahora) y a no faltar a las clases de baile que también arrancaré el próximo mes.
Y ya me comprometo públicamente, si mi cuerpo vuelve a ser lo que era hace cuatro años o queda mejor aún, el verano que vienen me encuentran danzando en los carnavales de Gualeguaychú con un cartel luminoso que diga: Chica del gimnasio, ¡vos también la tenés adentro!
Chica del gimnasio:
Hola, ¿vos sos nueva? Sacate los anteojos, dejá el bolso y subite a la cinta.
Capitana:
No, no soy nueva. Vine a una clase y me desgarré.
Chica del gimnasio:
No puede ser, te habrás confundido de lugar.
Capitana:
¿Cómo me voy a confundir si crecí en este club? Vine, les pedí a vos y a la otra chica que se tomaran mi caso con calma, que no me exigieran de más y me mataron. A la noche cuando me acosté no podía mover la pierna y estuve 20 días renga.
Chica del gimnasio:
Te habrás confundido, no era un desgarro, no puede ser. Bueno, no importa, empezá a correr en la cinta, dentro de 40 minutos vengo a buscarte para que hagas abdominales y otras cosas.
Capitana:
Mirá, no me confundí, tenía dos moretones enormes en la pierna y me la pasé con hielo. Y no vengo a hacer abdominales, sólo quiero trabajar cinta y bicicleta.
Chica del gimnasio:
Nooooo, no puede ser, pero no importa, ahora corré y después te tirás en la colchoneta. Imagino que no querés pero lo necesitás. Tenés que trabajar la panza y además no tenés hombros (me los toca). ¿Ves que siguen de largo al resto del brazo? No se pueden distinguir.
Hola, ¿vos sos nueva? Sacate los anteojos, dejá el bolso y subite a la cinta.
Capitana:
No, no soy nueva. Vine a una clase y me desgarré.
Chica del gimnasio:
No puede ser, te habrás confundido de lugar.
Capitana:
¿Cómo me voy a confundir si crecí en este club? Vine, les pedí a vos y a la otra chica que se tomaran mi caso con calma, que no me exigieran de más y me mataron. A la noche cuando me acosté no podía mover la pierna y estuve 20 días renga.
Chica del gimnasio:
Te habrás confundido, no era un desgarro, no puede ser. Bueno, no importa, empezá a correr en la cinta, dentro de 40 minutos vengo a buscarte para que hagas abdominales y otras cosas.
Capitana:
Mirá, no me confundí, tenía dos moretones enormes en la pierna y me la pasé con hielo. Y no vengo a hacer abdominales, sólo quiero trabajar cinta y bicicleta.
Chica del gimnasio:
Nooooo, no puede ser, pero no importa, ahora corré y después te tirás en la colchoneta. Imagino que no querés pero lo necesitás. Tenés que trabajar la panza y además no tenés hombros (me los toca). ¿Ves que siguen de largo al resto del brazo? No se pueden distinguir.
No le hablé más porque no encontré palabras, sólo le quise partir una pesa por la cabeza o arrojarla por la ventana. ¿No tengo hombros? ¿Desde cuándo uno tiene o no tiene hombros? Podés tener la cola dura y parada, la panza chata, los brazos marcaditos, pero ¿hombros?, ni los contemplaba dentro del menú. ¿Otra cosa más para preocuparme?
Terminé mis cuarenta minutos arriba de la cinta, lo miré a muchacho y me fui. Nunca más piso un gimnasio, ya recordé porque los odiaba. Pero en su lugar encontré la receta mágica para recuperar mi cuerpo: los centros de estética. Un lugar fascinante donde los vagos como yo, los que odiamos los gimnasios, tenemos una segunda oportunidad.
Siempre creí que eran carísimos, pero el dios de la moda me puso a alguien mágico en el camino: una chica que me contó todos los beneficios que los electrodos, las sesiones de frío/calor, las botas que comprimen y los masajes reductores han hecho en su cuerpo... y lo mejor de todo, a un precio accesible. Así que acá estoy, entre tanto trabajo atendiendo mi parte frívola y averiguando presupuestos. En abril arranco. Creo que eso puede motivar a cumplir con una dieta (y no arrancarla y romperla todos los días como ahora) y a no faltar a las clases de baile que también arrancaré el próximo mes.
Y ya me comprometo públicamente, si mi cuerpo vuelve a ser lo que era hace cuatro años o queda mejor aún, el verano que vienen me encuentran danzando en los carnavales de Gualeguaychú con un cartel luminoso que diga: Chica del gimnasio, ¡vos también la tenés adentro!
lunes, 11 de enero de 2010
Yo te avisé...
¿Leyeron el post anterior, ése texto que resumía mi vuelta al deporte?
Si no lo hicieron, retrocedan un casillero... ¿Listo, ya está?
Muy bien, tengo dos cosas para contarles, una buena y una mala...
¿Cuál les doy primero?
Las dos juntas: en una semana de dieta, bajé dos kilos. Estoy saltando en una pata. De alegría, pensarán ustedes, nada de eso, porque justamente acá entra la mala noticia en acción: Me desgarré la pierna izquierda.
Así que no sólo no pude volver al gimnasio sino que además, sumé a mi vida el hielo, el reposo, los antiflamatorios y la rengera, que por cierto queda muy linda. Gracias gimnasio, gracias chica que lo atiende por no haberme escuchado cuando te pedí que no me exijas porque hace un año estoy parada y no me la iba a bancar. Y sobre todo, gracias por darme la razón, el deporte no es para mi. Los leo desde mi nueva morada: la cama.
Si no lo hicieron, retrocedan un casillero... ¿Listo, ya está?
Muy bien, tengo dos cosas para contarles, una buena y una mala...
¿Cuál les doy primero?
Las dos juntas: en una semana de dieta, bajé dos kilos. Estoy saltando en una pata. De alegría, pensarán ustedes, nada de eso, porque justamente acá entra la mala noticia en acción: Me desgarré la pierna izquierda.
Así que no sólo no pude volver al gimnasio sino que además, sumé a mi vida el hielo, el reposo, los antiflamatorios y la rengera, que por cierto queda muy linda. Gracias gimnasio, gracias chica que lo atiende por no haberme escuchado cuando te pedí que no me exijas porque hace un año estoy parada y no me la iba a bancar. Y sobre todo, gracias por darme la razón, el deporte no es para mi. Los leo desde mi nueva morada: la cama.
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Dieta YA
viernes, 8 de enero de 2010
¿Y tanto para ésto?
Estoy a un paso de consultar a un cirujano, salir a prostituirme hasta reunir el dinero necesario y pagarme una lipoaspiración. Por favor, que levante la mano el brillante cerebro que inventó los gimnasios así puedo dispararle. Una sola hora ahí adentro y recordé por qué juré alguna vez no volver a pisarlos.
Llegué entusiasma, traicionando mi promesa de no volver, pero acompañada por muchacho y con la alegría de lo ¿nuevo?. Me propuse esta vez no abandonar, al menos por obligación, ya que tanto molesté para que me acompañe, ahora no le puedo fallar.
Saludo, me anoto, pago el mes completo para obligarme a cumplirlo (igual ya mañana deja de importarme la cuota que pagué si quisiese abandonar, nada me detiene si de huir se trata), le explico que hace un año dejé mis clases de reggeaton y que nunca más hice nada. Que es muy probable que abandone si me tira en una colchoneta a hacer abdominales, que los odio, que fueron mi tortura durante la escuela secundaria y que sólo quiero hacer bicicleta, cinta y a lo sumo algo para la cola, nada más. "No pienso levantar una pesa, no quiero ser musculosa".
Me quedo tranquila, creo que entendió. Quiero suponer que un gimnasio no es como una peluquería, que si le decís "no quiero hacer abdominales" no se comportará como el peluquero al que le pedís que te corte un dedo del largo y te termina sacando cuatro, invitándote a no volver. O sea, quiero pensar que es más piola y quiere conservar a sus clientes. Pero me equivoqué...
Ah campeona mundial, ¿no entendiste lo que te dije no? Voy a abandonar, abdominales no por más que vos veas que tal vez los necesito. Quiero bajar de peso con trabajo aeróbico, no mortificando mi abdomen. Acto seguido, me encontraba insultando en voz baja y cumpliendo con la rutina.
Diez minutos después me encontraba trepada de un escalador...

Llegué entusiasma, traicionando mi promesa de no volver, pero acompañada por muchacho y con la alegría de lo ¿nuevo?. Me propuse esta vez no abandonar, al menos por obligación, ya que tanto molesté para que me acompañe, ahora no le puedo fallar.
Saludo, me anoto, pago el mes completo para obligarme a cumplirlo (igual ya mañana deja de importarme la cuota que pagué si quisiese abandonar, nada me detiene si de huir se trata), le explico que hace un año dejé mis clases de reggeaton y que nunca más hice nada. Que es muy probable que abandone si me tira en una colchoneta a hacer abdominales, que los odio, que fueron mi tortura durante la escuela secundaria y que sólo quiero hacer bicicleta, cinta y a lo sumo algo para la cola, nada más. "No pienso levantar una pesa, no quiero ser musculosa".
Me quedo tranquila, creo que entendió. Quiero suponer que un gimnasio no es como una peluquería, que si le decís "no quiero hacer abdominales" no se comportará como el peluquero al que le pedís que te corte un dedo del largo y te termina sacando cuatro, invitándote a no volver. O sea, quiero pensar que es más piola y quiere conservar a sus clientes. Pero me equivoqué...
Chica del gimnasio:
Dejá el bolso, sacate los anteojos y vení que te armo una rutina.
Capitana:
Ok
Chica del gimnasio:
Vení por acá... (y la veo venir con algo parecido a los tridentes del demonio: unas colchonetas). Acostate acá, hacé tres series de quince abdominales pero no de los largos hasta arriba, sino de los cortitos, sostenidos.
Dejá el bolso, sacate los anteojos y vení que te armo una rutina.
Capitana:
Ok
Chica del gimnasio:
Vení por acá... (y la veo venir con algo parecido a los tridentes del demonio: unas colchonetas). Acostate acá, hacé tres series de quince abdominales pero no de los largos hasta arriba, sino de los cortitos, sostenidos.
Ah campeona mundial, ¿no entendiste lo que te dije no? Voy a abandonar, abdominales no por más que vos veas que tal vez los necesito. Quiero bajar de peso con trabajo aeróbico, no mortificando mi abdomen. Acto seguido, me encontraba insultando en voz baja y cumpliendo con la rutina.
Diez minutos después me encontraba trepada de un escalador...

Chica del gimnasio:
Acá quemás seguro, dale unos quince minutos que no te cansa, estás en el nivel 1, re tranqui.
¿Re tranqui? A los dos minutos clavados, porque los vi en el teclado, me quería tirar de cabeza. Ahí mismo arranqué a pensar en todas ustedes, flacas inmundas que viven comentando: "Ay yo tengo que hacer dieta para engordar"; "No hay caso, me como tres platos de fideos al verdeo, dos litros de vino y un kilo de helado y no engordo". Sepan que por un rato les desee el mal absoluto.
Durante ése proceso no quise mirar el contador de calorías que iba quemando, lo cubrí para sorprenderme sobre el final, cuando bajará del escalador. Después de tanto esfuerzo, tendría mi recompensa. Mientras tanto miré a mi alrededor: lleno de minas con culos parados, enloquecidas sobre las cintas y las bicicletas, corriendo como locas, compitiendo entre ellas. Una me mira, con un poco de pena, sé lo que pensaba: "Jaja qué lenta que va la nueva, yo lo hago más rápido". Matate y de paso comprate una vida, no podés seguir viniendo al gimnasio cuando ya tenés ese lomazo...
Viene la chica del gimnasio a rescatarme, ya pasaron los quince minutos y me indica que llegó el turno de la cinta, unos veinte minutos a quemar grasa. Quiero y no quiero, pero lo hago, miro el contador de calorías:
15 minutos de escalador equivale a 100 calorías menos. O sea, casi dejo la vida arriba de ese aparato por:
¿No tengo que aclarar que una sola cosa de esta lista ya contiene 100 calorías no? Mejor me voy.
Durante ése proceso no quise mirar el contador de calorías que iba quemando, lo cubrí para sorprenderme sobre el final, cuando bajará del escalador. Después de tanto esfuerzo, tendría mi recompensa. Mientras tanto miré a mi alrededor: lleno de minas con culos parados, enloquecidas sobre las cintas y las bicicletas, corriendo como locas, compitiendo entre ellas. Una me mira, con un poco de pena, sé lo que pensaba: "Jaja qué lenta que va la nueva, yo lo hago más rápido". Matate y de paso comprate una vida, no podés seguir viniendo al gimnasio cuando ya tenés ese lomazo...
Viene la chica del gimnasio a rescatarme, ya pasaron los quince minutos y me indica que llegó el turno de la cinta, unos veinte minutos a quemar grasa. Quiero y no quiero, pero lo hago, miro el contador de calorías:
15 minutos de escalador equivale a 100 calorías menos. O sea, casi dejo la vida arriba de ese aparato por:
1 banana
2 manzanas
1 vaso mini de cerveza
1 cuadradito de carne
2 tomates
2 manzanas
1 vaso mini de cerveza
1 cuadradito de carne
2 tomates
¿No tengo que aclarar que una sola cosa de esta lista ya contiene 100 calorías no? Mejor me voy.
Capitana:
Chau, ya terminé por hoy. Me tengo que ir a trabajar. Mañana puede que pase un rato, sólo a hacer cinta.
Chica del gimnasio:
Quedate tranquila, cuesta adaptarse pero con el tiempo te vas a enganchar, vas a amar el gimnasio.
Capitana:
mmm no creo, lo odié siempre.
Chica del gimnasio:
Sii, vas a ver que sí.
Capitana:
Si seguro... (y me obligó a subirme veinte minutos a la cinta).
Chau, ya terminé por hoy. Me tengo que ir a trabajar. Mañana puede que pase un rato, sólo a hacer cinta.
Chica del gimnasio:
Quedate tranquila, cuesta adaptarse pero con el tiempo te vas a enganchar, vas a amar el gimnasio.
Capitana:
mmm no creo, lo odié siempre.
Chica del gimnasio:
Sii, vas a ver que sí.
Capitana:
Si seguro... (y me obligó a subirme veinte minutos a la cinta).
Ya no quiero ir más, pero prometí volver mañana y haré todo lo posible. Hoy tengo dos fiestas, ¿cómo se le dice que no a la comida de cumpleaños y al alcohol? Todo un desafío. A ustedes, flacas escuálidas que se encargan de enrostrarme que comen y no engordan, les deseo que engorden tanto tanto hasta que deseen que vuelva Cuestión de peso y las haga adelgazar en vivo. ¡He dicho!
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