miércoles, 15 de octubre de 2008

La palabra de la abuela Kico

Como la mayoría de ustedes sabe, el viernes me voy de viaje. Tengo un millón y medio de cosas pendientes por hacer pero son más las ganas de disfrutar con el muchacho en cuestión que las de hacer el bolso, pagar cuentas, resolver asuntos pendientes, ponerme a lavar ropa y despedirme de un par que me quieren ver porque tienen miedo (o esperanzas) de que no retorne.

Entre todo lo que tenía previsto hacer hoy, estaba ir a ver a mi abuela cámara digital en mano para sacarle una foto a su cara de sorpresa cuando le dijera que ahora sí tengo novio. Así que opté por llamarla por teléfono, algo le había anticipado ayer pero no le di mucho margen para opinar, así que recién se acaba de despachar con su discurso. Como pan recién horneado, les recreo la conversación:

Capitana:
¿Qué haces nena? Tengo una noticia para darte, tengo novio. Ya es oficial, con pregunta y todo como te gusta a vos. Ya podés hablar del tema aunque me gustaría a mi poder contarlo.

Abuela Kico:
¿Te pensás que soy una chusma?

Capitana:
Sí pero no importa. ¿Estás contenta tanto que rompías que me iba a quedar sola?

Abuela Kico:
Por supueeeesto, ahora que te dure, no lo vas a empezar a sargentear.

Capitana:
No abuela

Abuela Kico:
Porque siempre te metes con chicos buenos, calladitos y los terminás cansando. Vos hablás mucho Paola. (Es de la antigua teoría que la gente conversadora o que retruca cuando algo le molesta es mala y soberbia en cambio, los zorros que especulan en silencio son buenos. ¿Se entiende que soy del bando de los malos no?)

Capitana (sin ganas de la pelea de siempre):
Quedate tranquila que no le voy a hablar mucho.

Abuela Kico:
Bueno, espero así alguno te dura. Sino vas a cambiar de novio toda la vida.

Capitana (hinchada las guindas):
¿Estás contenta si o no con la noticia que te di? ¿Viste que al final me quería?

Abuela Kico:
Sí, gloria a Dios (en tono de alabanza). Sabía que no me iba a fallar. Todas las noches le pido. Ojalá sea un muchacho bueno, que no te engañe, que quiera formar una familia, que te quiera mucho y bla bla bla

No recuerdo demasiado qué más dijo pero fija que tiró la de los hijos (¡pobre!). Puse la mente en blanco como en cada visita y me disculpé que tenía que ir a comer a la casa de una amiga para poder colgarle. Ya no pretendo cambiarla ni explicarle demasiado que busque un bisnieto por otro lado porque acá no lo va a encontrar por años ni que no creo que me vea entrar a una Iglesia vestida de blanco, sé que me va a volver loca igual con la firme esperanza de que le haga caso.

Antes de cortar escuché una invitación a cenar para el muchacho en cuestión, así que a mi vuelta le tiraré la carne a ese león hambriento y que luego el pibe la remonte como pueda y responda con hombría sus preguntas. ¿Después de todo no se hacían así antes las cosas? No tenés que pedir la mano, tenés que bancarte a mi abuela Jajaja.



Novio te aclaro, vengo con combo compañero. Somos la abuela Kico y yo, tómanos o déjanos...

Adivinaron, la Capitana tiene novio!

Si me bancaron meses enteros de bajón, catarsis desesperadas, llanto y desilusiones, hoy también tienen que ser partícipes de una gran noticia que ni yo puedo creer.

Todo empezó hace quince años, como ya conté en este post. En esa época moría de amor por él pero la diferencia de edad se encargó de poner paños fríos y jamás imaginé que el destino nos daría otra chance. Por eso, cuando hace unos meses volvimos a cruzarnos, puse pocas fichas en un futuro juntos aunque el reencuentro haya sido un flash. Juro que me volvió a latir el corazón con fuerza apenas lo vi. Las cosas no eran fáciles, el tiempo y las ganas aclararían las cosas. Y afortunadamente, así fue.

No tenía en mis planes estar bien con alguien y mucho menos tener un novio. Las cosas no habían sido muy sencillas en los últimos años, aún así nunca dejé de confiar en que merecía lo que realmente buscaba y que en algún momento llegaría mi recompensa por tanta espera, por tanto llanto, por tanto dolor. Tuve que dar un paso al costado muy grande hace un tiempo cuando no me sentía realmente feliz y eso me dolió mucho, muchísimo… pero en el fondo sabía que ahí no iba a conseguir lo que necesitaba para mi vida. Y había que seguir.

Pasé por tantas experiencias dolorosas que hoy por hoy tengo clarísimo qué cosas espero en un hombre, qué deseo, qué sueño y qué quiero proyectar, pero al mismo tiempo me aterraba encontrarlo. ¿Y si vuelvo a sufrir? ¿Estaré lo suficientemente fuerte y con energías para volver a intentarlo? ¿Me bancaré otro golpe?

No tengo respuestas reveladoras a esas preguntas pero en su lugar tengo hechos concretos y no promesas, motivo más que suficiente para ver qué pasa. Tengo parado a mi lado a un gran hombre que con pequeños actos me hace feliz todos los días y me demuestran que no estaba equivocada con mi búsqueda. Un tipo que no se asusta si le digo todo lo que lo quiero y que no se cansa de decirme que soy hermosa. Que me manda mensajes todas las mañanas, me llama para saber cómo estoy, me llena de besos y de palabras tiernas, arma planes compartidos para cada bache que le surge, me acaricia mientras miramos televisión, me cuida, me abraza fuerte cuando se lo pido y me hace doler el estómago de la risa. Me gusta que compartamos gustos similares, que nos emocionen pequeñas cosas, que seamos tan musicales y a todo le pongamos banda de sonido. Simplemente me encanta que me haga sonreír...

Entonces, ¿cómo le voy a decir que no ante tamaña pregunta?
¿Cómo no enamorarse de un tipo así? Debería estar prohibido no intentarlo!

Así las cosas, me hago cargo aunque el rótulo aún me suene raro. Sí, ¡¡tengo novio!! y para los que realmente les interese, estoy muy feliz. Con carita de boluda todo el día se podría decir más precisamente. Sorprendida, esperanzada, con energía y satisfecha por mi lucha. Si tuve que pasar lo que pasé para aprender a valorar estas pequeñas cosas, valió la pena.

Sabía que en algún lado estaba, nunca imaginé que tan cerca.

Muchacho en cuestión, te quiero un montón...




(Lo que viene en Capitana del espacio... la reacción de mi abuela Kico ante la noticia)

lunes, 13 de octubre de 2008

Elige tu propia respuesta...


Muchacho en cuestión:

¿Querés ser mi novia?

Capitana:
¿Lo puedo pensar?

Muchacho en cuestión:
¡Dale!



Adivinen qué le contesté cinco segundos después...

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Cómo que no es tu novio?

No es lo que se imaginan. Aún no me puse de novia, pero al parecer para muchas personas es importante rotular las relaciones y no pueden incorporar un vínculo sin título.

- Si salís con un tipo un mes y hablás todos los días por teléfono, no es un chongo, es tu novio.
- Si tenés un novio durante años y no convivieron, fue un noviecito sin importancia.
- Si vivís con un tipo pero no te casaste no es tu marido ni tu pareja, sos tan sólo su novia.

NO a esas afirmaciones.

Se preguntarán qué me pasó que troné de este modo y les voy a explicar mis razones. Hoy fui a la casa de mi abuela, de quién ya hablé en profundidad en este post. Muy bien, para los vagos que no quieren leer, les contaré que es un ser muy especial, que todas las noches reza para que milagrosamente un novio me caiga del cielo y por poco me pincha los forros para ver un bisnieto antes de su planeada muerte (lo siento abuela, además tomo anticonceptivos, leru leru).

En mi visita de hoy le amplié un poco más sobre mi relación con el muchacho en cuestión. Quiero que esté contenta y no piense que soy un fracaso como mujer, así que le conté que estoy muy feliz, que me siento contenida, que nos vemos cada vez que podemos y que hablamos muchas veces por día. Una abuela normal se quedaría con eso pero la mía no... pone primera y siempre se manda una de más. Pasen y lean:

Abuela Kico:
Qué suerte Paolina que hayas encontrado a un chico así. Parece que Dios me escuchó ¿no?

Capitana:
(aclaro, no soy creyente y lo sabe perfectamente)

Sí abuela, debe ser eso.

Abuela Kico:
Bueno pero si es tu novio lo quiero conocer, decile que venga a cenar ahora.

Capitana:
No es mi novio

Abuela Kico:
¿Quéeee, cómo que no es tu novio?

Capitana:
No tenemos un nombre abuela, pero si te interesa saber me hace sentir muy feliz...
Somos cuasi novios, ¿te gusta así?

Abuela Kico:
¡Qué rara que sos Paola!... Por qué no haces como Gabi (mi amiga Pelu), que conoció a un muchacho, al poco tiempo vive con él y se la ve tan contenta. Es taaaan buen chico (aclaro, casi ni lo conoce y no sé si llegó a hablar con él)

Capitana:
.........

Abuela Kico:
No sé cómo podés vivir así, todo por la mitad y ya te digo que si ese chico no es tu novio es porque no te debe querer mucho.

Capitana:
Si, debe ser eso.

Y cambié de tema... Creo que hablé del programa de Rial y cambió la onda.

No crean que esto es una apretada para muchacho en cuestión porque ya le conté de la charla con mi abuela y se mató de risa. Quise subir éste diálogo porque me quedé reflexionando sobre este fenómeno de ponerle nombre a las cosas y mucho de eso tiene que ver con el entorno, con el qué dirán....

Durante seis años estuve de novia y esperé que quiera vivir conmigo y me proponga ser su esposa. Nada de eso sucedió y para los ojos del resto, fue sólo un noviecito porque no se avanzó ni un paso... y esa frustación me la transmitieron a mi (vaya que sí)... ¿y en definitiva, ellos qué saben cómo fue de intenso nuestro vínculo, o acaso tiene menos importancia nuestro amor porque nunca me regaló el anillo que yo tanto le pedía? Me niego a pensar así!

Ahora estoy con alguien en una relación increíble. Distinta al resto. Por primera vez en mi vida intento no hacer reclamos fuera de lugar ni escenas de celos, me muestro tal cual soy y aplico la comprensión ante los momentos de duda (che, me desconozco). Siento que del otro lado pasa lo mismo y nos sobra voluntad para hacer que esto realmente funcione... Entonces si seguimos la lógica de mi abuela y compañía, ¿nada de esto es válido porque nuestra relación no tiene un nombre? Otra vez me niego a creerlo...

No me considero muy modernosa ni abierta a las relaciones raras, soy más bien convencional para estas cosas pero ahora me siento desorientada. ¿Ustedes qué opinan?



Aprovecho para agradecer... Desde que puse el contador, hace casi dos meses, llegamos a las 10 mil visitas!! GRACIAS infinitas a todos los que me visitan a diario, me hace muy feliz saber que están ahí para bancarse mis alegrías y sobre todo, mis bajones!!

martes, 7 de octubre de 2008

La importancia de pedir disculpas

En un comentario del post anterior, Pablo me pregunta si alguna vez le pedí perdón a novio uno por todas las “travesuras” que hice durante nuestros cinco años juntos. Por mucho tiempo, creí que no era necesario. Justificaba mis actos afirmando: “era una pendeja (salimos desde los 14 a los 19), era el momento para joder, ¿sino cuándo?” y no escuchaba a aquellos que me decían, “no podés ser tan mala y ni siquiera sentir culpa, a él le duele. Todo vuelve en esta vida”… ¡Qué boludez!…


Diciembre de 2007

Pasaron ocho años desde que lo abandoné para seguir de joda sin importarme las veces que me suplicó una reconciliación, una nueva oportunidad, una chance más. Fui ajena a sus lágrimas, a su orgullo dañado, a las miles de cartas que me escribió, a los años que lo siguió intentando. Pero algo cambió.


Yo estaba pasando un muy mal momento por la misma razón de siempre, mi maldita obsesión por convertir a mi ex novio en el hombre que necesitaba. Lloraba, insistía y le buscaba la vuelta, pero él ya estaba en otra. Mi autoestima se derrumbaba y empecé terapia. A medida que fueron corriendo las sesiones, descubrí dentro de mi dolor que en el repaso de mis antiguos amores algo me hacía ruido.


Viernes a la noche. Asado en la casa de uno de mis amigos. Alcohol en sangre: muchísimo. Novio uno (que ya tiene dos hijos y vive en pareja) no sale nunca pero ese día se acercó a probar el matambrito de cerdo. Se casa en una semana con la novia que consiguió al tiempo de cortar conmigo. Algo me inquieta, aún no sé qué es. Pueden ser celos de gataflora, pero no creo, no me mueve un pelo hace años.


Más alcohol. Partimos para un bar, le pido que me acompañe a un kiosco y me insiste en que nos sentemos a charlar los dos solos. Hace años que no hablamos tranquilos. Nos tiramos en la vereda. Los primeros minutos fueron de silencio absoluto, no sé de qué me quiere hablar pero le doy espacio para que arranque. Pasan diez minutos, demasiado silencio para mi gusto, mejor rompo el hielo.


Yo también quería hablarte hace mucho pero no sabía bien que tenía para decirte y creo que ahora lo sé. Quiero pedirte disculpas, ahora entiendo tus lágrimas que millones de veces minimicé, tu angustia y tu insistencia, que por momentos me pareció odiosa. Fui mala, sos la persona que más me amó en toda mi vida y te lo pagué de la peor manera”…. Me interrumpe poniéndome la mano en la boca, moviendo la cabeza, negando mis frases:


“Me caso en una semana, lo sabés. Pero lo que no tenés idea es que muchas noches sueño con vos, aún durmiendo con mi mujer. Imagino cómo hubiera sido la vida juntos, cómo nos estaríamos riendo todo el día y sobre todo pienso qué buena madre serías si mis hijos fueran tus hijos, hubiéramos sido una linda familia. Si me hubiera quedado resentimiento no me pasaría nada de esto”.


Piedrazo a la cabeza directo. Llanto de los dos, por primera vez me quedé muda, no sabía qué decir. Repasé mi vida mentalmente en un segundo, estimo que fue un reflejo similar a los últimos instantes antes de un accidente o de la muerte misma. Miles de imágenes. Me vi parada al lado de un tipo que siempre hizo todo para hacerme feliz y no supe valorarlo. El destino lo había recompensado y a mi me sacaba todo a diario.


Siento que aún te… Nada, dejá. (Insisto para que siga). Qué te quise mucho, que sos el amor de mi vida y a nadie amé tanto. Qué si me dieras una señal no me…. Nada, dejá” y se descompuso, le bajó la presión. Lo llevé como pude al bar donde estaban los chicos y de ahí, directo a su casa.


Me quedé pensando en la mejor forma de pagarle por su aguante y su cariño incondicional y decidí no molestarlo. Ni siquiera fui a saludarlo al civil. Y me sentí mejor, era eso lo que necesitaba, pedir disculpas, cerrar el círculo, liberarlo a él y sacarme la mochila de la culpa de una buena vez. Aunque hayan pasado tantos años, valió la pena. Y a la semana el psicólogo me dió el alta.


¿Y ustedes, sienten que aún le tienen que pedir perdón a alguien o ya pudieron hacerlo?

Les juro que es un acto liberador, inténtenlo en sus casas.

domingo, 5 de octubre de 2008

La primera vez

Tarde para casi todo. Tuve mi primera relación sexual un mes antes de cumplir los 19. Para algunos, chica… para la gran mayoría, una grandota pelotuda. Sobre todo si tenemos en cuenta que fui la última de mi grupo de amigas y que fue con mi novio de toda la adolescencia (con miles de intermitencias y noviecitos en el medio, salimos algo así como cinco años).


Mi forma de ser, bastante histérica y charlatana (sí, de esas que se denominan pura espuma) no tenía demasiada relación con mi condición de virgen. Cuando conocíamos un nuevo grupo de chicos y salía el tema, después de arengar a todo tipo de fiestas locas y de revolear el culo de un lado al otro, venía el momento de sincerarme: "nunca estuve con nadie”. Nadie me creía. La tenía tan clara en teoría y me hacía tanto la pilla que parecía una experimentada en el asunto pero lo cierto es que si un chico al que me chapaba me tocaba de más, le estampaba un bife y quizás hasta me ponía a llorar… ¡una tarada!


Novio uno, la persona más paciente que conocí en mi vida, se la bancó como un duque. Invirtió años en esta relación (claramente, él me quería mucho más que yo a él), cumplió los consejos de su padre (un experimentado latin lover), se bancó las cargadas de nuestros amigos y compañeros de la escuela y sobre todo, aguantó estoico los dolores de bolas que ésta histérica le provocaba. Pero la espera tuvo su recompensa, a medias pero la tuvo.


San Bernardo 1999. Primeras vacaciones con mis amigas, descontrol absoluto que se escondía debajo de la alfombra cuando alguno de nuestros chicos nos venía a visitar. Novio uno veraneaba con los pibes en Santa Teresita y pasaba a marcar tarjeta seguido. Demasiado para mi gusto, ya había fichado a uno de los chicos del piso de arriba, qué oh casualidad, eran seis como nosotras (al segundo día, tácitamente, se armaron las parejitas que luego se concretarían).


Yo tenía pánico de quedarme a solas con novio uno porque ya estaba medianamente hablado que a su espera no le quedaba mucho margen. Rápido de reflejos, me invitó a pasar un finde con él a su casa. Me vino a buscar, me armó la mochila y me llevó de un brazo a tomar el colectivo Plaza. Los chicos eran mis compañeros de la escuela y varios de ellos, mis actuales amigos así que lo pasé increíble. A la madrugada, ellos salieron y no me dejaron acompañarlos, descubrí el truco, tenía los minutos contados.


Vinieron los besos, la arrastrada a la habitación, el chamuyo para convencerme y cuando empezó todo se escuchan ruidos en el patio. Llovía a cántaros, él le echaba la culpa al perro e insistía en seguir, pero algo pasaba. Abre la puerta y eran los chicos que por el clima no podían dar muchas vueltas más… y yo en bolas en el cuarto. No sé cómo me cambié en un segundo, salí con los ojos llenos de lágrimas y me senté como una lady en el comedor bajo la mirada indagadora de esos desgraciados.


Lloré toda la noche, no tenía consuelo. Había soñado con ese momento por años pero me lo imaginaba de otro modo. Con una cena, velitas, masajes, buena música y mucho tiempo para relajarme. Nada de eso se cumplió (y ahora que lo pienso, jamás lo tuve) y en su lugar fue todo apuro, nervios mal manejados y pésima elección del escenario. Al otro día, me volví sola a San Bernardo, no lo hablé con ninguna de mis amigas y me lo guardé por unas semanas. Esa misma noche me di unos besos con el vecinito de arriba que me gustaba.


Por supuesto que a la vuelta a Buenos Aires, novio uno quiso reivindicarse. Esta vez fue en su casa y entró la madre… suerte que llegó a taparme con una frazada y Marta no me vio, o se hizo la boluda. Fue la última chance que tuvo, a la semana le di salida. Y al tiempo tuvo que bancarse en los cumpleaños y reuniones mis relatos de telo con novio dos. Pobre, le estallaba la vena.


Aún nos vemos y nos queremos mucho, fuimos grandes compañeros y yo por suerte, cambié muchísimo. No sólo en el manejo de los tiempos sino también en mis actos, era la novia más mala del mundo y lo peor de todo, es que no sentía culpa. Pésimo recuerdo de mi primera vez aunque me alegra que haya sido con él, no sé si algún hombre me quiso más.


¿Ustedes aún recuerdan su primera vez, dónde y cómo fue?


Espero que se animen y la cuenten…

jueves, 2 de octubre de 2008

Una humilde declaración de amor...

Este post es para los que me preguntaron cómo van mis cosas en el ámbito sentimental. Les cuento. Ayer hablaba por msn con el muchacho en cuestión (o retro-toy; cuasi novio; el hombre; el ex kiosquero, el profe o como lo quieran llamar) y se dio una conversación muy particular. De esas que no se deberían tener por chat pero que quizás se dan por eso mismo... porque aún nos causa pudor hablarlo personalmente. O porque ninguno de los dos quiere quedar expuesto.


Muchacho en cuestión:
Estuve leyendo tu blog, me encantó el último post (por "Qué vuelva el romance"). Muchas de esas cosas que querés para tu vida, ya las tenemos juntos, ¿te diste cuenta?.

Capitana:
Sí, es increíblemente cierto. Me pone feliz.

Muchacho en cuestión:
Me gustaron los comentarios y tus respuestas, hay un par en las que hablás de nosotros... y eso que pusiste, que no tenes quien te ame...

Capitana:

........

Muchacho en cuestión:
Por ahora vamos por la etapa del te quiero... pero sabés que no es un te quiero común.... es un te quiero súper.

Capitana:
¡¡A mi me pasa lo mismo!!

Muchacho en cuestión:
Decir te amo es muy heavy

Capitana (en versión fóbica):
Ufffff

Muchacho en cuestión:
Creo que puedo llegar a amarte sin decírtelo.

Capitana (como buena gataflora):
¿Y qué, no me lo dirías nunca si te llegara a pasar?

Muchacho en cuestión:
Nunca es mucho tiempo... Te dejo... Un beso.

Y se desconectó... Así nomás después de esa bomba se fue. En fin, a partir de esta charla, muchas sensaciones. Ya saben a esta altura que para mi, todo es motivo de (auto) análisis. Así que me quedé pensando (aunque intento apagar la cabeza... imposible, no mujeres?) y me surgieron algunos interrogantes.

¿Se dará cuenta el gran salto que significa para mi todo esto?; ¿Sabrá que es lo primero en lo que pienso todas las mañanas, aún cuando me atormentan sueños cargados de angustia?; ¿Le demostraré a diario mi sentimiento, o mis temores y fantasmas logran imponerse y convertirme en una barrera de hielo?; ¿Imaginará mi felicidad cuando me llega un mensaje suyo y simplemente dice un "tengo muchas ganas de verte"?; ¿Verá que me aferro a las cosas que nos unen y no a aquellas que nos separan, aunque me duelan muchísimo?; ¿Sospechará que voy por la calle con carita de tonta cuando me llama?

Este es mi presente, impensado hace unos meses atrás y por demás alentador. El sentimiento va creciendo y por lo visto, en paralelo, que es lo que me deja más tranquila y me da seguridad. Da terror volver a apostar después de un gran golpazo pero estoy convencida que la situación lo amerita... no me queda otra que relajarme y disfrutar, algún día me toca bajar la guardia y dejarme querer como lo merezco.



Para musicalizar el momento, un hermoso tema de la banda uruguaya No te va gustar que siempre me emociona.... Y sí amigos, soy cursi y me la banco!